Los tres angustiosos minutos de Jonathan Andic al teléfono tras caer su padre al vacío

Al menos estas tres llamadas con tres operadores han centrado parte de las pesquisas de los investigadores

Casi ininteligible, con un “hola, hola” entrecortado, Jonathan Andic llamó a Emergencias pidiendo ayuda nada más caer su padre al vacío. Iban los dos solos sin escolta ni ningún otro excursionista que pudiese haber visto la caída ni socorrerles. Durante los primeros minutos, el primogénito y ahora acusado de matar a su padre encadena llamadas con la voz temblorosa, como se puede comprobar en estos audios a los que ha tenido acceso Artículo14: “Necesito ayuda, necesito ayuda… Mi padre se ha caído… Estamos en Collbató”. Al otro lado, con la calma propia del servicio le preguntan si sabe qué ha pasado: “Creo que se ha caído por un barranco”. Lo indica como quien lo hace a distancia del posible punto en el que su padre se ha precipitado, como si no se hubiera asomado para atisbar si lo distingue o no ladera abajo. Solo corrobora que en ese instante no lo tiene a la vista y, por tanto, no sabe dónde está su padres. Intuye, eso sí, que no estará en buen estado: “Por favor, envíen a alguien, envíen una ambulancia, envíen a alguien, por favor”, insiste.

Desesperado, aparte del fundador de Mango y su primogénito, no hay nadie más en ese tramo de la montaña de Monserrat que conecta Collbató con el monasterio benedictino. Un recorrido frecuentado por excursionistas más que peregrinos y que lo ha organizado Jonathan para ese 14 de diciembre de 2024 y que apenas habían avanzado un trecho. “No, estamos justo al principio”, le explica entre sollozos a la teleoperadora del 112 cuando esta le pregunta si están cerca de las cuevas del Salnitre. “Por favor, envíen a alguien…”, reitera una y otra vez mientras la mujer que lo atiende intenta tranquilizarlo como puede. Le han enviado ambulancias y equipo médico, aunque el propio Jonathan les indica que no es una zona de fácil acceso.

El grito de Jonathan al vacío

Las preguntas se suceden: ¿podría indicar de qué altura ha podido caer?, ¿cómo se llama usted?, ¿qué edad tiene su padre? A todas, un Jonathan con voz llorosa y entrecortada contesta como puede. Da su nombre y apellido, así como detalla los 71 años de su padre e insiste en que le es imposible calcular desde qué altura ha caído porque ni lo ve ni le contesta. La pericial detallará después que supera el centenar de metros e incluso desprenderán un maniquí. Pero en ese primer instante, ocho minutos después de que Isak Andic se haya precipitado, lo único que acierta a hacer Jonathan es llamarle. Lo hace por el apodo con el que se dirige a él, del que queda registro en las llamadas.

“¡Viejo!”, se le escucha en plena conversación con la enfermera. Por supuesto, sin recibir respuesta de entre las rocas. En su declaración posterior, todavía en calidad de testigo, Jonathan le contó a los Mossos que había escuchado gemidos de dolor. Pero en esas primeras conexiones no aporta esos detalles. Al otro lado del teléfono, le recuerdan que se mantenga conectado, que no cuelgue. Lo necesitan en línea. Son los primeros minutos y está en un punto ciego e inaccesible.

Tres minutos de llamadas angustiosas

El rescate tendrá que hacerse en helicóptero porque las ambulancias no llegan. “El problema es que no sé dónde está”, recalca de nuevo, rodeado de rocas y bajo el sol de mediodía de mediados de diciembre. Es un tramo de escasa dificultad y no han ido con calzado adecuado. Pero en ese momento no entran en esos detalles. Jonathan repite la misma información en tres conexiones telefónicas consecutivas. Desde el 112 le pasan con los Bombers de Catalunya para los que corrobora que quien se ha caído es su padre e iba solo con él. “Sí, correcto”. Solo hay dos instantes en los que se le escucha más entero. Cuando contesta al bombero y al final de la conversación con la enfermera, cuando le dice un “enviado” al indicar el punto exacto en el que se encuentra. Lo manda por Whatsapp.Ese mismo geolocalizador que se convertirá a posteriori en pieza clave para los investigadores como estas conversaciones telefónicas.

En total, quedan registrados unos tres minutos de un angustioso Jonathan al teléfono. Unos minutos aportados a la causa, que han sido analizados segundo a segundo por la acusación. De la llamada anterior a la mujer de su padre, Isak Andic, no hay registro del contenido. Pero al menos estas tres llamadas con tres operadores han centrado parte de las pesquisas de los investigadores al comprobar que mientras en las llamadas es impreciso sobre el lugar de caída, en la declaración con los Mossos quince días después no solo recordaba un gemido de dolor sino también haber visto “un cuerpo rodando” y ver “fugazmente un bulto”. Nada en cambio que a ojos de la defensa modifique su condición de inocente.