Como decíamos hace un mes la crisis en Ceuta sigue desbordada. El Gobierno sigue sin llamar a las cosas por su nombre. Esto no es una crisis humanitaria, es una crisis geoestratégica provocada por Marruecos que ha conseguido su objetivo enfrentado a la población ceutí y a los inmigrantes que asaltaron Ceuta. Es de primero de ESO o de EGB que una crisis se ataca y se gestiona primero sabiendo a lo que nos enfrentamos y poniendo soluciones en las primeras 48 horas. Los servicios de información han alertado de que esto va a volver a suceder más pronto que tarde y lo que nos ha quedado claro un mes después es que la frontera física es solo la última línea de defensa. La verdadera protección de Ceuta comienza mucho antes, cuando todavía existe margen para detectar la amenaza, movilizar recursos y evitar que una crisis vuelva a sorprender a un Estado. Es cierto que la inteligencia no elimina el riesgo, porque el riesgo cero no existe, pero permite ganar tiempo. Y ese tiempo es el que posibilita activar refuerzos, desplegar medios de vigilancia y rescate, proteger infraestructuras y preparar la capacidad de acogida antes de que loa situación se convierta en una situación de emergencia. La entrada masiva de cerca de 80.000 migrantes ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad del perímetro llevando a Ceuta en una crisis sin precedentes.

Gendarmes de Marruecos guiaron el asalto según la Policía Nacional en contra de lo que defendió a capa y espada el presidente del Gobierno a principios de semana en la Cadena SER. Sánchez exculpó a Marruecos y señaló a nuestro Rey por no haber ido a Ceuta pero ese es otro tema igual que el lapsus de decir que llevaba 20 años en el trono. Sobre el tema que nos concierne lo que dijo en esta entrevista es que no hay ningún indicio para señalar a Marruecos como organizador o conocedor del asalto que tuvo lugar a Ceuta el pasado 31 de julio.
Lo que sabemos ahora es que la jueza de la Audiencia Nacional María Tardón, tiene sobre su mesa un informe que afirma que el asalto fue un proceso cuidadosamente planificado con el objetivo de colapsar el sistema de control fronterizo español y eliminar la capacidad de respuesta de España. Los agentes españoles aseguran a la juez que sus homólogos de Marruecos pudieron monitorizar sobre el terreno la ejecución de la propia acción. El informe que está en poder de fiscalía vincula muy directamente esta operación con la reivindicación territorial del régimen alauita sobre las ciudades de Ceuta y Melilla. Sánchez ayer en el Congreso de los Diputados volvió a asegurar que en ningún momento manejaron ningún informe que alertase sobre la magnitud del asalto y que tampoco existe ningún documento que responsabilice a Marruecos como estado de haber dirigido esta operación. Lo cierto es que cualquiera que haya podido leer los informes policiales filtrados y publicados puede interpretar facilmente que gendarmes marroquíes guiaron el asalto y que en un estado tan jerarquizado es inverosímil pensar que el la cúpula presidencial del palacio real marroquí no lo supiera.

Lo peor es que no hay ninguna razón para pensar que Marruecos vaya a cambiar de estrategia en un futuro. La pregunta es si vamos a hacerlo nosotros. La monumental tormenta política generada en Europa constituye el incentivo mas poderoso para que Marruecos siga utilizando a los migrantes como munición. Después del asalto del 30 de julio hubo rumores y noticias que corrieron a través de las redes de que iba a ver un nuevo intento de asalto pero todo quedo en nada porque el reino alauita desplegó fuerzas militares y policiales para evitar la agresión. Y esto se puede interpretar como un m mensaje de Marruecos a los socios europeos de que realmente son ellos quienes controlan la frontera. Y en este contexto geopolítico la pregunta es ¿tiene sentido que sigamos teniendo esta relación o toca moverse a posiciones más duras con Marruecos? ¿toca jugar al palo y a la zanahoria o nos tenemos que seguir enfrentando a la política de chantaje a los que nos tiene sometidos el reino alauita desde los primeros años de democracia? La mayoría de los diplomáticas, exministros y analistas que han pasado esta semana por los medios de comunicación reclaman firmeza al Gobierno. Defienden un tono menos complaciente, más duro, en consonancia con el contexto geopolítico, aunque lo más probable es que no haya giros hasta después de la próxima cita con las urnas. En las últimas horas el presidente del Gobierno ha señalado que hay que cambiar la cooperación que mantenemos pero sin aclarar cómo se hace esto con un vecino que siempre quiere vernos con el agua al cuello.

El reto pasa ahora por una respuesta que este basada en anticipación, disuasión y presión diplomática. No se trata solo de impedir una entrada, sino de detectar con antelación la amenaza, identificar su naturaleza, coordinar todos los recursos disponibles y evitar que un incidente localizado termines desbordando las capacidades del Estado. Después todo pasa por aumentar los efectivos policiales. Si antes de la crisis Ceuta contaba con más de 1200 agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, después de los acontecimientos Interior desplegó más de 500 adicionales que probablemente deberían permanecer sobre el terreno sine die. Y eso que la experiencia demuestra que la clave no es solo disponer de más efectivos, sino contar con una estructura capaz de concentrarlos rapidamente allí donde aparezcan señales de una posible crisis. Esto implica no solo disponer de personal suficiente, sino también de vehículos, comunicaciones, material sanitario, medios de evacuación y la capacidad logística de reserva. Es importante además dar el salto hacía una frontera inteligente. Se necesitan drones, radares de superficie, vigilancia aérea y sensores térmicos porque la tecnología actúa multiplicando las capacidades. La otra capa de la defensa de Ceuta pasa por la protección de sus infraestructuras críticas: puertos, redes de agua, electricidad, depósitos de combustible y telecomunicaciones porque la población ceutí no puede seguir pagando las consecuencias de crisis prolongadas como la que se está viviendo en Ceuta. Y todo esto haciendo visible esta presión y elevando el coste político de emplearla. Es un problema basicamente de credibilidad. Si uno muestra debilidad, no va a conseguir la simpatía del mundo, al revés van a conseguir que abusen de él.

