Tras más de cien días de conflicto, Estados Unidos e Irán han anunciado un acuerdo marco que pone fin a las hostilidades directas entre ambos países y abre la puerta a una negociación sobre el futuro del programa nuclear iraní. La firma oficial está prevista para este viernes en Ginebra, bajo mediación de Pakistán y Qatar.
El entendimiento contempla medidas inmediatas muy relevantes. Entre ellas destacan la reapertura del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas para el comercio mundial de petróleo y gas, y el levantamiento progresivo del bloqueo naval que Estados Unidos mantenía sobre los puertos iraníes. Además, ambas partes se comprometen a iniciar un periodo de 60 días de negociaciones para abordar cuestiones mucho más complejas, como el programa nuclear de Teherán y el régimen de sanciones económicas.
El presidente Donald Trump, ha presentado el pacto como una gran victoria geopolítica. Según su versión, la presión militar y económica ejercida sobre Irán habría forzado a Teherán a sentarse a negociar. Trump incluso ha llegado a afirmar que el acuerdo garantiza que el estrecho de Ormuz permanecerá abierto al tráfico comercial internacional y que ha evitado una amenaza existencial para Israel derivada de un hipotético programa nuclear iraní.

Las preguntas sin respuesta
Sin embargo, más allá de las declaraciones triunfalistas, el acuerdo deja numerosas preguntas sin respuesta.
La primera tiene que ver precisamente con el programa nuclear iraní. Teherán asegura que no pretende desarrollar armas nucleares y ha aceptado congelar temporalmente determinadas actividades sensibles, incluido el enriquecimiento adicional de uranio. No obstante, los detalles técnicos de cualquier mecanismo de supervisión siguen siendo desconocidos. Tampoco existe todavía un acuerdo definitivo sobre qué ocurrirá con las reservas de uranio altamente enriquecido acumuladas por Irán en los últimos años.
A ello se suma la cuestión de las sanciones. Fuentes iraníes sostienen que Washington se ha comprometido a no imponer nuevas medidas restrictivas durante el periodo de negociación y a facilitar el acceso a activos financieros congelados. Desde Estados Unidos, en cambio, los mensajes han sido más cautelosos. La Administración Trump reconoce la posibilidad de aliviar sanciones, pero evita confirmar algunas de las concesiones económicas mencionadas por responsables iraníes.
Otro de los principales focos de incertidumbre se encuentra en el frente libanés. Irán sostiene que el acuerdo incluye el cese de las operaciones militares en Líbano, donde los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá han provocado una peligrosa escalada regional. Sin embargo, la respuesta israelí apunta en otra dirección.

Los bombardeos no cesan en Beirut
Pocas horas antes de anunciarse el entendimiento entre Washington y Teherán, las fuerzas israelíes realizaron nuevos bombardeos sobre Beirut. Posteriormente, el ministro de Defensa israelí dejó claro que el ejército mantendrá su presencia en las zonas de seguridad que controla en Líbano, así como en otros territorios bajo disputa. La posición del Gobierno de Benjamin Netanyahu refleja hasta qué punto el consenso regional dista de estar garantizado.
De hecho, las diferencias entre Trump y Netanyahu han aflorado públicamente durante los últimos días. El mandatario estadounidense ha acusado al primer ministro israelí de dificultar las negociaciones mediante acciones militares que, según su opinión, estuvieron cerca de hacer fracasar el proceso diplomático.

Los mercados han reaccionado inicialmente con optimismo. El precio del petróleo ha registrado descensos significativos ante la expectativa de una recuperación gradual de los flujos energéticos. Sin embargo, los efectos económicos de la guerra no desaparecerán de forma inmediata y que la estabilidad dependerá del cumplimiento efectivo de los compromisos asumidos.
Por ahora, el acuerdo representa una oportunidad para reducir una de las crisis más peligrosas de los últimos años en Oriente Medio. Pero los problemas de fondo permanecen intactos. El futuro del programa nuclear iraní, las diferencias entre Estados Unidos e Israel, la situación en Líbano y el papel de las milicias respaldadas por Teherán seguirán condicionando cualquier avance.

