La comparecencia de Mercedes González en el Senado solo ha servido para volver a constatar la cadena de mentiras en las que viene incurriendo la directora de la Guardia Civil. Su declaración debería haber servido para aclarar si actuó al servicio de la trama socialista para desacreditar a la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, al equipo que ella dirige o si actuó al servicio de la institución que encabeza. No aclaró nada y se enredó con que no había accedido a las peticiones de la fontanera Leire Diez sin relatar con detalles que fue exactamente lo que la fontanera del PSOE le pidió en reuniones que tuvieron lugar en una cafetería fuera de las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil lo que es de por si extraño.
Mercedes González negó todo en un tono rotundo y categórico reconociendo que hace más de un año informó al ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, de las dos reuniones que al menos que mantuvo con la fontanera del PSOE. Si esto es así y realmente se lo comunicó al ministro ¿por qué hace solo tres semanas tanto ella como el ministro negaron reiteradamente estos encuentros? ¿quién falta a la verdad en este caso? ¿la directora de la Guardia Civil para protegerse o el ministro del Interior?
Su declaración ante la cámara alta ha coincidido en el tiempo con el último informe de la UCO que ha elevado un peldaño más la gravedad del caso Cloacas. González y Leire Díez se mensajearon un domingo por la mañana, el mismo día en el que se publicaron los mensajes entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos y el mismo día en el que se ordenó oficialmente por parte del director Adjunto Operativo de la Guardia Civil (DAO) una investigación que presuntamente buscaba a los filtradores de estos mensajes dando por hecho que era la Guardia Civil quien estaba detrás.
Lo cierto es que como defienden fuentes de la Guardia Civil la investigación no iba de filtraciones sino contra los investigadores de una de las unidades más prestigiosas del Instituto Armado que ahora mismo llevan a cabo todas las investigaciones que afectan al PSOE, al ejecutivo y al entorno de Sánchez. El dato es demoledor incluso más que el hecho de que González mintiese cuando dijo que no se había reunido nunca con la fontanera cuando en realidad lo había hecho en dos ocasiones, tal y como ha tenido que reconocer.
Lo que ahora acredita la UCO es un intercambio de mensajes entre las dos, entre González y Díez, y dos horas más tarde la activación de una investigación abierta contra los agentes de la Unidad Central Operativa. Hay más indicios que según fuentes de la investigación podrían acreditar una acción-reacción por parte de González. La directora de la Guardia Civil activó en este mismo chat la desaparición automática de mensajes, algo similar a lo que en su día hizo el ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz y que pesó duramente en su condena. Es decir, quien ostenta la mayor responsabilidad en la Guardia Civil ha estado manteniendo comunicaciones opacas con la persona a la que se le acusa presuntamente de integrar una presunta organización criminal dedicada a desactivar y boicotear causas judiciales muy sensibles que afectan al entorno de Sánchez. Y tras estas comunicaciones impulsó diligencias contra los agentes que investigan al poder. Si quien tiene que proteger a la UCO participa en una operación que tiene como objetivo atemorizar y amedrentar a los agentes el Ministerio del Interior no cumple la función que tiene que cumplir.
González estaba obligada a aclarar en el Senado que habló exactamente con Leire Díez y la razón por la que borró estos mensajes y no lo ha hecho. Se lo preguntaron en varias ocasiones y en ninguna de ellas contestó lo cual ya es un indicio para pensar que algo quería ocultar si no es fácil de explicar. Tampoco explicó por qué siguió teniendo contactos con la fontanera del PSOE después de que Díez le pidiese reincorporar a un comandante de la Guardia Civil imputado por el caso Koldo. Lo normal hubiese sido que inmediatamente después de esa petición ilegal hubiese dado traslado a la unidad del Instituto Armado correspondiente para abrir una investigación, pero no lo hizo. Pero lo más extraño es que después de esa cita mantuviese el hilo abierto con la fontanera. ¿De qué siguieron hablando? ¿No sería más ético romper el contacto teniendo en cuenta el puesto que ocupa y a quien representa?
Mercedes González finalizó el pasado martes su comparecencia asegurando que lo único que hizo fue salir en defensa del buen nombre de la Guardia Civil. Pero ¿cómo se defiende a la Benemérita tomando cafés con una cloaca que quería ver muerto a su teniente coronel Balas? ¿se defiende a la Guardia Civil borrando chats cruzados con la fontanera? ¿cómo se protege a la Guardia Civil abriendo expedientes a miembros de la UCO que investigan al entorno del presidente Sánchez por presuntas filtraciones a los medios de comunicación? Esta semana la directora de la Guardia Civil se ha reído de todos con una seguridad que solo puede venir del apoyo sin fisuras del presidente del Gobierno. Me gustaría saber qué piensa el ministro Marlaska de todo esto.

