Opinión

A lomos del odio

FOTODELDIA ROMA, 27/05/2026.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ofrece una rueda de prensa en la Embajada de España en el Vaticano, este miércoles. Sánchez se reunió este miércoles por primera vez con el papa León XIV en el Vaticano donde constató la sintonía que mantienen en temas como la defensa de la paz, la migración o la inteligencia artificial y donde abordaron la necesidad de diálogo entre iglesia, gobierno y sociedad. EFE/Fabio Frustaci
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EFE/Fabio Frustaci
EFE/Fabio Frustaci
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Ya no hay muro, quedan los rescoldos de un naufragio que se estira hasta la agonía. Pedro Sánchez nos ha acostumbrado a que siempre haya un paso más en su ruta de la indignidad. Siempre hay una línea roja por traspasar, una institución respetable a la que arrastrar por el fango, un límite pulverizado. Sin embargo, con Ceuta, todos esos puntos de no retorno que creíamos insuperables, han saltado por los aires. La imagen que ha dado, y está dando, el Gobierno de España en la gestión de esta crisis se cuela sin lugar a duda en el podio de escándalos de esta etapa negra de la política de nuestro país, y eso que el historial es muy largo.

No hay argumento fanático capaz de tapar lo que se ha visto y vivido en la ciudad autónoma desde el primer día. Hoy, casi un mes después, vuelve a ser lamentable echar la vista atrás y ver aquella declaración tuitera del ministro de transportes, Óscar Puente, cuando en su habitual histrionismo se vanaglorió a las 48 horas de que ‘Pedro Sánchez había solucionado otra crisis’. Es de imaginar que durante aquellos instantes creían que el comodín marrullero del racismo y el fascismo les salvaría de ser señalados como los verdaderos incompetentes del drama. Como de costumbre, trataron de señalar a todos lados, intentando escurrir el bulto para no asumir responsabilidades.

Pero esta vez no fue así, y eso que le pusieron empeño propagandístico para imponer su realidad paralela. No lo lograron, la situación en Ceuta era tan insostenible que se consiguió romper ese manto de mentira, odio y división con el que suelen enfrentar cada crisis. La verdad de lo que estaba sucediendo arruinó por completo el silencio y la falsa normalidad con la que querían decorar todo, y esa fisura en la patraña hizo que, por primera vez en mucho tiempo, el bloque de fieles y de hooligans empezasen a replantearse públicamente si su amado líder y su consejo de ministros no estaban incurriendo en una dejación de funciones de magnitudes bíblicas.

No es que se les haya ido nada de las manos, es que nunca quisieron ni rozarlo. La estrategia era la de siempre, pasar de puntillas con dos proclamas vagas sobre el asunto, señalar con el dedo a la oposición y continuar masajeando a los verdaderos causantes del problema: el Reino de Marruecos. Conforme avanzaron los días y la información apuntaba a que el caos fue originado a conciencia por ese vecino al que ellos llaman ‘socio fiable’, y al ver que la ciudad continuaba sumida en el descontrol y la excepcionalidad, la improvisación y la responsabilidad por inacción de la Moncloa ya fue imposible de esconder.

Y volvemos a una de las preguntas que pusimos durante las primeras horas en este espacio encima de la mesa y que dijimos que iba a ser de crucial importancia en toda esta historia: el papel de los servicios de inteligencia. Anteayer fue Margarita Robles la que en el Congreso aclaró que sí, que por supuesto que el CNI avisó de que iba a producirse esa marcha invasiva hacia nuestro territorio. Horas después, Grande Marlaska le llevó la contraria, como al filo de la noche hizo también el propio Gobierno, desmintiendo, vía comunicado de la Delegación del Gobierno, a la señora Robles. Para que entendamos cómo está la cosa. El ministerio de Interior de nuestro país dice que el ministerio de Justicia miente.

Justo el mismo día en el que el Gobierno de España concedía lo que el presidente de Ceuta, Juan José Vivas, llevaba suplicando desde el primer momento: la creación del mando único. Es imposible explicar por qué un mes después, justo cuando el presidente del Gobierno decide interrumpir sus sonrojantes vacaciones, acceden a tomar una medida que se lleva exigiendo desde el minuto uno de la crisis. Lo único que significa es que han estado más de veinte días perdiendo el tiempo, engañando a los españoles, quitándole hierro a un asunto que era una emergencia nacional, para luego acabar reconociendo que era una emergencia nacional.

Mientras nos convencían de que se estaba exagerando, mientras seguían con el cuento de que Marruecos era un socio fiable y se nos hablaba de playlist de Spotify, el pueblo ceutí sufría y era atacado con la soberbia y la displicencia de políticos socialistas y pseudoperiodistas entregados al relato gubernamental. Pero es que esto no acaba aquí, Sánchez ha decidido que su única estrategia es seguir alimentando la polarización y el odio hacia su persona. Es Nerón incendiando con su irresponsabilidad una España que ya no consigue entender de qué va todo esto. Sánchez decidió que, tras su pequeño parón para asistir al Consejo de Seguridad Nacional, volvía a irse de vacaciones, esta vez a Andorra. Justo cuando hay padres en Ceuta decidiendo si mandan a sus hijos al Colegio a principios de septiembre. Quiere que el odio llegue hasta cotas tan insoportables que los suyos, los que le han dado la espalda por su vergonzosa actuación, vuelvan a empatizar con él y a otorgarle esa carta de libertad del mal menor. Está fomentando el odio para que el odio lo absuelva. Es el peor presidente del Gobierno que ha tenido España en su historia, el más irresponsable. Uno al que no le importa un comino lo que pase con su país.

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