Opinión

El alucine desesperado de un Gobierno en la lona

MADRID (ESPAÑA), 16/09/2026.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez toma asiento este miércoles durante la sesión de control del Congreso de los Diputados en Madrid. EFE/ Rodrigo Jiménez
El presidente Sánchez toma asiento este miércoles durante la sesión de control del Congreso. | EFE/ Rodrigo Jiménez
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Alberto Núñez Feijóo declaró en una entrevista concedida a El Mundo este domingo que “Ceuta es el epitafio de esta etapa de Sánchez”. Ojo al esta etapa omitido en el titular, pues no es un detalle menor. En efecto, la invasión –remito al Diccionario una vez más– de más de 80.000 inmigrantes ilegales y su larga y aguda resaca han quebrado las rodillas, Pegasus mediante, del Gobierno que preside el yerno de Sabiniano, el de las saunas. El presidente y sus enanitos disimulan, cada vez con mayor dificultad, su debilidad tísica, su miedo cerval al acechante Mohammed Garat. En mi lustro de cronista parlamentario, jamás vi a los miembros del Ejecutivo tan superados en bloque por los diputados de la oposición como en la sesión de control de este miércoles. ¿Significa esto que haya que dar por amortizada a la cuadrilla que capitanea un hombre enamorado y espiado por Rabat? Para nada: están en la lona, pasándolas putas como en la vida, mas no fuera de combate.

Marruecos se ha convertido en el Mjölnir –el martillo de Thor, en cristiano– para el PP. Es un arma de uso fácil y evidente, poderosa y eficaz, contra la que su rival político casi nada tiene que hacer. Salvo recurrir a la enajenación, claro. Una enajenación desesperada, ridícula, sólo apta para Ilaria Salis, Konambapícius Jr. y peña del estilo. Feijóo le pregunta a Sánchez “cuándo fue la última vez que habló con las autoridades marroquíes”, y este sale por los fondos de inversión. Ester Muñoz insiste con Carlos Cuerpo y el vicepresidente primero, como un Antonio Ozores macabro y sin gracia, les garantiza a los ceutís el mismo apoyo que a las víctimas de la dana y del volcán de La Palma –tiemblen los caballas, pues–. Cayetana Álvarez de Toledo hurga en la amenaza de veto a Ucrania “para pagar a Puigdemont”, y Albares, ufano como un cotón de Tulear del barrio de Salamanca, dice que las negociaciones arrancaron con su “impulso personal”, ante el descojone general. Y así.

El presidente del PP, ya digo, le preguntó al del Gobierno cuándo habló por última vez con Marruecos, amén de “cuántas veces lo ha hecho desde el 30 de julio”, “qué le ha preguntado sobre la invasión” y “qué le han respondido”. Feijóo recordó que el trasunto magrebí de James Bond ratificó, ante el Parlamento Europeo, “que está dispuesto a aceptar a todas las personas que entraron ilegalmente en Ceuta”: “O usted no quiere, o usted es un incompetente, o alguien aquí está mintiendo”. Ante semejante acorralamiento, como Jeffrey Lebowski al ritmo de “The Man in Me” de Bob Dylan, Sánchez se perdió en su mundo, pasó de contestar y recurrió al Instituto Elcano para decir que España va como un tiro. El pepero le reprochó la contratación de 657 y 550 personas para, respectivamente, “dar nuevas nacionalidades” y abordar la regularización masiva; “para Ceuta, cincuenta y veinte ordenadores”, y concluyó exigiéndole que “deje de minimizar la crisis”: “No pida más paciencia porque se ha agotado”. El Nota, digo, el presidente, por su parte, aseguró que “Ceuta saldrá de esta crisis” y, cómo no, azuzó el avispero de la Ley de Memoria Democrática y la “suspensión del derecho al voto a 400.000 españoles y españolas”. Por algún sitio había que salir.

La puigdemontonera Míriam Nogueras denunció el incremento de personas que dependen “de una ayuda pública para sobrevivir” y que “la Hacienda española sea una máquina de robar a los catalanes” –no sólo, diputada–. Sánchez se la ventiló sosteniendo que Cataluña es la Arcadia amb barretina. La condenada María Mercedes Aizpurúa: “A estos reaccionarios –refiriéndose a los diputados de PP y Vox– se les para con más derechos para la clase trabajadora”. Cuando era directora técnica de Punto y Hora de Euskal Herría, alababa a quienes recurrían a otros métodos. “Será mejor así”, como cantaba Calamaro en “Elvis está vivo”.

Ester Muñoz, a Carlos Cuerpo: “¿Alguien en el Gobierno cree que dejar caer a Ceuta es bueno electoralmente para el PSOE?”. Respuesta del vicepresidente primero: ruido de grillos o, lo que es lo mismo, que voten el plan de apoyo a Ceuta. Juan Bravo, embravecido como nunca: “No sé en qué realidad viven ustedes, lo que tengo claro es que no conocen la realidad que viven los ceutís desde hace cuarenta días”. El también ministro de Economía, erre que erre: “¿Van a votar a favor de la convalidación…”, etcétera. Ione Belarra aburrió y Cayetana Álvarez de Toledo leyó una intervención impecable: “Venden a Ucrania para sostener a Sánchez, rinden Ceuta para complacer a Rabat”. La portavoz adjunta del PP sonrió, como un escualo, con la idea de Zapatero dando mítines con Albares: “El uno cubierto de joyas; el otro, de condecoraciones”. El aludido, falto de Hemoal: “Qué poco les gusta, señorías del PP, que el ministro de Exteriores de España les diga la verdad, pero no me van a callar”. El tanto del honor se lo marcó Félix Bolaños a Cuca Gamarra con la Ley de Nietos. El Marlaska vs. Tellado fue un plato recalentado. Mientras tanto, entre setecientos y mil menores continúan vagando por las calles de Ceuta. The man in me will do nearly any task…