Caso Andic: la fotografía número 9 y los mensajes de odio y rencor de Jonathan

Al menos diez indicios en 1.400 folios de sumario. Artículo14 accede a las claves por las que acusan a Jonathan de matar a su padre Isak

En un punto ciego, sin testigos. Jonathan Andic sabía bien los vericuetos del recorrido. Ese mismo tramo lo había hecho tres veces una semana antes de la caída mortal, el 14 de diciembre de 2024. La última, el día 10. Pero ante los Mossos solo recordó haberlo hecho una vez dos semanas atrás. Es una de las numerosas piezas que armaron el puzle de las sospechas del caso Andic. La teoría del accidente para los investigadores hizo aguas desde el primer momento.

El jefe de policía judicial del área de Montserrat es un montañero experimentado y fue el primero en tener claro que el lugar de los hechos llamaba la atención. La ruta es, por así decirlo, para principiantes. Como lo recoge la jueza del número 5 de instrucción de Martorell, Barcelona, en su auto de prisión al incluir extractos concretos del informe de la Unidad de Montaña: “el camino no presenta ninguna dificultad, no se necesita calzado específico y no presenta una exposición de caída”. Y no fue la única mención a un completo atestado policial armado contra el primogénito.

Tramo del sendero donde se produjo la caída mortal de Isak Andic

Anatomía de una caída

Los Mossos acumulan, como poco, diez indicios en el atestado que han presentado a la jueza. Y la causa alcanza los 1.400 folios, aún sin estar cerrada la instrucción. Pero en el auto en el que lo enviaba a prisión, salvo por el pago en tan solo 20 minutos del millón de euros que le fijó de fianza, la magistrado ya recogía en cinco páginas los indicios de criminalidad que ahora su defensa se esforzará en rebatir y explicar: ¿por qué hay contradicciones en sus declaraciones?, ¿había o no mala relación padre-hijo?, ¿por qué Jonathan cambió de móvil borrando los datos del anterior?, ¿de quién es la pisada que hallaron los Mossos en las rocas desde donde se habría precipitado Isak Andic?

El patriarca, fundador de Mango y una de las grandes fortunas de España -se coló en el ‘top 5 de Forbes’ justo un año antes de su muerte- perdió la vida en una ladera rocosa de Montserrat, durante 150 metros de caída. Tenía 71 años. Según su hijo Jonathan, de 43, no lo vio caer. “Me adelanté unos cuatro o cinco metros. Mi padre se había parado a hacer unas fotografías con su móvil y no lo tenía a la vista”, declaró el día de los hechos. Según consta en la documentación a la que ha tenido acceso Artículo14, los investigadores han desgranado cada una de sus palabras como si se tratara de un análisis sintáctico criminal. Incluso han contrastado lo que dijo entre dos llamadas telefónicas hechas el día de autos con apenas 37 minutos de diferencia. En la primera, Jonathan relata que “creía que se había caído”; en la segunda, añade que ha “oído ruido de piedras y al girarme lo he visto caer”. ¿Lo vio caer o creyó verlo? Para los Mossos, “modificó” su versión.

Esa práctica sembró otras tantas dudas en su comportamiento y en su relato. Esta otra frase también resultó ser delatora a ojos de los agentes: “Teníamos la costumbre de hablar cuando paseábamos juntos. Y mi padre usó el teléfono al principio del recorrido, pero ya no volvió a utilizarlo”. Que se contradecía de plano con esta otra declaración suya posterior: “Mi padre se paró a hacer unas fotografías con su teléfono móvil y no lo tenía a la vista”. Y que a su vez chocó con la pericial del teléfono de Isak Andic, que llevaba en el bolsillo del pantalón cuando rescataron su cuerpo y que resultó concluyente: no lo usó durante el trayecto, solo al inicio.

La fotografía número 9

Toda inspección ocular se hace cámara en mano. Queda registro fotográfico de cada hallazgo policial que pueda ser indiciario de un posible delito. En el escenario que investigaban, a priori partían de una muerte accidental que incluso inicialmente archivó de la causa. Pero la autopsia sumó incógnitas: las palmas de las manos estaban intactas, sin lesiones, solo tenía contusionado el lado derecho y la parábola de caída coincidía con la de un cuerpo propulsado, “como si Isak Andic se hubiera lanzado por un tobogán, con los pies por delante”.

Detención de Jonathan Andic, el pasado 19 de mayo

Pero la versión de Jonathan del resbalón, de lo accidental, fue quedando en entredicho a cada nueva pericial. Entre otras, esa inspección ocular en la que ocupa un puesto relevante la fotografía número 9. Es la que detalla el punto de inicio de la caída y en la que se observa un “posible resbalón”. No saben si lo hizo Isak, Jonathan o incluso otro excursionista. Lo único que consta es que esa marca de pisada se encuentra en lo que a día de hoy es tratado como escenario del crimen.

El estudio de esa pisada merece un apartado especial. Ni un zapatero bregado en todo tipo de hormas habría sacado tanta información de esa huella retratada en las rocas. Para los Mossos no se hizo de forma fortuita, sino deliberada y ejerciendo presión en el suelo. Al menos, cuatro veces en ambos sentidos, “como la acción de refregado”, aclaran en un ejercicio de didáctica de lo técnico. Realizaron hasta diez simulacros, diez recreaciones, de cómo se pudo producir esa huella. La conclusión les llevó a descartar lo accidental en pos del acto homicida.

Mensajes de odio y rencor

El móvil del crimen no aumenta ni reduce la condena, pero le da un porqué al horror. Y el de este posible parricidio sería lo económico. Según consta en el atestado, todo lo motivó la “obsesión por el dinero” de Jonathan. Y las piezas les encajan como si fueran guionistas de Succession: reclamó una herencia en vida, que su padre aceptó; descubrió un cambio de testamento -su padre pretendía donar una cantidad a una fundación de personas necesitadas- con el que no estaba de acuerdo; y sufrió una crisis personal vox populi que, en cambio, negó ante los investigadores: “No comportó ningún problema profesional ni personal o familiar… Nuestra relación era muy buena, sin desavenencias”, les rebatió.

Olvidó mencionar los mensajes “de odio y rencor” hallados a posteriori en escritos aportados a la causa en los que también mencionan “ideas de muerte” del acusado y decómo culpabilizó de su situación a su padre. Mensajes a los que accedieron pese a que, según hacen constar, Jonathan cambió de móvil a los seis meses de la caída mortal, borrando todos los datos anteriores. En realidad, el entonces testigo y ahora acusado aseguró que le habían robado el terminal en un viaje a Ecuador, sin que policialmente se haya podido atestiguar tal extremo.

Los Andic, en 2013, cuando el primogénito llegó a la dirección

Como apunte, entre quienes han declarado este año y medio ante los Mossos se encuentra la psicoterapeuta de Jonathan, aparte de sus dos hermanas, el tío paterno y trabajadores de la compañía. Más allá de que la familia lo haya arropado y blindado, y creído públicamente en su inocencia, confirman que existió el desencuentro negado por el tercer heredero del emporio. Lo datan once años atrás de los hechos, en 2015. Según informaciones de entonces, Isak Andic alegó “pérdidas millonarias”. La fotografía que encabeza este artículo es de los prolegómenos, cuando nada hacía presagiar tal desenlace.

El día de autos se había previsto como un encuentro padre-hijo. Un acto de reconciliación en la montaña, apartados de todos, sin escoltas ni cámaras. No había más testigos posibles. En ese sentido, el auto de la jueza golpea como un yunque al definir lo acaecido como un acto planificado y premeditado. Un crimen. De mantenerse esta línea de instrucción, todo apunta a que el primogénito de los Andic se sentará ante un jurado popular acusado de matar a su padre si no logra demostrar lo contrario.

TAGS DE ESTA NOTICIA