Opinión

El futuro de la ONU con voz de mujer

AME092. NUEVA YORK (ESTADOS UNIDOS), 23/09/2026.- El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, habla durante la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas este miércoles, donde llevó los "momentos difíciles" que vive Ceuta tras sufrir una de las mayores crisis de migración irregular de los últimos años, pero elogió que sus ciudadanos estén respondiendo con decencia y legalidad, en la sede del organismo en Nueva York (Estados Unidos). EFE/ Ángel Colmenares
Pedro Sánchez, habla durante la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas este miércoles.
EFE/ Ángel Colmenares
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Hay pocos discursos en la política internacional que logren que contengas la respiración unos segundos y pienses que ese mundo con el que tanto has soñado es posible. Esto fue exactamente lo que ocurrió cuando nuestro presidente del gobierno, Pedro Sánchez, expuso desde la tribuna de las Naciones Unidas algo tan obvio como revolucionario: que la próxima Secretaría General de la ONU esté liderada por una mujer latinoamericana. No fueron palabras vacías, para algunos ni siquiera biensonantes: fue una invitación a romper la inercia de las instituciones y cambiar esas reglas no escritas que están restando coherencia a nuestra política.

En los 81 años de existencia de esta organización que representa a 193 países y se creó para defender los derechos humanos y mantener la paz, hemos escuchado grandes discursos sobre igualdad y las voces de mujeres como Eleanor Roosevelt, Hillary Clinton o Malala Yousafzai. Pero entre los nueve dirigentes que han estado al frente, no ha habido ni una sola mujer. Romper ese techo de cristal es tan necesario como simbólico. No es solo una cuestión de justicia, es la oportunidad de dotar de credibilidad a la política y ser un ejemplo de acción positiva.

En el discurso de Sánchez, la palabra feminismo estuvo presente varias veces, algo que tampoco suele ser habitual en espacios de poder, donde se percibe como una amenaza. La mayoría de líderes utilizan conceptos análogos como igualdad, justicia o equidad por miedo a generar rechazo. Nuestro presidente no se puso de perfil. Nombró al feminismo y lo reconoció como un movimiento transformador y revolucionario. Como una teoría social y política que no viene a quitarle el puesto a nadie sino a incluir la empatía en la política, a cambiar el veto por el diálogo, a situar en el centro la vida y los cuidados y a mejorar las relaciones entre hombres y mujeres.

No es la primera vez que España propone que sea una mujer quien dirija las Naciones Unidas. Sánchez ya reclamó este espacio para una figura política que represente los intereses y la perspectiva de la mitad de la humanidad en 2024. Nuestro país ha sido y sigue siendo un referente en políticas de igualdad y un ejemplo de resistencia frente a la ola reaccionaria que está poniendo en jaque los derechos de las mujeres.

No hay mejor perfil para encarnar este cambio que una mujer de América Latina. Una región que ya lleva siglos trabajando por la justicia social en condiciones extremas y que ha sabido poner en valor a los pueblos indígenas, la memoria histórica, las organizaciones civiles, las madres, las abuelas y las redes de resistencia pacífica. Un ejemplo inspirador para todo el planeta.

Dotar a la política de credibilidad es un asunto de máxima urgencia y para eso los discursos deben ir acompañados de cambios reales. No podemos ser lo que no podemos ver. Pasemos a la acción haciendo realidad nuestros mensajes.

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