Los puentes estallaron entre las administraciones central y autonómica poco antes de que el crucero MV Hondius llegara a Tenerife. El sábado, sobre las nueve de la noche, los enviados de Pedro Sánchez a la isla se reunieron con las autoridades de Canarias en la sede central de la Autoridad Portuaria de Granadilla. Y, según ha podido saber Artículo14, se vivieron momentos de nervios y enorme tensión.
Del lado del Ejecutivo central, estuvieron la ministra de Sanidad, Mónica García, y los responsables de Interior, Fernando Grande-Marlaska, y de Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres. Frente a ellos, el presidente autonómico, Fernando Clavijo; la presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila Mamely; y el alcalde de Granadilla, José Domingo Regalado González.

Un encuentro de una hora y media de duración en la que todo estalló, tal y como quedó en evidencia en las declaraciones posteriores. Fue “muy desagradable”, según fuentes presentes en la misma. En esa conversación, el ministro del Interior se dirigió a Clavijo, y le espetó: “No podéis llevar una gestión emocional de la situación. Estáis anclados en el siglo XV”. “Los que tenéis una actitud colonial sois vosotros”, le contestó el presidente canario, muy enfadado.
Ahí es cuando el Gobierno traslada que la operación que iba a durar menos de 24 horas -como se había pactado- debía alargarse por el retraso de uno de los aviones, el de tres pasajeros australianos. Pero Canarias se niega a que el barco fondee más de 24 horas en sus aguas. Clavijo plantea distintas alternativas al Ejecutivo para evitarlo y una de las opciones es que “los pasajeros restantes sean trasladados” o en el avión militar español que lleva 14 pasajeros o en el de Países Bajos, que traslada a 26.

Según las fuentes consultadas por este periódico, el Gobierno se niega a atender esas reclamaciones por un “acuerdo diplomático” de esperar a la llegada del avión australiano para proceder a la evacuación. Según traslada el ministro del Interior al presidente canario, ello “violentaría el mecanismo de protección europea”, algo que niega la parte canaria, que pide “no tener más tiempo del necesario” el barco en aguas canarias. “Los roedores pueden saltar del barco”, llegó a afirmar Clavijo.
“¿Cómo podéis garantizar que no hay ninguna rata que llegue a Canarias saltando desde el barco y nadando?”, trasladó el presidente canario a los ministros. La ministra García descartó dicho extremo y mandaron pasada las once de la noche un informe del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, al que ha tenido acceso este diario, en el que se asegura que no existe riesgo de que ese animal se encuentre en el barco porque vive en zonas “boscosas y rurales” de Chile y Argentina.
Además, Sanidad subrayó que las inspecciones realizadas en el barco descartaron la presencia de roedores a bordo. Unas explicaciones que siguieron sin convencer a Clavijo. “Nadie nos puede confirmar que no hay roedores, no se ha hecho una investigación de si hay ratas o no”, afirmaron en su gabinete, que dicen apoyarse en criterios científicos. De hecho, insisten en que “no está demostrado que el contagio no se haya producido en el barco”.

La tensión se mantuvo durante todo el encuentro. El Gobierno también lo reconoce y la ministra de Sanidad, Mónica García pide a sus interlocutores canarios que “les dejen trabajar”. Y es que, desde Sanidad aseguran que sí han podido colaborar “de manera muy estrecha y leal” con el equipo técnico del gobierno regional.
Al término, Clavijo toma la decisión de “no autorizar” el fondeo del crucero. “No seremos cómplices de algo que pone en peligro la seguridad sanitaria de las islas”, avisó ante los medios de madrugada. “No tenemos ningún informe técnico que nos diga que el riesgo es cero”, añadió
Una frase con la que se desataba de nuevo el choque entre instituciones mientras que desde el Ministerio de Sanidad le acusaban de “boicotear una operación de importancia mundial”. La ministra de Sanidad acusó a los dirigentes canarios de “alarmismo” en la operación. “Las polémicas están alejadas de los buenos criterios de la preservación de la salud pública. Cualquier desinformación, cualquier polémica o cualquier alarmismo es contrario a las medidas básicas de seguridad”, afeó.
Así las cosas, en estos momentos, la interlocución entre ambas partes es nula. Es el Gobierno quien dirige la operación con la supervisión de la Organización Mundial de la Salud. Desde el Ejecutivo aseguran que el nivel de propagación del virus “es muy bajo” por todas las medidas que se han implantado para evitarlo.
