Los devastadores terremotos ocurridos en Venezuela, están dejando en evidencia la precariedad institucional de un Estado fallido que muy poco ha cambiado desde el tres de enero. Son esos escombros invisibles, los del Estado, los que agravan ahora al máximo la actual tragedia circunstancial, haciendo inviable cualquier recuperación. Porque así justamente se llama la etapa en la que está Venezuela, según el plan de las tres fases de Estados Unidos: recuperación. Y solo después de esta es que está planeada una reinstitucionalización democrática.
Es el viejo dilema del huevo y la gallina, llevado al tema político: ¿La democracia es causa o consecuencia de la prosperidad? Un debate que ya es extemporáneo y hasta impertinente, mientras la gente busca por su cuenta a sus familiares debajo de los escombros, sin saber a quien acudir o a quien esperar. Lo que sí no tiene discusión, es que gobiernan los mismos de antes. Exactamente los mismos. Un tutelaje sin cambio. ¿Qué puede salir mal?

Todavía es muy temprano para saber si esta imprevista catástrofe natural, potenciada por la catástrofe institucional previa, vaya a cambiar el guion inicial y acelere los tiempos en favor de la recuperación de la institucionalidad democrática en Venezuela, o, por el contrario, retrase aún más el plan. Pero tanto dolor acumulado, al menos debe servir para abrir los ojos y poner las cosas en su lugar, recordando las causas que nos trajeron hasta aquí.
Venezuela en un continuismo despótico
Al pueblo venezolano se le ha impedido cambiar de gobierno desde hace casi tres décadas, quedando condenado a un continuismo despótico que ha pagado con represión, exilio, cárcel, miseria y muerte. Ver al mismo gobierno de hace 27 años al frente de las labores de rescate, después de todo lo que ha pasado, es el tercer y más largo terremoto, uno que no acaba y destruye cada día.

¿Se podrá recuperar lo material antes de lo institucional? ¿Se puede cambiar con los mismos? Son preguntas que estamos obligados a hacer para convertir sus respuestas en movilización social en favor del anhelo real de la inmensa mayoría del pueblo venezolano. Contar con autoridades legítimas y responsables con capacidades técnicas, no es mucho pedir. Es el derecho natural de un pueblo. Y una necesidad impostergable; ahora mucho más.

