El balón está listo para volver a rodar, pero todavía falta por resolver una cuestión esencial: cómo llegará la Liga F Moeve a los aficionados esta temporada. Con el inicio del campeonato cada vez más cerca, la competición encara la última fase del proceso para adjudicar sus derechos audiovisuales. La primera ronda no alcanzó las cantidades mínimas fijadas para los principales paquetes y obligó a recurrir a una segunda puja, cuyo plazo termina este 19 de agosto a las 12:00 horas. Después llegará el turno de analizar las propuestas y avanzar hacia una adjudicación provisional.
La incógnita no afecta únicamente a las cuentas de los clubes. Tener dónde ver los partidos es parte del propio producto. Una competición necesita un canal reconocible para generar audiencia, fidelizar seguidores y ganar visibilidad. Y, a menos de dos semanas del comienzo, ese canal todavía está por definir.
El mercado pone límites
La primera fase de la venta parte de unas condiciones económicas concretas. El paquete principal para España establece cinco millones de euros por temporada e incluye los ocho partidos de cada jornada para su explotación en exclusiva y en modalidad de pago. El segundo bloque contempla cuatro encuentros por jornada en abierto y fija un mínimo de dos millones.
Las propuestas recibidas no llegan a esas cifras. Ante este escenario, la competición abre una nueva fase para intentar encontrar un acuerdo que permita cerrar la comercialización.
La cuestión va más allá de poner nombre al futuro operador. El resultado de la puja deja sobre la mesa una diferencia relevante: la valoración económica que hace Liga F Moeve de sus derechos no coincide, al menos en la primera ronda, con la cantidad que el mercado está dispuesto a desembolsar.
La incertidumbre tiene además una consecuencia directa para los clubes. Con una nueva temporada a punto de comenzar, necesitan conocer cuánto pueden ingresar por este concepto para terminar de ajustar sus presupuestos y planificar el curso.

Un precedente que preocupa
La situación actual no aparece por primera vez en el camino de la competición profesional. En 2022, apenas iniciado el nuevo modelo del fútbol femenino español, los derechos audiovisuales también necesitaron una segunda oportunidad. La primera ronda no alcanza entonces el mínimo establecido para el paquete nacional más importante, valorado en 6,5 millones de euros por temporada.
El proceso continúa con una nueva fase y acaba encontrando comprador. El 5 de septiembre de 2022, DAZN se hace con la explotación exclusiva de los derechos durante cinco temporadas a cambio de 35 millones de euros.
El contexto de 2026, sin embargo, es diferente. La Liga F Moeve ya acumula cuatro años de experiencia como competición profesional, ha desarrollado un modelo audiovisual y ha pasado varias temporadas bajo el foco de operadores y plataformas.
Que tenga que regresar ahora al mismo punto que en sus primeros meses de profesionalización añade una lectura especialmente relevante al problema. La competición ya no está construyendo su mercado desde cero: está intentando averiguar por qué, después de varios años, vuelve a tener dificultades para encontrar quién quiera comprarlo.
El adiós de DAZN
La búsqueda de un nuevo operador tiene un punto de partida claro: la salida anticipada de DAZN. La plataforma había firmado en 2022 un acuerdo para hacerse cargo de los derechos hasta 2027, pero la relación termina antes de lo previsto. Con ese espacio libre, la Liga F Moeve se ve obligada a regresar al mercado y plantear cómo quiere distribuir sus partidos a partir de esta temporada.
El último curso ya había introducido cambios en ese modelo. A partir de febrero, RTVE comenzó a emitir encuentros, mientras distintas televisiones autonómicas se sumaron también a la difusión. La estrategia buscaba ampliar el alcance de la competición y acercarla a espectadores que no disponían de una suscripción a una plataforma de pago.
Ahora toca decidir qué camino seguir. La Liga F Moeve tiene que encontrar un equilibrio entre la necesidad de generar ingresos y la obligación de mantener una competición accesible y visible para el público. La nueva adjudicación será la primera pieza de ese modelo.

Una jornada decisiva
El 19 de agosto marca un punto de inflexión para la competición. Una vez cerrado el plazo de presentación de ofertas, Liga F Moeve tendrá sobre la mesa las propuestas con las que deberá decidir cómo se distribuirán sus encuentros durante la temporada. El resultado permitirá comprobar qué interés despierta actualmente el campeonato entre los operadores y qué valor económico atribuyen a sus derechos.
Pero la cifra final será solo una parte de la historia. La cuestión de fondo es si la competición está consiguiendo convertir la calidad de sus equipos y de sus futbolistas en un producto capaz de atraer y mantener espectadores.
Sobre el césped, España cuenta con argumentos de sobra: clubes que compiten por Europa, jugadoras internacionales y una generación que ha situado al país en la élite mundial. El reto está en conseguir que todo ese atractivo tenga una traducción fuera del terreno de juego.
Por eso, la resolución de esta segunda ronda tendrá consecuencias que van más allá de saber qué plataforma emitirá cada partido. De ella dependerá buena parte de la visibilidad que tendrá la Liga F Moeve durante la temporada y, con ella, la capacidad de acercarse a nuevos aficionados, reforzar a sus clubes y consolidar su modelo profesional.

