La experta

“No hemos aplicado las lecciones del COVID-19”

La periodista científica y presidenta de ANIS Graziella Almendral analiza el brote de hantavirus detectado en un crucero y advierte de la necesidad de reforzar la vigilancia epidemiológica

Graziella Almendral.
Graziella Almendral.
KiloyCuarto

Aunque los expertos descartan un escenario comparable al de la pandemia de coronavirus, la aparición de casos vinculados a la cepa Andes, la única con capacidad conocida de transmisión entre humanos, ha generado preocupación por la alta mortalidad del virus y por las carencias persistentes en los sistemas de prevención y alerta. Hablamos con Graziella Almendral, periodista especializada en ciencia y salud, directora del canal Indagando TV y presidenta de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), sobre las claves científicas y sanitarias del brote de hantavirus detectado en un crucero internacional.

Almendral explica por qué este virus no representa una amenaza pandémica similar a la COVID-19, cuáles son las principales incógnitas médicas que siguen abiertas y cómo factores como el cambio climático, la expansión humana sobre ecosistemas silvestres o la falta de inversión sostenida en salud pública están aumentando el riesgo de nuevas zoonosis. También reflexiona sobre las lecciones que no se han aplicado tras la pandemia y la importancia de contar con sistemas de vigilancia y coordinación realmente operativos.

¿Qué se sabe realmente sobre la capacidad de transmisión entre humanos de esta variante del hantavirus?

De todos los hantavirus, la cepa Andes es la única con capacidad de transmisión entre humanos. Su presencia probable en el crucero favoreció el brote en el crucero, El entorno cerrado del crucero, con convivencia prolongada y contacto estrecho entre pasajeros y tripulación provocó el contagio. Pero el hantavirus no se transmite tan fácilmente como el covid o la gripe, por lo que no se espera una pandemia ni un gran peligro para la salud.

¿Qué diferencia existe, en cuanto a la alerta generada, respecto al coronavirus?

La diferencia principal es el potencial de transmisión. El coronavirus SARS-CoV-2 se transmitía con enorme facilidad por vía aérea y muchas personas contagiaban antes de tener síntomas, lo que permitió una expansión global muy rápida y justificó una alerta pandémica máxima. El hantavirus, en cambio, normalmente se transmite desde roedores al ser humano y solo algunas variantes, como la cepa Andes, muestran transmisión entre personas, además de ser mucho menos eficiente y requerir contacto estrecho y prolongado. Aunque el brote del crucero preocupa por su alta mortalidad, la alerta sanitaria internacional es mucho menor que la que generó el coronavirus. No hay una amenaza de propagación masiva.

“La alerta sanitaria es mucho menor que la que generó el coronavirus. No hay amenaza de propagación masiva”

¿Qué riesgo existe de mutación?

Todos los virus ARN mutan, pero los hantavirus mutan mucho más lentamente que, por ejemplo, el coronavirus SARS-CoV-2 o la gripe común.

¿Cuáles son hoy las principales incógnitas científicas sobre el hantavirus en cuanto a tratamiento?

No existe un tratamiento específico aprobado que haya demostrado reducir claramente la mortalidad. Falta de un antiviral claramente eficaz. Se está investigando, pero no hay ensayos clínicos sólidos porque los brotes son relativamente pequeños y es difícil reunir suficientes casos. Sería interesante una vacuna para zonas rurales donde el virus es endémico y hay contacto frecuente con roedores silvestres. No tendría sentido una vacunación masiva mundial como ocurrió con COVID-19, porque el hantavirus sigue siendo una enfermedad rara y muy focalizada geográficamente.

“No tendría sentido una vacunación masiva mundial como ocurrió con COVID-19, porque el hantavirus sigue siendo una enfermedad rara”

Muchas infecciones por hantavirus se asocian a factores ambientales y al contacto con roedores. ¿Hasta qué punto el cambio climático y las alteraciones de ecosistemas están aumentando el riesgo de nuevos brotes?

Bastante más de lo que se pensaba hace 20 años. Hoy existe un consenso científico creciente en que el cambio climático y la alteración de ecosistemas están aumentando el riesgo de brotes de Hantavirus. El cambio climático actúa como amplificador ecológico, pero no como causa única. Por otra parte, la expansión humana en zonas silvestres es uno de los factores más importantes para aumentar el riesgo de hantavirus y otras zoonosis.

Después de la experiencia de la COVID-19, ¿qué lecciones considera imprescindibles para comunicar a la población una alerta sanitaria como esta sin caer ni en alarmismo ni en banalización?

La primera gran lección es que los ciudadanos necesitamos una comunicación transparente, honesta y rápida. La información debería ser diaria. Tanto de lo que se sabe como de lo que aún no se sabe. Es importante que la población se sienta partícipe y no engañada. La segunda lección no cumplida tras la pandemia del coronavirus fue mantener la inversión en vigilancia epidemiológica y preparación entre crisis. Una vez bajó la emergencia, se redujeron los presupuestos de salud pública y disminuyó la vigilancia activa de virus emergentes, se paralizó la investigación y quedaron suspendidos algunos proyectos, como la expedición a la Antártida para investigar la gripe aviar. Hay mayor preocupación por la inversión en guerra que en ciencia.

¿Debería estar en marcha ya la Agencia de Salud Pública?

En España ya se aprobó la ley que crea la Agencia Estatal de Salud Pública, pero no funciona. Si estuviese operativa, habría muchos menos problemas.

¿Los sistemas sanitarios europeos están suficientemente preparados gestionar los protocolos de forma temprana cuando se trata de un brote de alcance internacional?
La respuesta está siendo buena y existe coordinación, a pesar de los problemas de comunicación y la discusión política. Estoy convencida de que en las próximas semanas ya no habrá que hablar de hantavirus. Habremos terminado con esta crisis.

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