Raúl Cimas no es el español más gracioso por culpa de un influencer –para qué adjetivar– que se gana la vida como ministro de Exteriores. En José Manuel Albares convergen Esteso y Marvin el Marciano, Vicentín el de La hora chanante y Jesús, el protagonista de Vergüenza. Si bien, francamente, una preposición impide la competencia directa entre el humorista albaceteño y el político madrileño –el primero provoca la risa con; el segundo, la risa de–, ambos generan descojones genuinos, magnéticos, inevitables. Así, un paseo por Manhattan del diplomático aguanta la comparación con la genial historia de la ferretería “Los Franchutes”.
Ronda Albares con encanto y con primor por “NUEVAYoL” para, tal y como él mismo explica mientras mira a la cámara de su teléfono móvil y camina sabedor de lo bueno que está y del calibre de su piquete, “participar en la Asamblea General de la ONU”, reformar el “multilateralismo” para “hacerlo más inclusivo” –pichí pichá: Sánchez pasó de asistir a la recepción de Trump– y apoyar “la paz en Ucrania y en Oriente Medio”, siempre y cuando se oficialice el catalán, se entiende.
@jmalbares Ya en Nueva York para la semana ministerial @UN UNGA81. España defenderá el derecho internacional y los derechos humanos. Poner fin a la guerra en Ucrania y en Oriente Medio. La Cumbre Iberoamericana de Madrid ocupará buena parte de mi agenda.
Los votos que el Gobierno se deja en Ceuta los intenta recuperar en las redes con intervenciones dirigidas a sus feligreses y, sobre todo en TikTok, a los chavales cuyos resultados han desplomado la comprensión lectora en el último PISA. La jugada es pertinente y, manque algunos de estos vídeos nos causen sonrojo e incluso nos indignen –como el de la playlist del presidente del Gobierno al poco de la, según el propio Sánchez, “violación de la integridad territorial de España” en Ceuta–, en el fondo, no andan lejos de los magníficos, cínicos y certeros versos que el Fénix de los Ingenios escribió hace más de cuatro siglos: “Porque, como las paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto”.
El genovesismo rampante no ha desaprovechado la ocasión de hacer sangre. Miguel Tellado: “Mientras Ceuta sufre una invasión, Albares se graba jugando a los selfies en Nueva York. En el Tarajal no podría”. Cayetana Álvarez de Toledo: “Clouseau takes Manhattan. Y del ridículo no se vuelve”. Rafael Hernando: “Si los tontos volarán (sic) lo harían ministro del aire”. Ninguno se refirió en sus tuits a las inquietantes declaraciones del titular de la cartera de Exteriores de este lunes, cuando dijo que no es “el abogado de Marruecos” –excusatio non petita, etcétera– y que los tipos que, cuando menos, permitieron la invasión de los días 30 y 31 de julio, le han garantizado que este miércoles, mientras celebran elecciones legislativas, no habrá un nuevo asalto masivo. Como diría el Fidel Castro de Los Simpson que sólo quería ver de cerca el billete del trillón de dólares: “Pero aquí todos somos amigoh, chico”.
Hay quien suplica, a la manera del Petronio de Sienkiewicz –“Salud, augusto, y no cantes; asesina, pero no hagas versos; envenena, pero no bailes; incendia, pero no toques la cítara”–, que el campechano Albares se deje de chorradicas tiktokeras y que, por ejemplo, convoque de una maldita vez una rueda de prensa para corresponsales diplomáticos –la última la dio el 18 de mayo–. Que dé una imagen de seriedad y esas cosas. Yo, en cambio, le ruego al ministro que persevere en sus oposiciones a Inés Hernand: puestos a contemplar cómo arde Roma, mejor hacerlo entre risas. Si te quieres divertir…

