El presidente de Ceuta, Juan Vivas, ha desvelado que, en los días previos a la avalancha desde Marruecos, Moncloa desoyó todas sus advertencias sobre la creciente tensión migratoria que venía desde el país vecino. El 27 de julio Vivas intentó hablar con Pedro Sánchez, pero el presidente no se puso al teléfono y su jefe de Gabinete, Diego Rubio, acabó pidiéndole al presidente ceutí que no llamara más porque se estaba poniendo “muy pesado”. El Gobierno niega esta versión, claro, y dice que tomaron medidas para intentar frenar las entradas a nado, aunque sus previsiones fueron ampliamente desbordadas. ¿Qué tipo de medidas se implementaron? Que sepamos, ninguna. De hecho, lo único que se hizo, a posteriori, además (el 3 de agosto), es instalar 500 metros de boyas flotantes, para dificultar, que no frenar, nuevas entradas a nado en la ciudad.
La triste realidad, pues, es que se desoyeron las alertas, no solo las lanzadas por el “pesado” de Vivas, sino, al parecer, las trasladadas por el jefe de Gabinete de la Delegación del Gobierno en Ceuta, Gonzalo Sanz, que dimitió el viernes reiterando que sí advirtió a su jefe de los avisos que le transmitió un agente del CNI sobre convocatorias masivas para asaltar la frontera, una versión que sigue negando el delegado Miguel Ángel Pérez Triano. Pero, ¿alguien se cree que la mano derecha de un político no advierte a su jefe de algo así? En un primer momento en el Gobierno fueron negligentes, después les faltaron reflejos y les sobró soberbia para calibrar la dimensión de la crisis, y ahora lo que prima sobre todo es la ineficacia para conseguir que Ceuta pueda volver a la normalidad, porque no es normal todo lo que está ocurriendo: no son normales los navajazos, las peleas, los apedreamientos a las Fuerzas de Seguridad y a los militares, las agresiones sexuales…
Cuando ocurrió la tragedia de la riada de Valencia, el Gobierno encontró pronto un enemigo al que echarle la culpa de lo sucedido: la culpa era de Mazón, que no estuvo donde tenía que estar (casi dos años después su relato sigue haciendo agua), y que no solicitó el estado de alarma, pero Vivas no es Mazón. Vivas ha estado en su sitio en todo momento, en el antes, en el durante y en el después. Es inútil, pues, que desde el Ejecutivo se quiera poner peros a su gestión, porque todo el mundo puede ver que su margen de maniobra es muy pequeño. Ceuta no es la Comunidad Valenciana, no tiene medios, y hasta la Sanidad está en manos del estado.
45 días después, al Gobierno se le van cayendo sus argumentos: el de Vivas, el del CNI, el del racismo de los españoles que no entienden la situación de los que entraron en Ceuta… Lo único que les queda es pedir paciencia a sus habitantes ante lo que llaman “la nueva normalidad” de la ciudad autónoma, pero los ceutíes se niegan a aceptar que ese siga siendo su día a día y que continúen sin poder caminar tranquilamente por las calles de la ciudad. Si es que, ya lo decían en Moncloa, son unos pesados.

