Aunque el puesto no estará vacante hasta el 31 de diciembre de este año, la noticia ya es oficial: la ONU busca un nuevo secretario general. Actualmente el cargo lo ocupa Antonio Guterres, que tras su segundo mandato y una década después al frente del organismo, abandona la organización en uno de los momentos de mayor inestabilidad mundial.
El puesto puede ser ocupado por una mujer, aunque lo cierto es que la ONU mantiene una deuda histórica con aquellas que desde sus inicios han intentado presentarse. A lo largo de 80 años de historia, sólo nueve hombres han ocupado el cargo oficial de Secretario General desde que la organización se funda en el año 1945. El techo de cristal en organizaciones como ésta, que no sólo rigen el mundo sino que predican igualdad, sigue todavía siendo la gran asignatura pendiente.
A esta vacante y desde hace muchísimos años se han presentado mujeres. Como Vaira Vike-Freiberga, expresidenta de Letonia, que dio un paso al frente en el año 2006 para perder finalmente contra Ban Ki-moon. El récord de mujeres que se presentaron fue en el año 2016. Entonces, se modificaron hasta las reglas para exigir una mayor transparencia y por primera vez en la historia hubo más mujeres candidatas que hombres. Siete frente a seis. Sin embargo, poco importó la mayoría, las siete cayeron frente a Antonio Guterres, elegido holgadamente por el Consejo de Seguridad.

Mayoría de candidatas mujeres
Ahora las cosas podrían cambiar. Porque de cara a la salida de Guterres como secretario general, las mujeres vuelven de nuevo a liderar las nominaciones oficiales. A la carrera por ser nueva secretaria general de la ONU se han sumado nombres conocidos, como Michelle Bachelet, expresidenta de Chile; o Rebeca Grynspan, expresidenta también de Costa Rica. María Fernanda Espinosa tampoco se queda atrás. Su currículum acumula cargos de reconocido prestigio como ser la expresidenta de la Asamblea General de la ONU y exministra de Relaciones Exteriores.
Respecto a los hombres, aunque oficialmente hay dos aspirantes, el nombre más sonado es el de Rafael Grossi, actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica.

En cualquier caso, las tres candidatas mujeres (todas, por cierto, latinoamericanas) ya han presentado sus propuestas para el futuro de la organización. Este martes, las tres se reunieron en Ginebra y respondieron a distintas preguntas. Todas ellas, aunque con diferentes visiones del mundo, coincidieron en una cosa: la próxima secretaria general de la ONU debe ser una mujer hispana.

Sólo ellas acuden al encuentro
Lo que llamó la atención del encuentro fue que los dos únicos aspirantes hombres fueron los únicos que también se ausentaron del acto por “razones de agenda”. De hecho, el único que participó en el encuentro fue el expresidente de Senegal, Macky Sall, pero a través de un vídeo que envió. El gesto no gustó nada a los presentes, entre los que empieza a circular la idea de que a ellos no les hace falta esforzarse ni la mitad de lo que a ellas.
En total fue poco más de una hora en la que las tres aspirantes intentaron ofrecer su visión del mundo y las recetas, algunas de ellas compartidas, para intentar mejorar el descrédito de una organización a la que se le acumulan los conflictos sin tener apenas influencia en ellos.
Las mujeres dentro de la ONU
Pero más allá de las quinielas o del estado de la organización, el debate de fondo que atraviesa esta carrera hacia la secretaría general de la ONU es el papel de las mujeres dentro de la organización. Nunca en los 80 años de historia de la ONU una mujer había ocupado el puesto y aumentan las voces que verían una clara tendencia machista en una elección que, de nuevo y con una mayoría tan aplastante de candidatas, volviera a elegir a un hombre para el puesto.
También es verdad que la secretaria general de la ONU no es una excepción y que el machismo todavía persiste en las grandes organizaciones que rigen el mundo. La Asamblea General, por ejemplo, sólo la han presidido cuatro mujeres mientras que el mismo puesto lo han ocupado hasta 74 hombres. Según un análisis hecho por GWL Voices, organización que lucha por la igualdad a nivel mundial, de las 21 organizaciones transnacionales ninguna de ellas ha tenido nunca a una mujer como líder.

