Ewa Pajor y los días tristes que marcaron el camino para acabar con su maldición en la Champions

La polaca fue la MVP de la final ganada por el Barça al Lyon tras cinco intentos fallidos en el pasado

La historia del fútbol también se escribe con cicatrices. Y pocas jugadoras en Europa acumulaban tantas como Ewa Pajor. Hasta Oslo. Hasta esta final. Hasta el día en que el destino, por fin, dejó de esquivarla. El FC Barcelona conquistó su cuarta Champions League femenina con una exhibición incontestable ante el Olympique de Lyon (4-0), pero el partido quedará en la memoria como la consagración definitiva de la delantera polaca. Dos goles, una asistencia, una actuación total y el peso de toda una carrera liberada en noventa minutos inolvidables.

“Estoy muy agradecida. Es increíble; el mejor día de mi vida. He jugado seis finales y, por fin, en Oslo lo hemos conseguido. Estoy muy orgullosa y muy agradecida. De principio a fin fue un partido difícil, pero lo hicimos muy, muy bien. Luchamos por la victoria y eso es lo que hace este equipo cada día: luchar por ser el mejor equipo del mundo“, indicó en rueda de prensa Ewa Pajor, MVP de la final. Un premio con el que se une a un selecto grupo en el Barça de estrellas en las finales ganadas: Aitana Bonmatí (2021 y 2024) y Patri Guijarro (2023).

La polaca fue la gran estrella de la tarde en Oslo y evidenció su emoción nada más terminar el encuentro. Casi no tenía palabras. Era también su final. Porque nadie mejor que ella sabía lo que era verse en el lado triste de la historia una y otra vez. Hasta en cinco ocasiones. Esta era su sexta. Y fue la vencida.

El orgullo de Pere Romeu: “Es fundamental para nuestro fútbol“

“Estoy especialmente feliz y orgulloso por Pajor. Es una jugadora fundamental para nosotros: representa el esfuerzo, el juego colectivo y el pensar siempre en el equipo antes que en ella misma. Estoy seguro de que, si pudiera regalar goles antes que marcarlos, lo haría. Es fundamental para nuestro fútbol”, apuntó Pere Romeu en rueda de prensa.

Para entender sus palabras, hay que rebobinar en el partido y en las dos temporadas en las que la polaca ha sido más que gol en el Barça. Durante más de una hora, la final fue un ejercicio de resistencia. El Lyon puso en aprietos al Barça e incluso dio el susto con un gol anulado por el VAR por fuera de juego.

El cuadro culé resistió, con una Cata Coll que se hizo grande bajo palos. Y el fútbol dio su momento a Ewa Pajor. En el minuto 55, Pajor apareció donde siempre aparecen las grandes delanteras. Dentro del área, en el instante exacto. Control, definición y 1-0. Catorce minutos después, volvió a golpear. Segundo tanto, misma sentencia. El partido había cambiado de dueño.

La UEFA aplaude a Pajor: “Fue una amenaza constante“

El Lyon, gigante histórico de la competición con ocho títulos, se desmoronó. Y el Barça, liberado, desató la tormenta con el doblete final de Salma Paralluelo. Uno de sus goles a pase de Ewa Pajor, a la que no hubo dudas de elegir como la mejor del partido. “Tuvo un gran impacto. El primer toque y el remate de su primer gol fueron de la máxima calidad, mientras que participó activamente en la jugada previa a su segundo tanto, colocándose en una posición ideal para marcar. Se mostró peligrosa en el juego posicional y fue una amenaza constante, además de dar una asistencia en el cuarto gol”, indicaron desde el Grupo de Observadores Técnicos de la UEFA.

Su premio y distinción en esta final esconde mucho más para Ewa Pajor. La delantera del Barça llegó a esta final con ganas de revancha consigo misma. Con el fútbol. Y lo consiguió tras un camino en el que tuvo que aprender a perder. En la Champions, había recogido la medalla de plata en una final hasta en cinco ocasiones, cuatro con el Wolfsburgo y una con el Barça.

Los días tristes para dibujar a la gran campeona

“Siempre me ponía triste y me preguntaba por qué perdía una y otra vez. Pero cada partido, no solo la final, me ha enseñado mucho. Es duro, pero al día siguiente hay que levantarse y pensar en cómo puedo ser mejor jugadora. Esto me ha enseñado mucho sobre cómo ser persona y futbolista”, confesó Ewa Pajor en una entrevista con El País. La de Pegów sufrió, y mucho, tras caer en Lisboa con el equipo azulgrana, que fue su verdugo con el Wolfsburgo en Eindhoven.

Aquella noche en Portugal fue un mazazo. El Barça llegaba como favorito y se marchó sin el título. Pajor, que había cambiado Alemania por Barcelona en busca precisamente de esa Champions, veía cómo la historia se repetía. Y volvió a intentarlo sin descanso. Hasta su liberación. En Oslo, Pajor no solo marcó dos goles. Se sacudió años de frustración.

Su actuación fue la de una ‘9’ total: movilidad constante, lectura de espacios, agresividad en el área y una eficacia quirúrgica cuando el partido lo exigía. Fue elegida mejor jugadora de la final y cerró el torneo como máxima goleadora con once goles, dos más que Alessia Russo, del Arsenal. La polaca protagoniza así su propio capítulo en la historia del Barça con un partidazo en esta final.

Aunque no fue solo fútbol. Porque su doblete abrió la final y rompió una maldición personal que la acompañaba desde hacía casi una década. Una mochila invisible que, como tantas veces en el deporte, pesa más que cualquier rival. La victoria también tiene un contexto colectivo. Este Barcelona ha convertido la Champions en su territorio habitual: seis finales en los últimos años, cuatro títulos y una sensación de dominio que ya no admite discusión. Pero esta Champions tenía algo distinto. Venía marcada por la herida reciente de Lisboa. Por la derrota ante el Arsenal cuando todo parecía preparado para otra coronación. Por la necesidad de responder.

Y el equipo respondió con autoridad. No solo ganó. Terminó arrollando al rival más laureado de la historia de la competición con un incontestable 4-0. Una victoria que dejó a Ewa Pajor como heroína. Un triunfo que pone fin a su propio calvario con la Champions. Oslo fue su final perfecta. Y la de todas sus compañeras. El Barça fue campeón y demostró que ya no carga con fantasmas.

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