FÚTBOL

Tori Penso: “Me dijeron que no podía ser madre y árbitra profesional”

La árbitra estadounidense, madre de tres hijas, busca inspirar a las nuevas generaciones con una carrera que ha roto barreras en el fútbol

Hay historias que trascienden el terreno de juego cuando quienes las protagonizan entienden que su camino puede servir para abrir el de otros. Es el caso de Tori Penso, una árbitra que ha ido ganando espacio en un mundo dominado históricamente por hombres y que, con el paso de los años, ha convertido su carrera en mucho más que una sucesión de partidos. Su figura representa la evolución de la mujer en el arbitraje, pero también el desafío de compaginar las exigencias de la élite con una vida familiar y la responsabilidad de convertirse en referente para las nuevas generaciones. Ahora, desde una posición privilegiada para observar el crecimiento del fútbol femenino y la presencia de la mujer en el deporte, Tori pone el foco en aquello que puede quedar después de cada partido: las niñas que la ven y que algún día pueden imaginarse ocupando ese lugar.

Cuando el silbato se convirtió en vocación

A los 14 años, Tori Penso comenzó a arbitrar siguiendo los pasos de sus dos hermanos en las ligas locales de Stuart, en Florida. Lo que empezó como una manera de ganar su propio dinero terminó despertando una vocación que la acompañaría durante toda su vida. Tras estudiar Marketing y trabajar en publicidad, en 2019 tomó una decisión que cambiaría su carrera: dejó su empleo para dedicarse al arbitraje profesional, cuando ya era madre de tres hijas.

Apenas un año después, Penso ya había derribado una de las primeras barreras de su camino. Se convirtió en la primera mujer en dos décadas en dirigir un partido de la MLS y en la primera árbitra a tiempo completo de la competición. En 2021 recibió la insignia FIFA y su nombre comenzó a ganar peso en el panorama internacional. El gran salto llegó en 2023, cuando fue elegida para dirigir la final del Mundial femenino entre España e Inglaterra, convirtiéndose en la primera estadounidense en arbitrar una final mundialista.

Pero todavía quedaba una frontera por cruzar. Este verano, Penso fue seleccionada para el Mundial masculino y volvió a escribir su nombre en la historia: se convirtió en la primera estadounidense y en la segunda mujer en dirigir un partido de la competición, después de Stéphanie Frappart. Aquel silbato que sonó por primera vez cuando tenía 14 años terminó llevándola hasta el escenario más grande del fútbol.

El mensaje de Tori Penso

Hubo un momento en el que a Tori Penso le hicieron creer que debía elegir. La maternidad y el arbitraje profesional parecían, para algunos, dos caminos imposibles de recorrer a la vez. Ella decidió no aceptar ese límite y el tiempo terminó dándole la razón. “Me dijeron que no podía ser una árbitra profesional”. “Y creo que hemos demostrado que estaban equivocados”. Desde entonces, su carrera ha ido dejando atrás aquella idea.

Su impacto, sin embargo, no se mide únicamente por lo que ocurre cuando hace sonar el silbato. Al saltar al césped, su mirada también se dirige hacia las gradas, donde encuentra a niños y niñas que siguen cada uno de sus movimientos. Para muchos de ellos, verla ahí significa descubrir una posibilidad que antes quizá ni siquiera habían imaginado. “Están viendo algo diferente”, explica. Son escenas que trascienden el partido y que permanecen en su memoria: “Esos momentos se quedan conmigo”.

Porque llegar a la cima nunca es un camino recto. Hay obstáculos, dudas y días en los que continuar exige encontrar un motivo para hacerlo. “Todo camino hacia la cima tiene sus momentos buenos y sus momentos malos”, reconoce. El suyo ya no consiste únicamente en seguir avanzando, sino en dejar una puerta abierta para quienes vengan detrás. “Estamos cambiando el paradigma”, afirma. Y ahí reside el verdadero significado de su historia: “Esto es más grande que un partido”.

El arbitraje femenino busca su sitio

El caso de Tori Penso también sirve para poner el foco en una realidad más amplia: llegar a la élite del arbitraje sigue siendo mucho menos habitual para una mujer que para un hombre. FIFA ha reconocido que, además de las exigencias físicas y técnicas propias de la profesión, las árbitras se encuentran con obstáculos que van desde los estereotipos culturales hasta entornos que durante años no estuvieron pensados para ellas.

Los grandes torneos empiezan a reflejar un cambio, aunque todavía de forma limitada. En el Mundial masculino de 2026, FIFA seleccionó a 52 árbitros principales y solo seis fueron mujeres. La cifra muestra que ya existe una puerta abierta, pero también que queda mucho camino para que la presencia femenina deje de ser noticia por sí misma.

Ese es uno de los retos que afronta ahora el arbitraje femenino: que nombres como Penso, Stéphanie Frappart o Sian Massey-Ellis dejen de aparecer como excepciones y pasen a formar parte de una normalidad cada vez más amplia. El objetivo no es solo que haya más mujeres en el terreno de juego, sino que llegar hasta allí deje de parecer un camino reservado para unas pocas.