No hay una cifra fiable de ratas en las ciudades. Tampoco existe un método científico para contar el número exacto en la ciudad. Lo que sí se mide son avisos ciudadanos, focos y actuaciones de control. Madrid Salud, por ejemplo, registra anualmente más de 4.000 incidencias por ratas en la vía pública. Algunas empresas de control de plagas manejan ratios de 0,4 ratas por habitante en España, lo que aplicado a Madrid capital, con unos 3,5 millones de habitantes, daría alrededor de 1,3 millones de ejemplares.
El brote de hantavirus investigado en el crucero MV Hondius nos ha hecho caer en la cuenta de que muchas de las enfermedades que más nos inquietan no empiezan en los aeropuertos o los barcos, sino en ambientes donde los animales, el turismo y la actividad humana se cruzan cada vez más. La OMS ha informado de siete casos vinculados al buque y mantiene que el riesgo general para la población es bajo.
Pero desde el punto de vista veterinario, la crisis del crucero se analiza como un caso de zoonosis, una infección cuyo reservorio natural está en animales, principalmente roedores.

Los hantavirus son virus mantenidos en la naturaleza por especies concretas de roedores. Cada variante suele estar adaptada a un hospedador determinado. El virus Puumala, frecuente en Europa, se vincula al topillo rojo; Dobrava, al ratón de cuello amarillo; Seoul, a ratas urbanas; y Andes, en Sudamérica, al colilargo patagónico. La veterinaria Delia Saleno advierte de que el foco no debería ponerse únicamente en el barco, sino en el enorme déficit de vigilancia veterinaria y control ambiental que existe en muchos países europeos, incluida España.
Los roedores sobreviven al virus
“Los roedores transmiten el hantavirus entre ellos con muchísima facilidad y, además, son asintomáticos. Eso significa que el virus puede mantenerse circulando durante mucho tiempo sin reducir la población de ratas o ratones. El reservorio permanece estable y silencioso”, explica Saleno.

La infección humana no suele producirse por contacto directo con el animal, sino por inhalación de aerosoles contaminados con orina, heces o saliva de roedores infectados o contacto con los excrementos. “El riesgo aumenta en espacios cerrados y poco ventilados”, añade.
“La población -dice- muchas veces cree que estas enfermedades aparecen de forma excepcional, pero el problema real está en el control ambiental. Cuando no existe vigilancia de plagas profesionalizada, aumenta la posibilidad de exposición humana”.
El hantavirus puede ser extremadamente grave en humanos y, al mismo tiempo, tener una capacidad de expansión limitada. “Algunas variantes americanas presentan mortalidades cercanas al 50%, pero la mayoría de hantavirus no se transmiten fácilmente entre personas”. La principal excepción conocida es el virus Andes, descrito en Sudamérica y asociado a contagios entre contactos estrechos.
Ese es precisamente uno de los aspectos que las autoridades internacionales intentan aclarar en el caso del MV Hondius. El barco partió de Ushuaia, en el extremo sur argentino, zona en la que es muy posible que estuviese circulando el virus Andes. La investigación epidemiológica intenta determinar ahora hasta qué punto los casos detectados comparten una exposición ambiental común o si pudo existir transmisión entre pasajeros.
Sin veterinario municipal en el 87% de pueblos y ciudades
Para la población general, sin embargo, el riesgo sigue considerándose bajo. “El hantavirus no se comporta como SARS-CoV-2 ni presenta transmisión comunitaria similar”, señala esta profesional. Desde su óptica veterinaria, el verdadero problema es la escasa capacidad estructural prevención local. Saleno critica especialmente la débil red de veterinarios municipales, responsables del control sanitario ambiental y de plagas urbanas. “El 87% de los municipios españoles carecen actualmente de veterinario municipal. Y son precisamente estos profesionales quienes deberían liderar la vigilancia de roedores, el control de plagas y la prevención de zoonosis como hantavirus”.
La pandemia del COVID dejó una visión excesivamente hospitalaria de la salud pública, relegando la dimensión veterinaria y ambiental de las enfermedades infecciosas. “Hemos aprendido mucho sobre vigilancia clínica, pero seguimos invirtiendo poco en vigilancia ecológica y veterinaria. Y hay muchas enfermedades emergentes que son zoonóticas”.
Los expertos recuerdan que los cambios climáticos, la expansión urbana y el aumento del turismo en ecosistemas remotos están alterando la relación entre humanos y animales. En Europa, además, las oscilaciones climáticas pueden favorecer explosiones demográficas de roedores en determinados años, incrementando la circulación viral.
No obstante, Saleno considera que el desembarco controlado de pasajeros no debería generar alarma social. El riesgo relevante se concentra en contactos estrechos y en personal expuesto sin medidas de protección adecuadas. “Las medidas prioritarias siguen siendo la identificación de casos sintomáticos, la trazabilidad de contactos, la secuenciación genética del virus, la protección sanitaria y la evaluación ambiental del buque”.
En este último punto, la veterinaria insiste en que la gestión de estas enfermedades no puede limitarse a respuestas de emergencia cuando aparece un brote mediático. “No se trata solo de reaccionar cuando hay muertos o cuando un crucero ocupa titulares. La prevención real empieza mucho antes, en saneamiento, control de roedores, vigilancia veterinaria y salud ambiental”.
