Si hace un año Pedro Sánchez vivió en la Asamblea General de la ONU, en septiembre de 2025, uno de sus momentos más dulces en su papel de líder del progresismo mundial, este lunes va a aterrizar en Nueva York en sus horas más bajas tras la crisis de Ceuta. Durante aquella intervención, el presidente del Gobierno exigió que Palestina fuera miembro de pleno derecho de las Naciones Unidas y reclamó un alto al fuego inmediato en Gaza.
Sánchez y su equipo también quieren agitar este año la bandera antiTrump que tan buenos resultados les reporta fuera de España y ya ha comunicado que no asistirá mañana, martes, a la recepción que ofrece en Nueva York el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a los cabezas de delegación de los países con motivo del inicio del 81 periodo de sesiones de la Asamblea de la ONU. El presidente español recibió la invitación de Trump para estar presente en esa recepción, que es habitual todos los años con motivo de la Semana de Alto Nivel de la ONU, pero no irá finalmente a ella, según fuentes de su Gobierno, por motivos de agenda, aunque ésta aparece vacía a esa hora.
En una lógica de desafío trumpista, Sánchez también se ha organizado su cita con el alcalde musulmán de Nueva York, Zohran Mamdani, así como una visita a Harvard para defender su modelo económico “inclusivo” y un desarrollo humanista de la Inteligencia Artificial. Lo que no va a poder hacer durante su visita, sin embargo, es rehuir el tema de Ceuta -no puede hacerlo- y tratará de explicar su posición. De hecho, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, va a reunirse con su homólogo marroquí, Naser Burita, por primera vez tras el asalto, aunque asegura que están siempre en contacto.
Pero de entrada ya se descarta promover una declaración conjunta o de apoyo, porque no se lograría. Sánchez llega además a la ONU tras el revés de la resolución que el Partido Popular Europeo acaba de sacar adelante en la Eurocámara que culpa a Marruecos. Desembarca en unas Naciones Unidas tomadas por Marruecos y cuando su posición entreguista a este país desactiva su pretendido papel de azote de Trump. Sánchez no se atreve a enfrentarse a la dictadura marroquí, que estrecha cada vez más sus lazos con el presidente de EEUU.
Firma del acuerdo Marruecos-EEUU-Israel
La semana pasada el reino alauita ha vivido unas jornadas doradas en Nueva York llenas de símbolos a su favor. El momento clave se ha vivido el pasado miércoles, con la firma del acuerdo histórico con EEUU e Israel por el que intercambiarán embajadas, elevando así sus relaciones diplomáticas, durante una reunión entre el ministro marroquí de Exteriores, Naser Burita, su homólogo israelí, Gideon Saar, y el embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz. Precisamente los tres actores a los que se ha señalado como responsables del asalto a Ceuta. Al primero le acusa la mayoría de la población española y la Inteligencia nacional, así como el Parlamento Europeo. A los dos últimos, junto con Rusia, apunta Sánchez.
Este impulso a las relaciones de estos tres países está contemplado en el texto suscrito en diciembre de 2020 en el marco de los Acuerdos de Abraham y sus implicaciones son mucho más profundas de lo que pudiera parecer. Y muy preocupantes para España, según advierten analistas de relaciones internacionales.
Reconocen el Sáhara marroquí
En la declaración conjunta, EEUU e Israel “reafirman” el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre “todo el territorio del Sáhara Occidental” y el apoyo a la propuesta “seria, creíble y realista” de Rabat como la única base para una solución justa y duradera a la disputa. “Cualquier otra vía prologará el statu quo y es inaceptable. Esta solución, que se necesita de manera urgente, no solo traerá paz a la región, sino también prosperidad y una mayor integración para toda África”, dice la nota.
En este punto, España se encuentra también del lado de Marruecos tras el giro inexplicado de Sánchez en 2022. Es decir, apoyando al fuerte y la posición de Trump. A lo que se añade que después del Sáhara, vienen Ceuta y Melilla en la hoja de ruta marroquí, e incluso Canarias.
El pasado abril, congresistas de EEUU próximos a Trump publicaron un informe que sostiene que Ceuta y Melilla están en territorio marroquí.
Armas y abandono de Palestina
Estados Unidos e Israel vienen además reforzando militarmente a Marruecos, que accede a tecnología que puede implicar una ventaja considerable sobre España.
Esta alianza a tres deja a la causa Palestina sin un aliado como Marruecos, que no ha dudado en dejarla de lado para ganar el apoyo a sus pretensiones sobre el Sáhara y todas las ventajas geoestratégicas, tecnológicas y militares que le ofrecen.
El ‘submarino’ de Marruecos en el Sáhara
Con Waltz se ha conseguido reunir Hach Achmed Bericalla, líder del Movimiento Saharauis por la Paz que defiende las tesis de Marruecos. Bericalla, un tránsfuga saharaui al que el CNI vincula a la Inteligencia marroquí, fue recibido por Waltz el pasado junio en Nueva York. Se celebraba entonces el Comité de Decolonización, que acabó muy dividido sobre el Sáhara y con Marruecos ganando posiciones.
Éste es el escenario que se abre a España tras el que puede ser el último viaje de Sánchez a la ONU. En una Asamblea en la que Marruecos ha sido el país elegido por António Guterres, también de salida, para ocupar el primer asiento, y en la que Miguel Ángel Moratinos, Alto Representante de la Alianza de Civilizaciones, ha dicho este jueves que “su Majestad Mohamed VI nos ha enseñado el camino” sobre cómo crear las condiciones para la tolerancia y el respeto mutuo en la sociedad internacional.

