Aprovechar la pausa de la comida para ponerse bótox y regresar a la oficina antes de la siguiente reunión se ha convertido en una práctica cada vez más habitual entre profesionales y altos directivos. Publica Financial Times que en los distritos financieros de Londres proliferan las clínicas que ofrecen tratamientos estéticos mínimamente invasivos dirigidos a ejecutivos que buscan rejuvenecer discretamente su aspecto sin apenas interrumpir su jornada laboral.
El fenómeno, conocido en inglés como lunch-break Botox (bótox durante la pausa del almuerzo), es una práctica común en algunos ámbitos de trabajo. Detrás de estas visitas exprés a las clínicas se esconde una preocupación cada vez más extendida: miedo a que el paso del tiempo reste oportunidades profesionales. Y esa presión recae, especialmente, sobre las mujeres.
Predominio entre las mujeres
La tendencia también se observa en España. Según el último estudio de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME), el 46% de la población española se ha sometido a algún tratamiento de medicina estética, mientras que otro 30% se plantea hacerlo en el futuro. Además, el 69% de quienes recurren a estos procedimientos son mujeres, lo que refleja que ellas son las principales usuarias de la medicina estética en España.

Los especialistas hablan de tratamientos preventivos o de mantenimiento, con resultados discretos que permiten aparentar un aspecto más descansado sin alterar la expresión del rostro. En ese cambio de tendencia, el bótox es uno de los procedimientos más demandados, junto con los tratamientos destinados a mejorar la calidad de la piel.
Sector financiero o jurídico
Y muchos de los pacientes que acuden a estas clínicas trabajan en el sector financiero y jurídico o aspiran a hacerlo. Es habitual recibir consultas de personas que están buscando empleo, afrontan un cambio de empresa o acaban de asumir un puesto de mayor responsabilidad. No buscan parecer veinte años más jóvenes, sino proyectar una imagen que transmita vitalidad, energía y seguridad. Sin embargo, esa preocupación por la apariencia no afecta por igual a hombres y mujeres.
El diario británico recoge el testimonio de una ejecutiva que lleva más de un año buscando trabajo y reconoce sentir una enorme presión por mantener una imagen más joven para seguir siendo competitiva. Otra socia de un despacho de abogados resume el dilema: además de soportar largas jornadas laborales y elevadas exigencias profesionales, existe una expectativa constante de conservar un aspecto impecable a medida que pasan los años.

Según datos del Centre for Ageing Better, una de cada cinco personas mayores de 45 años consideraría recurrir al bótox o a rellenos para conseguir un empleo o un ascenso, mientras que una de cada diez llegaría a plantearse una cirugía estética con ese mismo objetivo. La organización advierte de que muchas personas perciben que aparentar más edad sigue siendo un obstáculo en el mercado laboral, pese a que aún les quedan más de dos décadas de vida profesional por delante.
Mayor incidencia por las videollamadas
Las videollamadas han intensificado además este fenómeno. Permanecer durante horas observándose en la pantalla ha aumentado el escrutinio sobre la propia imagen y ha contribuido a que cada vez más personas consulten por pequeñas arrugas, pérdida de firmeza o signos de cansancio. A ello se suma otro fenómeno reciente: el aumento de pacientes que buscan recuperar volumen facial tras adelgazar con los nuevos tratamientos contra la obesidad, como el famoso Ozempic.
La normalización social también ha contribuido a ello. Lo que antes se ocultaba hoy se comenta con naturalidad entre amigas o compañeras de trabajo, y favorece que cada vez más mujeres contemplen estos tratamientos como parte de su rutina.
El fenómeno refleja una cuestión de fondo: una presión sobre las mujeres para demostrar no solo experiencia y capacidad profesional, sino también una apariencia asociada a la juventud. Lo que en principio debería responder a una decisión personal empieza a percibirse, para algunas profesionales, como una herramienta más para competir en el mercado laboral.

