El gobierno lleva un doble juego con lo que realmente está invirtiendo en Defensa. Pese al No a la guerra de Sánchez desde que llegó al Gobierno, la partida de defensa que más peso ha ganado ha sido la de las compras de equipamiento, es decir el armamento. De los 33.000 millones de gasto en esta partida, solo el año pasado 10.600 millones se utilizaron para comprar armas. No entro a debatir si es mucho o poco porque de eso solo pueden opinar expertos pero vaya por delante que soy una ciudadana que considera necesaria la inversión en defensa. Lo que también me parece exigible y necesario es que la comunicación tiene que ser real y transparente y de momento las últimas inversiones que se han hecho no han sido explicadas en Consejo de Ministros. Los medios de comunicación hemos tenido que tirar de las referencias del Consejo que es el documento donde aparece todo lo que se ha aprobado cada martes.
Este juego es conocido y está enfadando a la bancada de la izquierda y a la de la derecha. Internamente y movido por intereses electorales Pedro Sánchez, se presenta como un dirigente contrario a invertir más en defensa, a caballo del No a la guerra. Ante la OTAN, en cambio, saca pecho de haber multiplicado este gasto. Digamos que ostenta de sus razonables discrepancias con Trump al que también por cierto le viene bien este enfrentamiento, perfilándose como antagonista suyo y cuando lo tiene delante mantiene una conversación cordial hablando de fútbol y de golf. Entiendo que en política, el pragmatismo es necesario. Lo que no admisible es tergiversar los hechos y ocultar a la ciudadanía decisiones estratégicas. Hasta hoy ningún miembro del ejecutivo nos ha explicado porque Donald Trump en la cumbre de la OTAN en Ankara (Turquía) que se celebró la pasada semana pasó de llamarnos malas personas y a cortar el comercio con España a las 09:00h de la mañana a felicitarnos a las 22:00h de la noche por el esfuerzo realizado en los últimos meses. Es decir en público atacó a España en términos inaceptables , sin que Sánchez entrará a responderle y terminó el día elogiando a nuestro país. El giro ha sido muy llamativo, pero nadie nos ha explicado qué ha podido propiciarlo.

La pregunta pertinente es en esta marcha atrás de Donald Trump ¿influyó los 6.200 millones de euros de que ese mismo día aprobó el Consejo de Ministros y del que nos enteramos después por el documento que se publica cuando termina la rueda de prensa posterior al Consejo? ¿Qué quiso decir el presidente de EEUU cuando desveló que España había accedido a una solicitud de pago importante? ¿Estaba hablando de los contratos millonarios de defensa a los que nos hemos comprometido que incluye una compra conjunta de aviones militares Airbus? ¿A esto se refería Trump? ¿por qué nadie del ejecutivo ha explicado esto? ¿Existe un doble juego con el que quieren confundir a los ciudadanos? La realidad es que el Gobierno está aumentando el gasto en seguridad modificando partidas, sin presupuestos, sin la fiscalización del Congreso y sin el conocimiento de la ciudadanía. Es una autentica partida de póker en la que Sánchez juega con el papel de España en el mundo y con el futuro del país según convenga.
Lo cierto es que el gasto militar de Sánchez sólo concita el aplauso momentáneo de Trump, no cuenta con aliados. Izquierda y derecha exigen explicaciones y acusan al Gobierno de opacidad. La oposición a la que se enfrenta el ejecutivo es particularmente dura en los partidos que hasta ahora le han sostenido en el poder entre ellos Podemos que ha pedido a Sánchez que aclare si ha comprometido nuevo gasto militar acusando al presidente de ocultar a los ciudadanos que está dedicando su dinero a armamento en lugar de a servicios públicos. Para lidiar con esta situación y evitar un choque frontal con debates incómodos y votaciones en contra, el Gobierno se ha refugiado en ajustes y maniobras contables, transferencias presupuestarias y créditos extraordinarios como vías fáciles y rápidas pero también oscuras y poco democráticas. Este ha sido el camino empleado para cabalgar en una contradicción: presentarse como adalid internacional del no a la guerra al tiempo que ha situado a España como el tercer país de la OTAN que más ha elevado su inversión en defensa.
La etiqueta del pacifismo comienza a deshilacharse. El rechazo al aumento del gasto militar sigue siendo frontal en formaciones como Podemos, Bildu, ERC y BNG y comienza a comprometer mucho a Sumar. Y si el Gobierno remite a las cortes un proyecto de Presupuestos Generales para el 2027 como ha prometido el rechazo será definitivo porque se tendrá que incluir una partida alta para la defensa. Digamos que es un yes a la guerra en inglés y un no a la guerra en español.

