Se pasó la vida demostrando que podía ganar a los hombres en su propio tablero. Ahora, a punto de cumplir 50 años, Judit Polgár se enfrenta a la partida más inesperada de todas: la presidencia de Hungría. El primer ministro, el conservador Péter Magyar, se ha reunido este lunes con la considerada mejor ajedrecista de todos los tiempos para preguntarle si acepta convertirse en jefa del Estado, un cargo que ninguna mujer ha ocupado en la historia del país. “Me reuniré con ella y le preguntaré si está dispuesta a servir a nuestro país en este nuevo cargo hasta la aprobación de la nueva Constitución”, anunció Magyar, ya no disimula su entusiasmo y consideraría “un gran honor” que aceptara.
La propuesta no salió de un despacho, sino de la sociedad civil. 16 personalidades de la ciencia, la cultura y el deporte húngaros enviaron una carta a la presidenta del Parlamento, Ágnes Forsthoffer, recomendando a Polgár como la persona capaz de “encarnar la unidad nacional, el orgullo nacional, dar ejemplo y, sobre todo, servir a la nación”. La iniciativa la impulsó, además, otra mujer: Tímea Nagy, doble campeona olímpica de esgrima y presidenta de la Asociación de Atletas Húngaros Inmortales.

El eco de Orbán
El momento político no puede ser más delicado. La oferta llega un día después de que el presidente saliente, Tamás Sulyok, un hombre leal al exprimer ministro Viktor Orbán, firmara la reforma constitucional que incluye su propia destitución este 20 de julio, no sin antes tildarla de “un grave y vergonzoso ejemplo histórico de abuso del poder político”. El Parlamento dispone ahora de 30 días para elegir a su sucesor, y Magyar, que arrebató el poder al orbanismo, busca para ese puesto un perfil ajeno a las trincheras. “El reconocimiento que ha recibido no se debe a sus afiliaciones o conexiones políticas, sino a su excepcional talento, dedicación, resiliencia sin precedentes e integridad”, defendió el primer ministro.
Si hay una biografía que respalde esas palabras, es la de Polgár. Nacida en Budapest en 1976, creció en un experimento educativo de su padre, el pedagogo László Polgár, empeñado en demostrar que los genios se hacen, no nacen. Sus tres hijas fueron educadas en casa con el ajedrez como asignatura central, y la menor llegó más lejos que nadie. A los 12 años ya era la número 1 del mundo femenino, un trono que no soltó durante 26 años ininterrumpidos, hasta su retirada en 2014. Pero su verdadera revolución fue negarse a competir solo contra mujeres. Polgár se plantó en los torneos absolutos, llegó al octavo puesto del ranking mundial y derrotó a la élite masculina al completo, incluidos Garry Kasparov, Anatoly Karpov y Magnus Carlsen. En un deporte que durante décadas teorizó sobre la supuesta inferioridad intelectual femenina, ella desmontó el prejuicio a base de jaques.

Una Hungría al fin feminista
Por eso su posible llegada a la jefatura del Estado tendría una carga demasiado importante. Hungría es uno de los países de la Unión Europea con menor presencia femenina en política: ninguna mujer ha sido presidenta de la República el breve mandato de Katalin Novák, forzada a dimitir en 2024, fue la única excepción en el cargo- y el Parlamento arrastra una de las tasas de diputadas más bajas del continente. Que la candidata a recomponer la unidad nacional tras la era Orbán sea una mujer que hizo carrera venciendo a los hombres en un terreno extremadamente complicado para ellas es una toda una declaración de intenciones.
Queda la incógnita de su respuesta. Polgár, casada y madre de dos hijos, lleva una década volcada en la promoción educativa del ajedrez y alejada de la política. “El nombre de Judit Polgár ha sido sinónimo de talento y perseverancia durante décadas”, escribió Magyar. Hoy sabrá si esa perseverancia está dispuesta a mudarse al palacio presidencial. La gran maestra tiene el movimiento.

