Opinión

El triunfo de un best seller: ocho años de la moción que licenció a Rajoy

Soraya Sáenz de Santamaría sentada en el Congreso de los Diputados junto a su bolso
Soraya Sáenz de Santamaría sentada en el Congreso de los Diputados junto a su bolso durante el debate de la moción de censura.
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Celebramos este domingo la Visitación, el Día Mundial Sin Tabaco y el del Loro, el Día de Castilla-La Mancha –un abrazo, paisanos– y el octavo aniversario de la primera de las dos sesiones plenarias que concluyeron con la decapitación presidencial de Mariano Rajoy y con el desembarco de Pedro Sánchez en La Moncloa, un sitio que, como escribió el maestro Raúl del Pozo en Los cautivos de La Moncloa (Planeta, 2005), “huele mal, como olían mal Versalles y los grandes palacios” y del que los presidentes “o salen chiflados o sintiéndose napoleones”.

Hoy, media España fantasea con que Sánchez salga del citado palacio con grillos y pijama de rayas; la otra media, la que teme –o dice que teme– a Vox, se divide entre groupies, escépticos –el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, nos recordó hace unos días, en sede parlamentaria, que tiene “ojos en la cara”– y parásitos sin escrúpulos. Abascal exige una moción de censura y Feijóo, con acierto, la rechaza sabedor de que el PNV, imprescindible para que la de hace ocho años saliera adelante, ladra y no muerde. Este jueves, Aitor Esteban instaba a “poner el foco sobre el presidente”, mas, preguntado por la moción, respondía: “No la contemplamos”. Normal.

GRAFCAV4103. BILBAO, 28/05/2026.-El presidente del PNV, Aitor Esteban, en la imagen, donde ha afirmado este jueves que "la legislatura ha llegado a su fin" y el "interés general" demanda la convocatoria de elecciones generales este año. EFE/Luis Tejido
El presidente del PNV, Aitor Esteban
Efe

El demiurgo de aquella exitosa moción fue un consultor político que entonces tenía treinta y siete años y un saco de hazañas; un donostiarra “con palabra de vasco” al que Sánchez fichó a pesar de que había sido miembro del Consejo de Gobierno de la Junta de Extremadura en un gobierno del PP con apoyo de IU. Tal y como cuenta Toni Bolaño en Moncloa (Península, 2021), los grupos de trabajo de Iván Redondo “se convirtieron en la espina dorsal de los documentos que se prepararon para el candidato Sánchez”. Según el propio Redondo, aquella moción “era un homenaje a la Transición”, y la clave fue cuando, durante el sarao, el yerno de Sabiniano dijo: “Dimita, señor Rajoy, aquí y ahora, y todo terminará”. “Con esta frase”, según Bolaño, “Pedro Sánchez lanzaba un mensaje muy claro: quiero el poder, pero no a cualquier precio”. No es ningún chiste.

Pedro Sánchez y Mariano Rajoy se saludan tras la moción de censura de 2018. Servimedia

La criatura fue concebida el 24 de mayo, cuando la Audiencia Nacional determinó que en el PP trincaban desde su fundación –dos años más tarde, la Sala Segunda del Supremo corrigió la sentencia, señalando que se excedió al dar por acreditada la responsabilidad penal del PP–; al día siguiente, el Grupo Parlamentario Socialista registró en el Congreso la moción; el 31, el PNV, que venía de apoyar los PGE, cambió de trinchera; ese mismo día, José Luis Ábalos, carne de Soto del Real y encausado por, entre otros delitos, organización criminal, cohecho y tráfico de influencias, pronunció hasta catorce veces la palabra “corrupción” o “corruptos”; al día siguiente, los ochenta y cuatro diputados socialistas, los cincuenta de Podemos y todo el batiburrillo nacionalista –sólo se abstuvo Coalición Canaria– licenciaron a un presidente que mitigó sus penas yéndose de copas –preguntado en El Hormiguero sobre aquella tarde, respondió: “Francamente, no me acuerdo”– y que fue sustituido, durante unas horas, por el bolso de, esta sí, la mujer más poderosa de lo que llevamos de democracia.

Después del pleno, Sánchez celebró su victoria en el edificio de grupos con los diputados y sus asesores. Redondo cuenta en El manual (Contraluz, 2026) que “todo el mundo estaba muy pendiente de quién entraba y salía, así como el orden de reunión con el Presidente”: “Llamó a muy poca gente. Menos de cinco personas. Y uno de ellos fue el Director” –o sea, él–.

–Pídeme lo que quieras –le dijo Sánchez.

–Yo, nada –respondió Redondo.

–¿Quieres ser ministro?

–Yo no, para nada. ¿Qué quieres tú?

–Que seas el director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno.

Más información, en un buen libro, cargado de vida, política, poesía y música, que es un best seller: ocupa el puesto número 175 en la clasificación global de los libros más vendidos de Amazon. Ese mismo 1 de junio, El País titulaba así su editorial: “Un Gobierno inviable”. El periódico que todavía dirigía Antonio Caño –dejó de hacerlo siete días después– señalaba que “la moción desalojará a Rajoy, pero no generará más estabilidad política”. En El Mundo, de nuevo, Raúl del Pozo escribía: “Felipe voló la UCD con más de 200 diputados, Pedro Sánchez ha logrado el más difícil todavía: volar al PP con 84. El superviviente de todas las conjuras, con una política escorada a Podemos, un Gobierno débil, con aliados peligrosos, condenado al fracaso seguro, ha jugado bien las cartas de la propaganda y la retórica para alcanzar y conservar el poder, fortaleciendo la izquierda arrinconada”. Y en esas sigue, pese a imputaciones y encarcelaciones, decidido a presentarse en las generales del 27 y, por supuesto, a ganarlas. La Historia le avala.

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