Parto de la base de que me dieron mucha pena las imágenes de una señora de 87 años desalojada de una casa en la que había vivido desde 1956. Viéndola, me vino a la cabeza esa frase de Tennessee Williams en La gata sobre el tejado de zinc que decía: “Se puede ser joven sin dinero, pero no puedes ser viejo sin él”. Dicho esto, creo que Maricarmen calculó mal, porque ella trabajó durante toda su vida, vivió en un piso de renta antigua y sabía que, tarde o temprano, tendría que salir de allí. Tanto la Comunidad de Madrid como el Ayuntamiento le ofrecieron una plaza en una residencia, y ella la rechazó. Partimos de la base, pues, de que nadie la dejó tirada.
Dicho esto, este caso particular ha servido para que toda la izquierda vuelva a movilizarse y a exigir una nueva legislación que prohíba los desahucios (de las okupaciones ya ni hablamos), haga los contratos de alquiler indefinidos, y congele las subidas de precios de los inquilinos. Lo irónico del asunto es que es esa izquierda que se manifiesta es la que lleva gobernando ocho años en nuestro país. La cosa ha llegado a límites tan rocambolescos que la propia vicepresidenta, Yolanda Díaz decía ayer: “Si hay que movilizarse contra el Gobierno de España, nos movilizaremos”, como si ella formara parte del Ejecutivo francés. Si no fuera algo tan demagógico, daría hasta risa.
Recordemos también que, en diciembre del 2020, el propio Pedro Sánchez le escribió un mensaje de móvil a José Luis Ábalos en el que aseguraba que el decreto que en ese momento negociaban con Podemos sobre los desahucios le parecía “un negociazo para la ocupación y para los grandes tenedores”. “Y por ahí, -concluía- no paso”. Ahora, sin embargo, está dispuesto a pasar, y todo dependerá del voto de Junts, que sigue dispuesto a defender también los derechos de los arrendatarios, algo que choca con los socios de izquierdas del Ejecutivo que ven injusta la defensa de cualquier tipo de propiedad privada que no sea la suya.
Sánchez, insisto, lleva gobernando ocho años. En esta legislatura el Ejecutivo dice que ha movilizado 120.000 viviendas, sin que sepamos muy bien en qué consiste eso porque no detallan cifras y hay algunas de ellas que están en la cabeza del Gobierno, pero que ni siquiera existen.
Los expertos ya venían advirtiendo desde hace tiempo que el principal problema de España era la falta de vivienda. De hecho, el Banco de España calcula que, para el año 2028 habrá un déficit de un millón. Hasta ahora, las soluciones que se han aprobado son mínimas, y no han servido para reactivar el mercado, sino todo lo contrario. En España, el 92 por ciento de las viviendas de alquiler están en manos de pequeños propietarios y solo el 8 por ciento pertenece a los llamados “fondos buitre”. Si el decreto del próximo martes no favorece que esos propietarios saquen sus pisos al mercado y no se eliminan trabas a la construcción de nuevas viviendas, la oferta seguirá siendo escasa, el problema no se arreglará y las calles arderán en unos meses porque, probablemente, sean otros quienes ocupen la Moncloa.
Ah, y para no ser sospechosa, lo aclaro: llevo toda mi vida viviendo de alquiler.

