Parece que el culebrón que ha rodeado estos días la andadura del MV Hondius va a llegando a su fin. Los países de origen de los pasajeros del famoso crucero cruzan los dedos para que la cosa no vaya a más, y el Gobierno español ha sacado pecho porque, según la ministra de Sanidad, Mónica García “el mundo no está mirando y agradeciendo nuestra labor”. En general, parece que todo se ha hecho cómo debía, aunque habría que poner algunos peros a la labor del Ejecutivo que, para empezar, no ha sido capaz de poner en marcha la Agencia Estatal de Salud Pública a la que le obligaba su propia ley. Algunos ministros se han comportado, además, con soberbia y displicencia con el Gobierno canario. A buen seguro que esta actitud con Fernando Clavijo no la habrían tenido ni con Salvador Illa ni con Imanol Pradales.

El Ejecutivo central no ha dudado estos días en tomar las riendas de la situación, y en restar competencias al Gobierno de las islas para permitir que el barco fondeara en puerto. Esta actitud pone todavía más en entredicho la actuación del Gobierno de Pedro Sánchez después de la dana. Si Mazón se negaba a solicitarles el estado de alarma, el Ejecutivo podría haberla decretado para agilizar la atención a las víctimas de esa catástrofe, que, no lo olvidemos, provocó la muerte de más de doscientas personas, pero no lo hizo. Prefirió mirar a otro lado mientras la incompetencia de unos y otros aumentaba las dimensiones de la tragedia. Quizá aquí el mundo no nos miraba lo suficiente.
El mundo, al parecer, tampoco nos debe mirar lo suficiente cuando hablamos de la lucha contra el narcotráfico en la zona del Estrecho. Dos años después de la muerte de dos guardias civiles en Barbate arrollados por una narcolancha, la historia se ha repetido, de forma parecida el pasado viernes, provocando la muerte de otros dos miembros de la Benemérita. En esta ocasión, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska no tuvo ni la gallardía de acudir a su funeral y se limitó a decir que “todas las tragedias no pueden evitarse”. Quizá algunas sí, ministro, sobre todo si se ponen los medios necesarios para hacer frente a unos narcotraficantes que nos ganan en todo, hasta en chulería, sabedores de que, la mayoría de las veces pueden campar a sus anchas con total impunidad por la zona. La cobardía del ministro contrasta, además, con la imagen de esa viuda llevando a hombros el féretro de su marido muerto junto a sus compañeros del cuerpo.

A buen seguro que la presencia de Marlaska en Huelva hubiera encendido de nuevo los ánimos de los presentes, pero era su obligación, aunque me da, eso sí que su ausencia tuvo algo que ver con la cercanía de las elecciones de Andalucía. Una foto junto a María Jesús Montero (que sí acudió a la capital onubense) hubiera hundido todavía más las posibilidades de la candidata socialista de cara a las elecciones del próximo domingo, por eso pesó más el cálculo político que la humanidad hacia sus subordinados. Total, el mundo no nos miraba…
