Leída Hasta que te quedes (Destino, 2026), la última novela del maestro Manuel Marlasca (Madrid, 1967), la segunda de su serie sobre el Grupo X. Me lo he pasado como un enano –disculpen: como un acondroplásico– en sus cuatrocientas y muchas páginas, acompañando a Jimmy, a Méndez, a Mangas, a Julia o al juez Miguel Jaramillo en sus nuevas andanzas. Ha parido el mejor reportero de sucesos patrio un artefacto literario efectivísimo, compacto, rebosante de guiños, pullas y referencias musicales en las que, por boca de sus personajes, asoma el autor. Que él dice que no, que son opiniones de sus criaturas. Ya, claro. Como si no nos conociéramos.
A Manu Marlasca le conocí hace siete años –¡siete años ya, rediós!–, cuando publicó Cazaré al monstruo por ti (Alrevés, 2019), un ensayo sobre la Operación Candy y sobre los policías que capturaron al pederasta de Ciudad Lineal, Ángel Antonio Ortiz. Me topé no sólo con un periodista magnífico, sino con un primer espada despojado de toda ínfula; con un tipo humilde, amable y honesto, como “de un siglo anterior”, que canta Bunbury, en el mejor de los sentidos. Y yo, que soy un pollavieja desde que tengo uso de razón, me enamoré de su ser, de su estar y de su hacer.
Hijo y nieto de periodistas, Marlasca es de los que piensan que el oficio nuestro no es un trabajo funcionarial, sino una especie de sacerdocio en el que es imprescindible la vocación, la curiosidad, el hambre. Su padre, Manuel Marlasca Cosme, fue una figura legendaria e imprescindible del diario Pueblo, y se llevaba a su niño la noche del viernes y el día del domingo al periódico de los sindicatos verticales, donde, como el propio Manu me contó, “sólo se hablaba de información, de periodismo y de putas” y “no había espacio para mamoneos ni frivolidades”.
El primer crimen del que se ocupó el reportero Marlasca fue el de un guardia civil jubilado que asesinó a un chaval de Villaverde porque había aparcado en la puerta de su cochera. Ha desarrollado una carrera prolífica en diversos periódicos, revistas, cadenas de radio y de televisión. Publicó su primera novela hace dos años. Entonces me contaba que padecía el síndrome del impostor: “Me he asomado al mundo de la ficción y de la literatura desde un reverencial respeto. Soy un gran lector, leo mucho”. En Hasta que te quedes no sólo hallamos guiños a sus autores de referencia, sino que se cuelan Manuela Mauri y Sergio Gallardo, dos personajes de las novelas de Noemí Trujillo y Lorenzo Silva.
Hasta que te quedes discurre por dos casos: la desaparición de una tipa que se ganaba un sobresueldo llevando a pringados a timbas ilegales y el asesinato de un personaje entrañable. Es una novela de policías, los perros pastores que protegen a las ovejas de los lobos. Marlasca retrata con una humanidad rabiosa a unos profesionales increíbles –si bien algún garbanzo negro hay– que, como todo hijo de vecino, se meten en Tinder, quieren tener hijos y, si les tocas las narices, corren el riesgo de cruzar líneas rojas. Los villanos, en cambio, suelen ser unos desgraciaícos. Uno de ellos, por ejemplo, padece una enfermedad mental jodida y mata a su madre. Al respecto, uno de los protagonistas, Jimmy, lamenta: “La madre y el hijo estaban abandonados… El sistema ignora y desprecia a los enfermos mentales y a sus familias. (…) Pero si una gimnasta, un futbolista, un jugador de baloncesto, una actriz o cualquier otra celebridad dice que está deprimida, se anuncia pomposamente que la salud mental está en la agenda política y se prometen observatorios y mierdas parecidas”. Opiniones de sus personajes, me dice Manu. Será cachondo.
