Hay nombres que forman parte de la memoria del fútbol. Luka Modrić, Raúl González, Roberto Carlos, César Azpilicueta… Durante años, bastaba con mencionarlos para saber quiénes eran y qué habían hecho sobre un campo. Ahora, esos mismos nombres empiezan a aparecer ligados a una nueva generación: la de sus hijas.
Ema, María, Manuela y Martina han elegido el mismo deporte que sus padres, aunque cada una está empezando a construir su propia historia. Son jóvenes, sus carreras apenas comienzan y todavía queda mucho por descubrir. Pero ya tienen algo en común: llevan en casa un apellido que, para muchos aficionados, pertenece a la historia del fútbol.
El regreso de una Modrić
Ema Modrić regresa a Madrid para iniciar una nueva etapa en el lugar donde su padre se convirtió en leyenda. La hija de Luka Modrić se incorpora a la cantera femenina del Real Madrid, donde jugará en categoría cadete después de haber pasado por el Madrid CFF y por las categorías inferiores del Milan.
Nacida en Madrid, Ema ha crecido ligada al fútbol de élite mientras veía a su padre convertirse en una de las grandes figuras de la historia reciente del club blanco. Ahora es ella quien empieza a recorrer los campos de Valdebebas, aunque su historia apenas está dando sus primeros pasos.
Su llegada al Real Madrid tiene un componente especial por el escenario, pero también por el apellido que lleva. Ema Modrić salta al campo con una historia que le precede y un nombre que inevitablemente despierta recuerdos.

María, la heredera del gol
María González lleva varios años siguiendo los pasos de su padre dentro de la cantera del Real Madrid. La hija de Raúl se incorporó a La Fábrica en 2022 y, desde entonces, ha ido creciendo dentro de la estructura blanca hasta alcanzar el Juvenil.
El gol también forma parte de su carta de presentación. La pasada temporada cerró el curso con 47 tantos y asumió además la capitanía, dos datos que reflejan el protagonismo que ha ido adquiriendo dentro de su equipo.
Para María, Valdebebas no es un lugar cualquiera. Es el mismo escenario en el que su padre empezó a forjar una carrera que acabaría convirtiéndolo en uno de los grandes nombres del Real Madrid. Ahora, varias décadas después, otra González recorre esos mismos campos con una historia diferente por delante.

La nueva Da Silva de Valdebebas
El apellido de Roberto Carlos vuelve a estar presente en Valdebebas, aunque esta vez desde la cantera femenina. Manuela da Silva, hija del mítico exfutbolista brasileño, forma parte de las categorías inferiores del Real Madrid después de haber pasado por el Madrid CFF.
Su padre dejó una huella imborrable como lateral izquierdo y fue uno de los grandes protagonistas de una de las épocas más recordadas del conjunto blanco. Manuela, en cambio, ha escogido un camino diferente sobre el césped. Su posición es la de atacante, lejos del puesto desde el que Roberto Carlos construyó buena parte de su carrera.
Su historia también refleja cuánto ha cambiado el fútbol desde los años en los que su padre vestía de corto. Roberto Carlos vivió una época marcada por los grandes nombres del fútbol masculino y Manuela crece en una cantera femenina cada vez más consolidada y con un espacio propio dentro del club.
El reto ahora es conseguir que, con el tiempo, cuando alguien escuche hablar de Manuela da Silva, piense primero en la futbolista y después en su padre.

Martina, la heredera del capitán
El apellido Azpilicueta también ha encontrado su sitio en el fútbol femenino. Martina Azpilicueta, hija de César, forma parte de las categorías inferiores del Sevilla FC, donde empieza a dar sus primeros pasos lejos de los grandes escenarios en los que creció su padre.
César Azpilicueta construyó una extensa carrera entre España e Inglaterra, especialmente ligada al Chelsea, antes de convertirse también en uno de los referentes de la selección española. Durante años, su nombre estuvo asociado al liderazgo, la defensa y el brazalete de capitán.
Martina ha elegido otra posición sobre el césped y afronta ahora su propio proceso de formación. El apellido inevitablemente llama la atención, pero el objetivo es que sus actuaciones empiecen a hablar por ella.
Para César también ha cambiado la manera de vivir el fútbol. Después de tantos años compitiendo desde dentro, ahora le toca ocupar un lugar diferente: el de padre que observa desde la grada cómo su hija juega y empieza a construir su propia carrera.

Ellas escriben el siguiente capítulo
Ema, María, Manuela y Martina comparten algo que no aparece en ninguna estadística: nacieron con un apellido que ya tenía historia antes de que ellas empezaran a jugar. La diferencia es que ahora les toca añadir la suya.
Sus padres alcanzaron escenarios que forman parte de la memoria del fútbol. Ellas lo hacen en un contexto distinto, con un fútbol femenino que ha ganado espacio, visibilidad y oportunidades. No tienen por qué seguir el mismo recorrido ni ocupar los mismos puestos. Tampoco necesitan alcanzar los mismos títulos para que su carrera tenga valor.
Heredar un apellido es cuestión de familia. Convertirlo en una historia propia es cuestión de fútbol.

