Opinión

Cristina Fallarás: desobedecer el silencio

Cristina Fallarás
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Hay silencios que condenan. Las mujeres hemos aprendido a convivir con ellos. Son los silencios que nos hacen dudar antes de contar una agresión, un abuso o una humillación; los que nos llevan a pensar si merece la pena hablar porque, probablemente, nadie nos creerá o porque el precio será demasiado alto. Precisamente contra ese mecanismo invisible se levanta La Nuestra, la nueva red impulsada por la periodista Cristina Fallarás, que estos días ha celebrado su festival itinerante en Barcelona.

El archivo vivo que está construyendo Fallarás tuvo su presentación esta semana en un acto en la playa del Somorrostro. Más que una plataforma digital, La Nuestra aspira a convertirse en un espacio de memoria colectiva sobre las violencias machistas, construido a partir de los testimonios de las mujeres. Un lugar donde las experiencias no desaparezcan arrastradas por el algoritmo de las redes sociales ni queden relegadas al olvido.

La periodista recibió numerosas muestras de apoyo en la puerta de los juzgados
Efe

Porque eso es, probablemente, lo que más incomoda del proyecto: parte de una idea muy sencilla. Cuando una mujer cuenta lo que le ha ocurrido y otra se reconoce en ese relato, el silencio deja de ser individual y se convierte en una conversación colectiva. Y cuando eso sucede, ya no resulta tan fácil mirar hacia otro lado.

Pero esa conversación también tiene un coste. Fallarás lo sabe mejor que nadie. Mientras presenta La Nuestra por distintas ciudades, continúa haciendo frente a varios procedimientos judiciales relacionados con la publicación de testimonios sobre violencia machista en redes sociales. En conjunto, las reclamaciones económicas que afronta rondan el millón de euros. Hombres que aseguran haberse sentido perjudicados por relatos en los que, en algunos casos, ni siquiera aparecían identificados con nombres y apellidos. Esta misma semana deberá comparecer en un nuevo juicio.

Es inevitable preguntarse qué significa que una periodista pueda acabar dedicando más tiempo a preparar su defensa que a desarrollar un proyecto colectivo. O qué mensaje reciben las mujeres que deciden contar lo que han vivido cuando observan que quien les da voz termina sentado ante un juez.

Ese es, probablemente, el gran debate que plantea La Nuestra. No solo el de la violencia machista, sino también el de los límites entre el derecho a contar una experiencia, la libertad de expresión, el derecho al honor y la presunción de inocencia. Un debate jurídico complejo, pero también profundamente social, porque interpela la forma en que una sociedad escucha a las víctimas sin renunciar a las garantías propias del Estado de derecho.

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Fallarás define el proyecto como una forma de “desobedecer la orden del silencio”. Una expresión que resume una realidad conocida por muchas mujeres: la presión, explícita o sutil, para no contar determinadas experiencias, para proteger a ciertas personas o instituciones o, simplemente, para evitar las consecuencias personales que tantas veces conlleva denunciar.

La periodista asegura que los juicios que afronta y las sentencias que se deriven de ellos, serán, tanto si la favorecen como si la condenan, beneficiosos para todas. Porque establecerán hasta dónde podemos compartir las experiencias vividas, dónde nos podemos sentir seguras, o cómo tejer una red que permita convertir en conversación pública las violencias vividas individualmente.

El festival itinerante que ha recalado en Barcelona es solo el principio. 7.000 fundadoras participan ya de la financiación de La nuestra, que tiene el objetivo de convertirse en una comunidad digital  que se articulará a través de un archivo de testimonios, pero que también incluirá un directorio de profesionales con perspectiva de género y otras informaciones relevantes para las víctimas de violencia sexual.

Y sobre todo pondrá en el foco una cuestión: a veces, el verdadero conflicto no nace cuando alguien habla. Empieza cuando, por primera vez, toda una comunidad está dispuesta a escuchar.

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