Fiyi afronta una crisis sanitaria por el rápido avance del VIH. El Gobierno del archipiélago del Pacífico ha declarado la emergencia nacional después de registrar un fuerte incremento de los contagios, impulsado tanto por la transmisión sexual como por prácticas de riesgo relacionadas con el consumo de drogas inyectadas. Actualmente, se estima que uno de cada 60 adultos vive con el virus, mientras que hace apenas cinco años la proporción era de uno de cada 167.
Las cifras correspondientes a 2025 muestran la dimensión del problema. Durante ese año fueron diagnosticadas 2.016 nuevas infecciones, una cantidad 16 veces superior a la registrada en 2019. Ante esta evolución, el ministro de Sanidad, Atonio Lalabalavu, considera que las medidas adoptadas hasta ahora han dejado de ser suficientes y ha anunciado una respuesta que pretende involucrar al conjunto de las instituciones del país.
El Ejecutivo busca ampliar las pruebas, los tratamientos y los mecanismos de prevención. Pero uno de los principales obstáculos continúa siendo localizar a quienes tienen el virus y todavía no lo saben. Según datos de ONUSIDA, de las aproximadamente 9.100 personas que vivían con VIH en Fiyi en 2025, únicamente el 39% conocía su diagnóstico y solo el 22% recibía tratamiento antirretroviral. A escala mundial, alrededor del 78% de las personas con VIH acceden a tratamiento.

Drogas inyectadas y una práctica especialmente peligrosa
La expansión del virus está estrechamente relacionada con dos vías. Entre los casos en los que se ha podido determinar el origen de la infección, más de la mitad corresponden a transmisión sexual y más del 42% están asociados al consumo de drogas inyectadas, de acuerdo con ONUSIDA.
Dentro de este último grupo preocupa especialmente una práctica conocida como bluetoothing o hotspotting. Consiste en que una persona que ya se ha inyectado una droga extraiga posteriormente parte de su sangre para que otra se la inyecte.
La práctica supone un riesgo extremo para la transmisión de infecciones por vía sanguínea. En Fiyi se produce, además, en un contexto marcado por el crecimiento del consumo de drogas. Su posición geográfica ha convertido al país y a otras islas del Pacífico en puntos de tránsito para sustancias procedentes de América Latina y Asia con destino principalmente a Australia y Nueva Zelanda.
Parte de esas drogas, entre ellas metanfetamina y cocaína, han terminado entrando también en los mercados locales. La Iniciativa Global contra la Delincuencia Organizada Transnacional ha señalado que el tráfico aumentó considerablemente después del parón provocado por la pandemia.

El impacto entre mujeres embarazadas y bebés
Una de las consecuencias más graves de la epidemia está apareciendo entre los recién nacidos. Dos de cada 100 mujeres embarazadas viven con VIH y durante 2025 nacieron 59 bebés con el virus. De ellos, 18 murieron antes de cumplir un año.
El VIH puede transmitirse de madre a hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia. El aumento de estos casos añade presión a un sistema sanitario que ya afrontaba dificultades antes del actual repunte.
Jason Mitchell, responsable del grupo nacional encargado de coordinar la respuesta al VIH, calcula que Fiyi podría necesitar más de cinco años para controlar la epidemia. A diferencia de una crisis sanitaria como la del coronavirus, explicó a ABC News, combatir el VIH requiere una estrategia prolongada. El aumento de pacientes que necesitan atención hospitalaria está generando además una carga adicional sobre los servicios clínicos.

Más pruebas y un programa de jeringuillas
Entre las medidas anunciadas figura la ampliación del acceso gratuito a pruebas rápidas, medicamentos preventivos para personas con mayor riesgo y tratamiento para quienes hayan sido diagnosticados. El Gobierno prepara además cambios legislativos que permitan poner en marcha un programa de agujas y jeringuillas destinado a reducir los daños asociados al consumo de drogas.
Lalabalavu también ha pedido combatir el estigma que todavía rodea al VIH. “Nadie debería sentirse avergonzado, amenazado o excluido por su estado serológico”, afirmó el ministro, que advirtió de que la discriminación puede alejar a las personas de los servicios sanitarios.
ONUSIDA ha respaldado la declaración de emergencia. Su directora ejecutiva, Winnie Byanyima, considera que la decisión refleja la urgencia de elevar la respuesta y recuerda que la epidemia mundial de sida todavía no ha terminado. El organismo insiste, al mismo tiempo, en evitar el alarmismo: el VIH no se transmite mediante el contacto cotidiano y las personas que siguen un tratamiento eficaz y mantienen una carga viral indetectable no transmiten sexualmente el virus.
Con apoyo de Australia, Nueva Zelanda, India, Naciones Unidas y el Fondo Mundial, Fiyi intenta ahora frenar la epidemia.

