Opinión

El afán de cada día

Verano
Verano
Actualizado: h

Cada día tiene su afán, lo sabemos todos, lo comprobamos a diario. Cada día tiene su afán o tiene más de cien afanes, porque la realidad es que nos pasamos los días haciendo, gestionando, planificando, organizando, en el trabajo y fuera de él, en casa y fuera de ella.  Cada día tiene su afán y no sólo el suyo, porque muchos días contienen parte de los afanes de los días, las semanas y los meses siguientes, porque no sólo nos ocupamos de lo que nos trae cada día, también nos ocupamos de lo que está por venir.

Pero llegan las vacaciones y parece que todos esos afanes de cada uno de nuestros días se quedan guardados, en una especie de standby, aunque en otro momento todo pareciera urgente, ahora todo aquello se queda esperando a que regresemos de ese tiempo en suspenso que son las vacaciones, porque la vida ordinaria, nuestra vida rutinaria, queda suspendida y se abre ante nosotros unos días de una vida nueva, los días de vacaciones.

Y llegan las vacaciones y las personas queda automáticamente dividida en dos grupos: las que cambian las actividades rutinarias del año por las actividades de vacaciones y los que no necesitan hacer nada para disfrutar plenamente de cada uno de esos sus días.

Los primeros programan actividades, a veces una tras otra, para llenar los días de vacaciones de sus propios afanes, los segundos son los que aspiran a suspender el tiempo, a dejar que el reloj deje de ser el que marque lo que debe hacerse en cada momento del día, a simplemente estar.

Los primeros son los que se empeñan en no dejar de hacer cosas en su tiempo vacacional ya que tienen la sensación de que, en caso contrario, lo pierden, pierden el tiempo, y por eso hay que llenarlo de cosas por hacer.  Los segundos son los que, al contrario, sienten que no hacer nada, no tener que pensar en qué hacer es lo mejor que se puede hacer.

Y es que nos pasamos la mayor parte del año, la mayor parte de nuestros días, de cada día, produciendo.  Nos han contado que la vida consiste en producir, en hacer.  Nos han contado que no hacer, no producir, es perder el tiempo.   Nos han contado que hay que estar haciendo siempre algo, lo que sea.  No se nos ha contado, por el contrario, que vivir no es sólo igual a producir, que vivir puede ser sólo estar, sólo ser.  Que vivir es también dejar que todo suceda a nuestro alrededor y simplemente formar parte de ello como testigos o como partícipes.  Porque como afirma el filósofo Byung-Chul Hang en su libro Vida contemplativa, la inactividad es una forma de esplendor de la existencia humana.

Por eso, ahora que ya están aquí las vacaciones de verano, proponte, si eres de los que necesitan llenar su tiempo de cosas, si eres de los que piensan que hacer nada es perder el tiempo, proponte por una vez, este año, que en vacaciones el afán de cada día puede ser el dejar el tiempo en suspenso, o al menos intentarlo.  Intentar no hacer, no pensar, dejarse llevar, no tener que elegir, que sean nuestros amigos los que decidan por ti en el restaurante, dejarse estar, dejarse ser, nada más y nada menos.

Que ya volverán los días llenos, esos días de otoño o invierno donde no podemos permitirnos no pensar, no hacer, no ir de un sitio para otro, no planificar.  Brindemos a las vacaciones el afán de no hacer nada, de que el afán de un día de vacaciones, o de todos, sea el no planificar, o simplemente no hacer nada.