Como me despierto pronto, muy pronto, muchas noches de madrugada, en esa oscuridad que me rodea, conecto mi querido transistor y escucho el programa de Carlos Moreno “El Pulpo”. Se llama “Poniendo las calles” y se emite en la COPE. “El Pulpo” es un veterano y entendido DJ que domina el micrófono como pocos. Es cercano, familiar, humilde, es algo así como el cuñado que hubieras querido tener y no tienes. Llama a sus oyentes “ponedores” y dedica su homenaje noctívago y diario a esos hombres y mujeres que trabajan en la noche para que cuando los demás salgamos a la calle todo esté listo. Son los camioneros, los panaderos, los policías, la guardia civil, los limpiadores, los seguratas, los barrenderos y tantos otros. “El Pulpo” es muy español y reparte diplomas a sus oyentes con la bandera de España, a la que cada día más quiero. No habla de política, sólo trata noticias positivas, esas que a todos nos unen.
Así que hoy me he animado a hacer eso en mi semanal columna. En esta España bipolar en el que unas cosas funcionan y otras parecen una calamidad, hay un sector empresarial que lleva décadas demostrando su competitividad, su calidad y su atrevimiento para enfrentar sus proyectos con los mejores del mundo en los territorios más exigentes. Me refiero a las constructoras. Llamémoslas así, aunque en realidad hace mucho que dejaron de serlo. Más bien podríamos denominarlas promotoras de infraestructuras. Con sus matices, se ocupan de su diseño, financiación, construcción, gestión y mantenimiento. Durante muchos años trabajé en este sector, en la que posiblemente es la mejor de todas. Así que conozco bien a sus directivos, a sus profesionales, a sus trabajadores, al igual que sus intríngulis, proyectos y planes. Al frente de algunas de ellas aparecen alguno de los mejores empresarios del país como es el caso de Rafael del Pino o de Florentino Pérez, quien además preside el club de mis amores.
Hace unos días leíamos que Ferrovial, FCC, ACS y Sacyr se presentarían al Metro de Dublín, con un paquete de 16.000 millones de euros. Pero las vemos en Londres, en París, en Sídney, en Toronto, en Atlanta, en Nueva York. Allí donde haya una licitación ambiciosa, están los ingenieros, los financieros, los abogados españoles pugnando por presentar el mejor proyecto.
Estados Unidos, con la inmensidad de sus dimensiones y la necesidad de renovar sus ya avejentadas infraestructuras y levantar otras nuevas, es el gran escenario de la batalla. Una vez, más Ferrovial, ACS, FCC, Sacyr y Acciona afilan sus lápices para disputarse dos proyectos faraónicos. Se trata de las dos mayores autopistas de peaje dinámico. Una, es la I-24 Sudeste de Tennessee, recientemente ganada por Ferrovial y sus socios con una oferta tan agresiva que ha levantado ronchones en el sector. La otra, la I-285 Este de Georgia. Cada proyecto, se evalúa en unos 4.000 millones de dólares. Los grupos españoles se enfrentarán a franceses, neerlandeses, americanos, australianos e israelíes, tanto por la ingeniería y construcción como por la gestión de la concesionaria. Más a medio plazo nuevos proyectos similares aparecen en el horizonte. Por ejemplo, la I-77 Sur de Carolina del Sur, I-285 Oeste de Georgia, I-495 Sur de Virginia o I-65 de Tennessee. En el argot este tipo de autopistas son como managed lanes. Son muy apropiadas para zonas de alta congestión urbana, cuya población sufre continuos atascos. El ganador se compromete a mejorar y mantener los carriles de libre circulación, a cambio de que el concedente le permita desarrollar otros carriles para aplicar un peaje dinámico, en función de una velocidad garantizada. Todo funciona con sensores y el automovilista recibe al final de mes la cuenta, como si fuera la factura del teléfono. No todas las empresas de infraestructuras cuentan con la capacidad de ingeniería y de gestión de tráfico para encargarse de éxito de estos proyectos. Ferrovial, posiblemente, exhibe la experiencia más dilatada y contrastada por sus proyectos como la impresionante 407 ETR, que abraza Toronto; la LBJ, la NTE y a NTR 35W, de Texas; la I-77, de Carolina del Norte y la excelente I-66, de Virginia.
La pandemia del Covid y el inicio de la guerra de Ucrania supusieron un serio contratiempo para este grupo de empresas. La inflación y la falta de suministros les condicionó para ajustar los gastos y controlar los riesgos, de cara a no ver mermada la rentabilidad de los proyectos. En construcción los márgenes son muy pequeños y cuando una obra entra en barrena se puede perder hasta la camisa. Por estas razones, muchas de ellas están reduciendo el peso de la construcción y abriendo espacio para la concesión de infraestructuras de transporte, junto a los de agua, energía o los centros de datos, el último grito del sector. También han cambiado sus prioridades geográficas. Se orientan, sobre todo, a Estados Unidos y Canadá, el Reino Unido y Australia. Más relegados queda América Latina u Oriente Medio, en el que más de uno y más de una vez han tenido muy malas experiencias.
La Bolsa, siempre atenta al acierto de sectores y empresas, ha premiado sobradamente el sector. La fuerte inversión en infraestructuras de los Estados Unidos, el aumento de los negocios concesionales, la irrupción de los centros de datos y energéticos y la mejora de los márgenes de construcción son los pilares de este comportamiento. Sin duda alguna, las de mayor éxito están siendo ACS, con una revaloración desde 2023 de casi el 300%, y Ferrovial, del 120%. Sacyr, de mucho menor tamaño, lo ha hecho en un 65%, mientras Acciona, FCC y OHLA han mostrado un comportamiento más volátil y errático.
En lo que va de 2026, la tendencia se repite, situándose todas ellas en una horquilla que se podría establecer entre el 5% y el 15%, apareciendo Sacyr como una de las revelaciones del año y mostrando Acciona una recuperación de pasados ejercicios mediocres.
Así están las cosas. Podemos afirmar que España es un gigante mundial de este sector y que sería difícil encontrar un proyecto importante en algún lugar de este mundo en el que las empresas españolas no participaran con vitola de ganador. La clave de su acierto está en su capacidad para migrar del estricto negocio de la construcción y los servicios municipales a las concesiones de infraestructuras de transporte, de agua y de energía. También a su capacidad para competir sin complejos con los mejores en los países más exigentes del mundo. Y, por qué no decirlo, a la calidad técnica de sus ingenieros, financieros, abogados y profesionales.
Por estas razones, por estos hechos, podemos sentirnos orgullosos de estas empresas y saber que muchos metros, aeropuertos, autopistas o red ferroviaria de las mejores ciudades del mundo lleva el marchamo español. Y que estas empresas siguen bien posicionadas para seguir compitiendo en el mundo que viene. Da gusto escribir de buenas noticias, como cada madrugada pregona “El Pulpo”.

