Verano 2.6

¿Dónde me manda la IA? El destino para desconectar, según ChatGPT

Le pedimos a la IA un lugar donde nadie nos hable... y nos manda a un pueblo con más ovejas que vecinos

Dónde me manda la IA
El destino ideal para desconectar hasta de los seres humanos está en las Islas Feroe
Shutterstock/KiloyCuarto

Hay dos tipos de personas cuando llegan las vacaciones: las que buscan una playa con chiringuito, música y una bebida en la mano y  las que escriben en Google: “cómo desaparecer sin tener que fingir mi propia muerte”.

Con el verano en pleno apogeo y el estrés acumulado de todo el año, en Artículo14 hemos querido hacer un pequeño experimento. En lugar de preguntarle a una agencia de viajes o dejar que el algoritmo de Instagram decidiera el próximo destino, hemos recurrido a quien parece tener respuesta para absolutamente todo: la inteligencia artificial.

La petición fue clara: “Quiero desconectar. Que no me hable nadie. Que no me molesten. Que no haya cobertura para que el móvil no suene. Estoy muy estresada. Prefiero incluso que nadie sepa castellano para no entenderme con nadie. ¿Dónde puedo ir de vacaciones?”

La respuesta llegó al instante. Y no, no recomendó Bali, ni las Maldivas, ni una cala secreta en Menorca. La primera opción de ChatGPT fueron las Islas Feroe, ese destino que probablemente más de uno ha tenido que localizar ahora mismo en Google Maps. Perfecto para quien quiere desaparecer unos días del mapa… casi literalmente.

El destino de la IA
El pequeño pueblo de Gjogv, en las Islas Feroe, es ideal para desconectar, según ChatGPT
Shutterstock

La explicación fue casi filosófica. Según la IA, el objetivo era encontrar un sitio donde fuera posible dejar de estar disponible.

Un pueblo con más ovejas que vecinos

La siguiente pregunta era inevitable: si las Islas Feroe eran el destino perfecto para desaparecer unos días, ¿en qué lugar concreto había que esconderse?

La IA tampoco dudó demasiado. Su primera recomendación fue Gjógv, un pequeño pueblo de apenas unas decenas de habitantes donde, según explicó, es bastante más probable cruzarse con una oveja que con otro turista. De hecho, el mayor atasco que uno puede encontrarse es un rebaño ocupando tranquilamente la carretera.

Islas Feroe
La vista panorámica sobre el pequeño asentamiento de Gjógv en Eysturoy, Islas Feroe. El césped verde es perfecto para ovejas y otros animales
Shutterstock

Nada de centros comerciales. Ni grandes avenidas. Ni colas para hacerse la misma foto que ya tienen otras mil personas en Instagram. Solo montañas, acantilados, mar y un silencio que, según la propia inteligencia artificial, “llega a impresionar”.

Eso sí, ni siquiera la IA aconseja pasarse con la desconexión. Cuando le planteamos la posibilidad de pasar allí diez días seguidos, introdujo un pequeño matiz: tanta tranquilidad también puede cansar. Sobre todo si coincide con varios días de lluvia feroesa, que tiene fama de aparecer cuando menos se la espera… y de quedarse más tiempo del deseado.

Por eso acabó proponiendo un plan algo más equilibrado: combinar unos días en Tórshavn, la diminuta capital del archipiélago, con escapadas a pueblos como Gjógv, Saksun o Viðareiði.

La gran duda: ¿y la gente de las Islas Feroe?

Porque una cosa es querer desconectar y otra muy distinta acabar atrapado en una conversación de cuarenta minutos con un vecino especialmente simpático dispuesto a contar la historia completa del pueblo, quién construyó cada casa y por qué la panadería cerró en 1984.

Islas Feroe
Una pareja explora el desfiladero en el mirador costero en el pueblo de Gjogv, Islas Feroe
Shutterstock

También hubo espacio para esa pregunta. Y, una vez más, la inteligencia artificial tenía respuesta. Según explicó, los habitantes de las Islas Feroe suelen ser reservados, tranquilos y muy respetuosos con el espacio personal. Traducido al lenguaje cotidiano: si alguien quiere sentarse frente al mar durante dos horas sin abrir la boca, nadie va a pensar que ocurre algo raro. Lo más probable es que ni siquiera se acerquen. Y, si lo hacen, seguramente sea para comprobar que sigues respirando.

Para cualquiera que venga de sobrevivir a una comida familiar en la que un tío insiste por tercera vez en preguntar cuándo te vas a casar o para cuándo los niños, suena casi demasiado bonito para ser verdad.

La respuesta no estaba en el mapa

Llegados a ese punto, quisimos saber por qué estaba tan convencida de que las Islas Feroe eran el mejor destino para desconectar. Fue entonces cuando la conversación dio un giro inesperado. La IA dejó de hablar de fiordos y ovejas para centrarse en una pregunta mucho más incómoda: ¿por qué alguien siente la necesidad de irse a un lugar donde nadie le hable?

Su conclusión fue sorprendentemente sencilla. Quizá el problema no sea la gente. Quizá lo que se quiere dejar atrás es la sensación de estar permanentemente disponible. El teléfono. Las notificaciones. Los correos. Los grupos de WhatsApp que acumulan 256 mensajes mientras uno está comiendo. Y, por supuesto, ese ya clásico: “¿Tienes un minuto?”, una pregunta que rara vez dura solo sesenta segundos.

Ahí es donde las Islas Feroe parecen jugar con ventaja. No porque no haya internet (de hecho, lo hay y funciona bastante bien en la mayor parte del archipiélago), sino porque el paisaje invita bastante más a mirar el mar que la pantalla del móvil.

La conclusión más inesperada

La conversación terminó con un último consejo que sonó más a terapeuta que a asistente de viajes: “No hagas más de una cosa importante al día.” Una caminata. Una excursión. Y después… nada. Leer. Dormir. Mirar el mar.

Y ahí estaba la sorpresa. Después de hablar de fiordos, cobertura, pueblos perdidos y ovejas, la inteligencia artificial ya no estaba vendiendo un destino. Nos estaba vendiendo una idea: bajar el ritmo.

Al final, le preguntamos dónde irnos de vacaciones y acabó desmontando el itinerario que ya estábamos preparando. Menos sitios que tachar de una lista, menos prisas por llegar a la siguiente foto y más tardes sin hacer absolutamente nada. Que, visto así, quizá era el plan más exótico de todos.

Porque, seamos sinceros, hoy en día resulta mucho más raro encontrar dos horas para mirar el mar que encontrar un vuelo barato.

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