EE UU

Alexandria Ocasio-Cortez ha decidido congelar sus óvulos, ¿maternidad después de las presidenciales?

"Todavía estoy decidiendo si quiero ser madre y, de repente, mi útero parece convertirse en asunto de Estado", ha confesado la congresista, quien no ha descartado presentarse como candidata a la nominación demócrata

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La política demócrata Alexandria Ocasio-Cortez ha hecho un doble anuncio
Efe

Hay algo profundamente contemporáneo en levantarse una mañana de agosto, ponerse delante del teléfono y grabarse mientras una se inyecta hormonas en el abdomen. Parece más la escena de un matinée de agosto y no lo que se esperaría de una posible candidata a la Casa Blanca. Pero Alexandria Ocasio-Cortez nunca ha tenido demasiado interés en comportarse como se supone que debe hacerlo una mujer que aspira al poder.

La congresista demócrata por Nueva York, de 36 años, ha decidido congelar sus óvulos y contar el proceso en redes sociales. Lo hizo mientras sopesa su futuro político. Con la puerta abierta de par en par a una posible candidatura presidencial o al Senado en 2028. La congresista dijo en una entrevista emitida el domingo en la cadena ABC, que no había descartado ninguna de las dos posibilidades. “Cualquier cosa es posible”, aseguró al ser preguntada por una eventual candidatura primero al Senado y dos años después a la Casa Blanca.

La coincidencia entre ambas noticias, los óvulos y su candidatura 2028, es demasiado tentadora para ignorarla. Pero sería injusto convertir una decisión íntima en una estrategia electoral que ella no ha anunciado. Ocasio-Cortez no ha dicho que congela sus óvulos para poder presentarse a las elecciones. Lo que sí ha dicho es que esta decisión le hace sentir que tiene más control sobre su vida.

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La congresista Alexandria Ocasio Cortez
KiloyCuarto

Durante décadas, las mujeres han organizado su vida profesional en función de su trayectoria reproductiva. El problema es que ambos calendarios no siempre caben en una misma vida. La carrera profesional exige cada vez más tiempo para consolidarse. La maternidad, en cambio, continúa sometida a un reloj biológico que no negocia con promociones ni reuniones de consejo.

La congelación de óvulos se ha presentado como una panacea. Una pausa tecnológica que no detiene el tiempo, pero permite conservar abierta la posibilidad de reproducir en el futuro congelando los óvulos jóvenes.

La fertilidad femenina comienza a disminuir alrededor de los 33 años y el descenso se acelera a partir de la mitad de la treintena; hacia los 40, la probabilidad de embarazo por ciclo es ya considerablemente menor.

La idea de guardar óvulos para utilizarlos mañana, permite construir sin miedo a quedarse atrás en la maternidad. La posibilidad de congelar los óvulos también ayuda en el ámbito médico, especialmente a las mujeres que se someten a tratamientos de quimioterapia.

El senador Bernie Sanders, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y la congresista Alexandria Ocasio-Cortez
EFE/Ángel Colmenares

En Estados Unidos, algunas grandes empresas incorporan este tratamiento como beneficio laboral. Un mensaje perfecto en una época obsesionada con la productividad fue el de Bloomberg Businessweek en 2014 que llegó a resumir esa fantasía con la frase. “Congela tus óvulos, libera tu carrera”.

Bajo la premisa de que una mujer triunfa si congela su reloj biológico se esconde la perversión de una sociedad que se rige bajo un calendario patriarcal. Almacenar los óvulos te convierte en hombre y puedes hablarles de tú a tú. El problema es que la tecnología puede aplazar una decisión, pero no puede eliminar la incertidumbre. La congelación de óvulos se presenta como una herramienta de emancipación, pero también puede convertirse en la prueba de que el mundo laboral continúa diseñado alrededor de un modelo masculino. Si una mujer tiene que intervenir su cuerpo para poder dedicar los años de máxima fertilidad a demostrar que merece el mismo lugar que un hombre, quizá el problema no esté únicamente en sus ovarios.

Un útero como “asunto de Estado”

Ocasio-Cortez lo ha señalado desde otro ángulo. “Los hombres que se presentan a unas elecciones, no reciben la misma evaluación silenciosa sobre su edad, su deseo de tener hijos o el momento en el que pretenden formar una familia. A una mujer que aspira a la presidencia, en cambio, se le puede preguntar si tiene hijos, si quiere tenerlos, si tendrá tiempo para criarlos y si su edad resulta adecuada para hacerlo”, dijo en la entrevista del  fin de semana. “Un candidato puede tener 50 años y cuatro hijos y la conversación suele detenerse en su experiencia. Una candidata puede tener 36. Todavía estoy decidiendo si quiero ser madre y, de repente, mi útero parece convertirse en asunto de Estado”.

Ocasio-Cortez ha definido su decisión como una forma de sentirse más en control de su vida y ha reconocido que hablar públicamente de ella supone “un riesgo político”. En un momento en el que la política estadounidense vuelve a discutir hasta dónde debe llegar el Estado en las decisiones reproductivas de las mujeres, convertir su propio tratamiento en conversación pública tiene una enorme dimensión política.

Congelar óvulos no equivale a congelar un bebé. Ni siquiera equivale a garantizar un embarazo. El procedimiento requiere estimulación ovárica mediante hormonas, extracción quirúrgica de los óvulos y su posterior vitrificación. Cuando la mujer decide utilizarlos, los óvulos tienen que sobrevivir al proceso de descongelación, ser fecundados y desarrollarse hasta convertirse en embriones capaces de continuar una gestación. La edad a la que se congelaron y el número de óvulos almacenados son factores fundamentales para las posibilidades futuras de éxito. Además, estos procedimientos que no están incluidos en los seguros médicos superan con creces los diez mil euros a los que hay que sumar medicación, procedimientos adicionales y almacenamiento. Para muchas mujeres, por tanto, la posibilidad de comprar tiempo reproductivo es también una cuestión monetaria.

Donación de óvulos: ¿reproducción asistida o explotación reproductiva?
En Nueva York, donde la conversación sobre fertilidad está mucho más normalizada, se pide congelar a los 18 años
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La congresista ha vinculado su decisión al clima creado por la Administración de Donald Trump y a la necesidad de hablar con mayor naturalidad de salud reproductiva. Su argumento es que las mujeres deberían poder conocer las opciones disponibles para tomar decisiones sobre sus cuerpos, pero no todas las mujeres tienen las mismas opciones.

En Nueva York, donde la conversación sobre fertilidad está mucho más normalizada, la congelación puede aparecer incluso como un producto de consumo. Hay clínicas que organizan encuentros informativos y mujeres jóvenes que hablan de sus ovarios con sus padres con la misma naturalidad con la que antes hablaban de hipotecas. Son ellas las que piden de regalo de cumpleaños a los 18 o 20 la congelación de óvulos. Es una industria que ha aprendido a vender la promesa de un futuro abierto y ha encontrado en las mujeres jóvenes un mercado enorme.

La historia de Ocasio-Cortez tiene, además, cierto aire de futurismo político. Hablamos de una mujer que podría estar preparando su carrera hacia la Casa Blanca mostrando en Instagram el medicamento que se administra para preservar una posibilidad de maternidad futura. En el mismo gesto aparecen las dos caras de la mujer contemporánea. Ella quiere conquistar el poder sin renunciar a la posibilidad de formar una familia.

La congelación de óvulos no ha conseguido vencer al reloj biológico. Tampoco ha convertido la maternidad en una decisión completamente programable. La ciencia sigue teniendo límites y las probabilidades dependen de muchos factores. Pero ha cambiado algo en el hecho de que el futuro reproductivo puede decidirse en el presente.

En una sociedad obligada a retrasar casi todo por motivos económicos, la congelación de óvulos es la respuesta médica de Ocasio-Cortez a la conversación biológica. Ella pone ahora en modo avión la maternidad, y por lo visto también sus decisiones políticas. Veremos qué nos dice dentro de unos meses.