World Football Summit

Marian Otamendi: “Estamos totalmente ausentes. Las mujeres no mandamos”

La CEO de World Football Summit denuncia la extrema masculinización de los despachos deportivos, donde la mujer apenas representa el 1,5% en las federaciones españolas

La figura de la mujer en los puestos directivos del deporte sigue siendo una asignatura pendiente, una realidad que Marian Otamendi, cofundadora y consejera delegada de World Football Summit (WFS), ha querido denunciar abiertamente. Durante la apertura de la décima edición de este foro internacional celebrado en La Nave de Madrid, donde estuvo acompañada por el presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), José Manuel Rodríguez Uribes, Otamendi reclamó un cambio estructural en los despachos. La directiva considera que la industria del fútbol se encuentra fuertemente masculinizada, lo que deriva en organizaciones que desarrollan ciertas perversiones y una notable falta de flexibilidad en la toma de decisiones. En este sentido, subrayó que en un entorno deportivo donde hay “tanto ego masculino, tanta sangre y tanta lucha”, una mayor presencia de mujeres directivas aportaría “un espíritu mucho más colaborativo y una empatía” de la que el fútbol y su gestión se beneficiarían respectivamente.

Para Otamendi, la mujer y la discapacidad son las dos grandes ausentes en el fútbol. Las cifras actuales respaldan esta carencia de representatividad, creando imágenes institucionales de juntas directivas poco inspiradoras para las nuevas generaciones, al estar dominadas mayoritariamente por hombres. En la Primera División española, de los veinte clubes existentes, diez de ellos no tienen a ninguna mujer en su junta directiva y tan solo Marián Mouriño ocupa la presidencia en el Celta de Vigo. El panorama en las federaciones deportivas nacionales no es más alentador, ya que tras la marcha de dirigentes como Asunción Loriente en la Federación Española de Remo, la representación femenina en la presidencia ha caído a un desolador 1,5 por ciento, siendo Elisa Aguilar, en la Federación de Baloncesto, la única mujer al mando de entre las 66 entidades.

A pesar de reconocer que a nivel personal su condición de mujer nunca le ha supuesto un obstáculo o un problema en su trayectoria profesional, Otamendi insiste en que las organizaciones mixtas han demostrado a nivel empresarial ser mucho más eficientes. Por ello, hace un llamamiento doble para revertir esta minoría en el sector deportivo. Por un lado, apela a la responsabilidad directa de los hombres para hacer hueco a las profesionales plenamente preparadas en las directivas. Por otro, exige a las mujeres que dejen atrás los complejos y el síndrome del impostor para dar un paso al frente y asumir la responsabilidad, recordando que los hombres jamás rechazan este tipo de oportunidades. Aunque defiende el uso de las cuotas como una buena herramienta para impulsar la integración, advierte que siempre debe primar la elección de perfiles capacitados y críticos, evitando elegir a mujeres que simplemente adopten una postura complaciente. Todo ello con el firme objetivo de enriquecer una industria que, de cara a la próxima década, promete ser mejor pero que debe seguir creciendo manteniendo siempre al aficionado en el centro de su ecosistema.

Los datos hablan por sí solos y evidencian un modelo de gestión anclado en el pasado: con apenas una mujer al frente de las 66 federaciones deportivas españolas y una única presidencia femenina en la Primera División, el fútbol y el deporte nacional continúan desaprovechando la mitad del talento disponible. Revertir esta profunda brecha de género exige, por tanto, una acción conjunta que abandone la retórica para materializarse en hechos. El crecimiento y la modernización de la industria deportiva en la próxima década dependerán de su capacidad para reflejar la diversidad real de su afición; es el momento de que el talento femenino asuma, por pleno derecho y capacidad, el liderazgo que le corresponde.

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