Cuando Sarah Fitzpatrick publicó su investigación sobre el director del FBI, Kash Patel, en The Atlantic, seguramente se esperaban algún comentario negativo o ataque. Sin embargo, lo que ocurrió fue una demanda por difamación de 250 millones de dólares, una investigación penal por filtración de información y una historia muy insólita sobre botellas de bourbon personalizadas.
El artículo original de Fitzpatrick, publicado a finales de abril, se basaba en más de dos docenas de fuentes: funcionarios actuales y antiguos del FBI, personal de las fuerzas del orden, trabajadores del sector hostelero, miembros del Congreso y operadores políticos. La mayoría habló de forma anónima, alegando temor a represalias.
El consumo de alcohol del director del FBI
Según sus fuentes, Patel había alarmado a sus colegas con episodios de consumo excesivo de alcohol y ausencias inexplicables. El 10 de abril, tras tener dificultades para iniciar sesión en un sistema informático interno, se convenció de que había sido despedido y llamó frenéticamente a sus ayudantes y aliados. Dos fuentes describieron su reacción como un “ataque de pánico”. Funcionarios del FBI, miembros del Congreso y la Casa Blanca recibieron llamadas preguntando quién estaba ahora al mando de la agencia. Resultó que Patel no había sido despedido: el problema había sido un fallo técnico.

Las acusaciones relacionadas con el consumo de alcohol eran más graves. Varios funcionarios actuales y antiguos contaron a Fitzpatrick que Patel bebía hasta llegar a un estado de embriaguez evidente en Ned’s, un club privado de Washington D. C., y en el Poodle Room de Las Vegas, donde solía pasar los fines de semana -a veces en presencia de personal de la Casa Blanca-. Al principio de su mandato, hubo que reprogramar reuniones debido a sus noches de juerga. En múltiples ocasiones, según se informa, los miembros de su equipo de seguridad tuvieron dificultades para despertarlo. Al parecer, se llegó a solicitar “equipo de asalto” -normalmente reservado para los equipos SWAT- porque no se podía localizar a Patel tras puertas cerradas con llave.
EXCLUSIVE: Kash Patel’s colleagues are alarmed by what they say is erratic behavior and excessive drinking. I spoke with more than 2 dozen people with knowledge of his conduct, some of whom described it as a national security vulnerability. @TheAtlantic https://t.co/fLCGyGjVwl
— Sarah Fitzpatrick (@S_Fitzpatrick) April 17, 2026
Antiguos funcionarios y actuales y expresaron a la periodista que sus preocupaciones se extendían a la seguridad nacional. Con Estados Unidos inmerso en una campaña militar contra Irán, la disponibilidad del director del FBI en caso de crisis no era un asunto menor. “Eso es lo que me quita el sueño”, aseveró un funcionario.
La demanda de Patel
La respuesta de Patel al primer artículo sobre él no se hizo esperar. La demanda por difamación, presentada ante el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos en Washington D.C., acusaba a Fitzpatrick y a The Atlantic de afirmar falsamente que el director del FBI era “un alcohólico habitual, incapaz de desempeñar las funciones de su cargo”, una amenaza para la seguridad pública, vulnerable a la coacción extranjera y alguien que había violado las normas éticas del Departamento de Justicia. La demanda también alegaba que los periodistas habían ignorado pruebas que contradecían su tesis central.

“Nunca he estado ebrio en el trabajo”, declaró Patel públicamente. “Y por eso hemos presentado una demanda por difamación de 250 millones de dólares. Cualquiera de vosotros que quiera participar, adelante. Nos vemos en los tribunales”.
The Atlantic fue tajante en su respuesta. “Mantenemos nuestra información sobre Kash Patel y defenderemos enérgicamente a The Atlantic y a nuestros periodistas contra esta demanda infundada”, declaró un portavoz.
Statement from @JeffreyGoldberg @TheAtlantic : pic.twitter.com/Rtam1W17AN
— Sarah Fitzpatrick (@S_Fitzpatrick) May 8, 2026
El FBI también inició una investigación criminal para determinar si se había filtrado información a Fitzpatrick, lo que añadió una dimensión judicial a lo que ya era un enfrentamiento inusualmente directo entre un jefe de las fuerzas del orden en activo y la prensa.
Las botellas de bourbon
Precisamente cuando se conocía la demanda por difamación, la periodista contraatacó con otro reportaje. Tras la publicación de su artículo original, fuentes del entorno de Patel le contaron que el director del FBI solía viajar con un suministro de bourbon personalizado: botellas de Woodford Reserve grabadas con las palabras “Kash Patel, director del FBI”, que llevaban el escudo del FBI, un águila y el número 9, en referencia a su lugar en la historia de la agencia. Algunas botellas también llevaban su firma y la inscripción “Ka$h”, su forma preferida de escribir su nombre, con la “s” con el símbolo del dólar estadounidense.

Según se informa, Patel repartió las botellas entre el personal del FBI y los civiles con los que se cruzó en el ejercicio de sus funciones oficiales, incluso durante al menos un acto del FBI. Su equipo transportó el whisky en un avión del Departamento de Justicia, entre otros, en un viaje a Milán durante los Juegos Olímpicos de febrero. Una botella se quedó olvidada en un vestuario. En ese mismo viaje, se grabó a Patel bebiendo cerveza con la selección masculina de hockey de Estados Unidos, un comportamiento que, según los funcionarios, disgustó al presidente Donald Trump, que es abstemio. Patel se defendió diciendo que estaba celebrando con sus “amigos” del equipo.
Ocho personas, entre las que se incluyen empleados actuales y antiguos del FBI y del Departamento de Justicia, confirmaron a Fitzpatrick la distribución de las botellas. The Atlantic compró una a través de un sitio web de subastas en línea, vendida por una fuente anónima que afirmó que había sido un regalo de Patel en un evento en Las Vegas.
