Europa quiere pisar el freno y el acelerador al mismo tiempo en la carrera mundial por la inteligencia artificial. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha respaldado este miércoles la posibilidad de ralentizar el desarrollo de los modelos de IA más avanzados cuando existan riesgos de seguridad, mientras reclama precisamente lo contrario para las infraestructuras tecnológicas europeas: más capacidad de cálculo, más inversión y una menor dependencia exterior.
La posición fue expuesta durante su discurso sobre el Estado de la Unión ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo. El mensaje introduce una distinción que será cada vez más importante en la política tecnológica comunitaria. Bruselas no pretende detener la adopción de la inteligencia artificial, sino separar la expansión económica de la tecnología de la carrera por construir modelos cada vez más poderosos.
El aviso de Von der Leyen sobre la IA de frontera
Ursula von der Leyen centró buena parte de su advertencia en la denominada IA de frontera, el término utilizado para describir los sistemas situados en el límite de las capacidades tecnológicas actuales. Son modelos capaces de asumir tareas cada vez más complejas y que han provocado un creciente debate dentro de la propia industria sobre hasta dónde puede mantenerse su desarrollo al ritmo actual.
“A medida que los modelos de frontera se vuelven más capaces, estos riesgos se han vuelto más claros”, señaló la presidenta de la Comisión, según recoge Euronews. Von der Leyen advirtió además de que los nuevos sistemas podrían permitir ataques informáticos de una sofisticación hasta ahora impensable y terminar siendo utilizados por actores hostiles.
La dirigente europea fue todavía más explícita al recoger el cambio de discurso que se está produciendo dentro de algunas de las principales compañías tecnológicas. “Los consejeros delegados de las empresas más avanzadas nos dicen que ha llegado el momento de ralentizar los modelos autorrecursivos. De acompasar la frontera. Si quienes desarrollan la tecnología lo tienen claro, nosotros también deberíamos tenerlo”, afirmó.
El planteamiento no equivale a congelar la investigación. La idea de pace the frontier que está ganando terreno entre algunos investigadores y ejecutivos consiste en evitar que las capacidades de los modelos avancen más rápido que los mecanismos destinados a evaluarlos y controlarlos.
Bruselas quiere sentar a las grandes compañías en la misma mesa

El siguiente movimiento de Ursula von der Leyen será llevar el debate directamente a los laboratorios que desarrollan los sistemas más avanzados. La presidenta anunció que convocará a las principales compañías de IA de frontera para discutir cómo pueden las instituciones respaldar los esfuerzos de la industria para reducir los riesgos derivados de esta carrera tecnológica.
La Comisión también pretende reforzar la cooperación con Canadá, Reino Unido y otros socios en cuestiones como la evaluación independiente de modelos, los sistemas de alerta temprana, la verificación y la seguridad de la inteligencia artificial.
Europa cuenta además con una herramienta regulatoria que no existía durante las primeras fases de la explosión generativa: la Ley de Inteligencia Artificial de la UE, que establece obligaciones específicas para los modelos considerados de riesgo sistémico y otorga a las instituciones comunitarias capacidad para supervisar determinadas medidas de mitigación.
Frenar los riesgos mientras Europa acelera su capacidad tecnológica

La aparente paradoja está en que Bruselas quiere ralentizar determinados desarrollos mientras intenta aumentar radicalmente su propia potencia tecnológica. Ursula von der Leyen lleva meses defendiendo que Europa necesita disponer de infraestructura propia para entrenar, desarrollar y ejecutar sistemas de inteligencia artificial sin depender de manera estructural de Estados Unidos o China.
La Comisión ha convertido esta cuestión en una pieza central de su estrategia de soberanía tecnológica. El plan incluye fábricas y gigafactorías de inteligencia artificial, nuevos centros de datos, supercomputación y medidas para reforzar la industria europea de semiconductores.
La última convocatoria comunitaria para desarrollar gigafactorías pretende movilizar más de 30.000 millones de euros. A ello se suma el programa InvestAI, presentado anteriormente con el objetivo de movilizar hasta 200.000 millones de euros en inversiones vinculadas a la inteligencia artificial.
El mensaje que deja Estrasburgo es, por tanto, doble. Europa no quiere renunciar a competir en inteligencia artificial, pero tampoco quiere que competir signifique avanzar sin límites. Bruselas intenta construir una posición propia entre ambos extremos: aumentar la capacidad tecnológica europea mientras reclama más tiempo, controles y cooperación internacional alrededor de los sistemas capaces de llevar la IA hacia territorios todavía difíciles de prever.

