Cuando llega el desahucio, las mujeres toman las riendas

Los estudios muestran una amplia mayoría femenina en los movimientos por el derecho a la vivienda, donde muchas afectadas dan el paso al activismo y las migrantes de clase trabajadora desempeñan un papel clave

SANTA CRUZ DE TENERIFE, 24/09/2026.-La Plataforma de Afectados por la Hipoteca, la activista Inma Évora y Acción Social Canarias se concentraron este jueves frente a la subdelegación del Gobierno en Santa Cruz de Tenerife para protestar contra el desalojo de Maricarmen ocurrido en Madrid.EFE/Ramón de la Rocha
La Plataforma de Afectados por la Hipoteca, la activista Inma Évora y Acción Social Canarias se concentraron este jueves frente a la subdelegación del Gobierno en Santa Cruz de Tenerife.EFE/Ramón de la Rocha

Ese terrible momento en el que el corazón se acelera y el terror encoge el cuerpo. Cuando llega un burofax, una notificación, unas líneas que funcionan como el pistoletazo de salida de uno de los procesos más crueles: te dicen que debes abandonar tu hogar.

La casa en la que has vivido durante años, quizá décadas. El lugar donde están tus cosas, tus recuerdos, donde has criado a tus hijos. Donde transcurre eso que llamamos vida. De pronto, todo tiene una fecha límite.

Y entonces ocurre algo que los estudios sobre la lucha por la vivienda llevan años observando. Son ellas, las mujeres, quienes muchas veces toman las riendas. Buscan ayuda, llaman, preguntan, llegan a las asambleas. Aprenden qué pueden hacer para detener el desahucio. No es solo una impresión. La lucha por la vivienda en España es femenina.

El 84% son mujeres

Una investigación publicada en Housing, Theory and Society estudió este fenómeno a partir de entrevistas y una encuesta a grupos de la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca (PAH). El resultado arroja un dato incontestable: el 84% de las personas desahuciadas de la muestra eran mujeres.

MADRID, 22/09/2026.- La vecina de 87 años, Maricarmen Abascal (i), acompañada por representantes del movimiento vecinal ´Inquilinas de Madrid´, se han concentrado este martes en la madrileña calle de Alcalde Sainz de Baranda ante el intento de desahucio de su vivienda situada en la madrileña calle Alcalde Sainz de Baranda. EFE / Nahia Peciña.
Maricarmen Abascal con representantes del movimiento Inquilinas de Madrid ante el intento de desahucio.
EFE / Nahia Peciña

Pero no se explica únicamente porque ellas estuvieran sufriendo el problema. Entre quienes participaban en la PAH sin encontrarse personalmente en una situación de precariedad habitacional, el 71% también eran mujeres.

Es decir, ellas no solo son mayoría entre quienes se enfrentan a la pérdida de su vivienda. También entre quienes se organizan para defender la casa de los demás.

Dentro de esa movilización destaca además el papel de las mujeres migrantes de clase trabajadora. En aproximadamente uno de cada tres grupos de la PAH estudiados, la mayoría de participantes había nacido fuera de España. En otro tercio, la proporción de personas nacidas dentro y fuera del país era prácticamente equivalente.

El estudio las sitúa como organizadoras, portavoces y negociadoras frente a bancos, administraciones y empresas financieras. También como protagonistas de la resistencia por la vivienda.

La cultura del hombre como “cabeza de familia”

Parte de la explicación puede estar en algo mucho más antiguo que la propia PAH. El informe Mujeres, empoderamiento y pérdida de vivienda, elaborado en 2022 por PAH Barcelona, habla de “la cultura imperante del hombre como cabeza de familia”.

Es el peso de un mandato masculino y machista. Durante generaciones ha asociado al hombre con ser el proveedor: llevar el dinero a casa, mantener a la familia y ser capaz de garantizarle un techo.

Cuando eso falla, no solo peligra la vivienda. También se resquebraja el papel que se suponía que ese hombre debía cumplir.

El informe señala que la imposibilidad de hacer frente a la hipoteca puede provocar en ellos un sentimiento de culpa. Y vincula esa reacción con lo que sucede después. Esa situación, concluye, “hizo tomar la iniciativa a las mujeres para tirar adelante la situación”.

De afectadas a activistas

Ese paso de la emergencia personal a la organización colectiva también ha sido estudiado. En 2022, Montserrat Emperador Badimon analizó la feminización del activismo en la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca. Lo hizo en un trabajo publicado en la Revista Internacional de Sociología, del CSIC.

Emperador observa qué ocurre una vez dentro de estos espacios. La PAH no funciona únicamente como un lugar al que acudir para intentar resolver una deuda o evitar un desahucio. Las mujeres participan en las asambleas, adquieren conocimientos y asumen responsabilidades dentro del movimiento. También acompañan a quienes llegan después.

La reciprocidad es una de las claves. Primero reciben apoyo. Después son ellas quienes se lo prestan a otras. Así se entiende mejor cómo una mujer que llega como afectada puede terminar convirtiéndose en activista.

Manifestación que bajo el lema 'Se acabó. Bajaremos los alquileres' tuvo lugar recientemente en Madrid
Manifestación que bajo el lema ‘Se acabó. Bajaremos los alquileres’ tuvo lugar recientemente en Madrid
EFE

El cuidado también se hace político

La antropóloga Ana Paola Gutiérrez Garza siguió ese proceso sobre el terreno. En Home is not what it was realizó una etnografía en dos grupos de la PAH de Madrid. El trabajo, publicado en el Journal of the Royal Anthropological Institute, analiza especialmente la experiencia de mujeres migrantes frente a la deuda y el riesgo de quedarse sin casa.

Su investigación se detiene en algo más. El cuidado, tradicionalmente asociado al interior del hogar, sale de él y adquiere una dimensión colectiva y política.

Acompañar a otra mujer, escucharla o compartir lo aprendido se convierte también en una forma de militancia. Lo mismo ocurre al permanecer a su lado frente a una amenaza que una misma sufrió antes. La casa deja de entenderse únicamente como una posesión individual y empieza a defenderse como un derecho colectivo.

Más allá de la PAH

El fenómeno no termina en la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca. En 2024, Karla Monserrath Ulloa Chacha estudió el Sindicato de Inquilinas de Madrid. Lo hizo en Resistencias feministas por la justicia socioespacial: Sindicato de Inquilinas de Madrid por el derecho a la vivienda.

El escenario cambia de las hipotecas a los alquileres. Las mujeres, sin embargo, vuelven a ocupar el centro de la resistencia.

Ulloa no las analiza únicamente como quienes sufren la emergencia habitacional. Las presenta como un sujeto político capaz de organizarse, ocupar el espacio público e intervenir en el debate sobre el derecho a la vivienda.