La firma del acuerdo de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, presentada por Washington como el inicio de una nueva fase diplomática en Oriente Medio, ha abierto una ventana de negociación que podría alterar el equilibrio regional y redefinir alianzas que parecían inamovibles. El presidente estadounidense, Donald Trump, rubricó el documento en el Palacio de Versalles, durante la recta final de su viaje al G7. Según un funcionario estadounidense, el texto fue enviado posteriormente a Teherán, donde fue firmado por el presidente iraní, Masud Pezeshkian.
El pacto abre ahora un periodo de 60 días destinado a negociar un acuerdo definitivo. El vicepresidente estadounidense, JD Vance, aseguró que tanto Washington como Teherán están cumpliendo por ahora con los compromisos adquiridos. Entre las medidas previstas figuran la reanudación de las exportaciones de petróleo iraní y la reapertura del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas para el comercio energético mundial.
Cese inmediato de la guerra en todos los frentes
Sin embargo, el alcance del acuerdo va más allá de las relaciones entre Washington y Teherán. El texto exige el cese inmediato de la guerra en todos los frentes de la región, incluido Líbano, una cláusula que ha vuelto a situar bajo presión las relaciones entre Estados Unidos e Israel. Mientras Trump ha cuestionado en los últimos días la estrategia militar israelí frente a Hizbulá, el Gobierno de Benjamin Netanyahu mantiene su intención de continuar las operaciones y conservar posiciones militares en el sur libanés.

Tras la firma del “acuerdo de entendimiento” entre Estados Unidos e Irán, la aparente alianza privilegiada que mantiene Benjamin Netanyahu con Donald Trump sigue deteriorándose. Este jueves, el primer ministro israelí insistió en que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) no se retirarán de sus posiciones en la “zona de seguridad” al sur del Líbano. Recientemente, el líder estadounidense criticó a Netanyahu por su estrategia bélica contra Hizbulá, al considerar exagerada la apuesta de tumbar edificios enteros en Beirut como respuesta al disparo de misiles contra el norte de Israel.
En el principio de acuerdo de paz firmado por Washington y Teherán, se exige un alto al fuego total en toda la región, incluido en el Líbano. El régimen iraní, que se siente reforzado por su resiliencia y capacidad negociadora pese a la desventaja militar, siente que marcará ahora los tiempos del conflicto, tanto en su territorio como en los países donde ejerce influencia mediante sus milicias aliadas.

“Devolveremos la seguridad y la prosperidad al norte”, insistió Netanyahu, que casi tres años después del 7 de octubre de 2023 -cuando Hamás masacró a 1.200 israelíes y secuestró a 251-, sigue sin definir una estrategia de guerra concreta que devuelva la calma a la ciudadanía israelí. “Esto requiere mantener presencia en el sur del Líbano, no nos marcharemos mientras la seguridad de Israel lo requiera”, aseveró Bibi.
La apertura de Ormuz
Tras la firma del “acuerdo de entendimiento” digitalmente a manos de Trump y Pezeshkian, se espera una pronta reapertura total del tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, así como un gran alivio económico para Irán, que podrá volver a comerciar con su petróleo libremente, recibir fondos congelados por Estados Unidos y una relajación de las sanciones internacionales impuestas.

La agencia oficialista iraní Mehr News celebró esta nueva fase del conflicto, interpretada por algunos de sus analistas como que Trump fue “forzado militarmente” a optar por el pacto como mejor salida a la guerra iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel. “Se ha abierto un nuevo capítulo en las tensas relaciones entre ambos países, un capítulo que se puede describir como un cambio de la confrontación a la gestión controlada de las diferencias”, resumió la agencia.
Un fracaso para Estados Unidos
La nueva cúpula del régimen iraní se mostró exultante tras la firma, catalogado como un “fracaso” para Estados Unidos. “Todo lo que buscábamos lograr mediante la acción militar, lo conseguimos con creces a través de la negociación”, declaró el negociador iraní Mohammad Bagher Ghalibaf sobre el acuerdo. Teherán insiste que, pasados 60 días de la reapertura, impondrá el cobro de impuestos a los barcos que circulen por el Estrecho de Ormuz. “Las condiciones de antes de la guerra no volverán, Irán tiene el derecho sobre la soberanía del estrecho”, recordó Ghalibaf.
Sobre el terreno en Irán, muchos ciudadanos expresaron frustración por el acuerdo, que habla sobre la reapertura del estratégico corredor marítimo del Golfo Pérsico, la resolución de la guerra en Líbano, el programa nuclear iraní o fondos financieros congelados, pero en absoluto de como mejorar las vidas de una población ahogada por el colapso económico, la guerra y la brutal represión interna.
El medio opositor Iran International recogió algunos testimonios anónimos: “Entregamos a nuestros caídos, sufrimos más hambre y pobreza, hubo guerra, nos alejamos cada vez más de nuestros sueños, sufrimos, nos mataron injustamente, pero el uranio fue el tema principal”, decía un ciudadano. “En todas estas cláusulas del acuerdo, no se mencionaba ni una palabra sobre el pueblo de Irán”, recordó otro.
Una “gran victoria” para Irán
Desde Dahiya, los suburbios al sur de Beirut controlados por Hizbulá, su líder Naim Qassem celebró también la “gran victoria” para Irán, y agradeció que se incluyera la exigencia de frenar la ofensiva israelí en territorio libanés. La milicia proiraní se unió a la guerra el 2 de marzo, cuando reanudó el disparo de proyectiles hacia el norte de Israel en respuesta al asesinato del líder supremo iraní Ali Jamenei.
En una entrevista al New York Times, el vicepresidente estadounidense JD Vance criticó que Israel confía excesivamente en la fuerza militar para solventar sus problemas, y que debería dar más “crédito” a Estados Unidos como aliado. La devastadora respuesta militar israelí contra Hamás en Gaza conllevó una pérdida sin precedentes de apoyos para Israel en Occidente, y Trump se mantuvo como el único líder global que apoyó al estado judío y a su primer ministro. Con la imposición de la tregua en Gaza, Trump salvó a los últimos rehenes israelíes vivos capturados por Hamás y detuvo las matanzas diarias de civiles gazatíes a manos del ejército israelí.

