Opinión

Margarita Robles convierte el Congreso en el astillero de Hamburgo

MADRID, 03/09/2026.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), recibe el aplauso de la bancada socialista en el Congreso de los Diputados donde comparece este jueves para informar de la gestión de la crisis en Ceuta. EFE/ Sergio Perez
Margarita Robles se niega a aplaudir a Pedro Sánchez. EFE/ Sergio Perez
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La imagen es impresionante: Sánchez remata una homilía gaseosa, caótica y peñazo –hora y cuarto de chapa soltó el tío– este jueves en el Congreso, donde compareció para explicar –es un decir– los “hechos acaecidos en Ceuta desde el pasado 30 de julio”, y todos sus ministros, con obediencia feligresa, se ponen en pie y le brindan un aplauso cesarista. ¿Todos? ¡No! La irreductible Margarita Robles resiste férreamente al invasor, o, más bien, a su rehén. La ministra de Defensa recuerda a August Landmesser, el único currito del astillero de Hamburgo que, en una famosa foto, se negó a hacer el saludo nazi ante el mismísimo Hitler –el NSDAP le expulsó tras casarse con una mujer judía–. En la Cámara Baja, los segundos transcurren lentos y densos, como si el tiempo estuviera hecho de leche condensada, y la magistrada, sin incorporarse, palmea una, dos y tres veces, y amaga con una cuarta, pero se la ahorra. Lánguida y desganada. Como si asistiera a un concierto de Ismael Serrano.

Hora y pico después, Alberto Catalán le dijo: “Mejor irse de este Gobierno con la cabeza alta que seguir en el mismo sumisa y despreciada por sus compañeros”. El portavoz de UPN contempló, al igual que todos los paisanos que rondábamos por el Palacio de las Cortes, cómo, en los instantes previos a que arrancara el pleno, una mesnada de ministros y diputados socialistas saludaba efusivamente a Fernando Grande-Marlaska, alias Nohayinformes, mientras pasaba de la titular de la cartera de Defensa como si fuera un batido de mejillones y horchata con patas. El cardumen, inconsciente de que sólo los peces muertos siguen la corriente del mar, le hizo el vacío a la única miembro del Ejecutivo que, desde finales de julio, ha aportado profesionalidad y humanidad a la gestión de la invasión, que no crisis migratoria; a la única que no se ha sumado al relato alucinado, gallináceo y servil divulgado por Sánchez y sus enanitos políticos y mediáticos.

El presidente estuvo mal. Gastó sentimentalismo de hojalata, rollo sor Lucía Caram, se ciscó en los bulos y en los seudomedios, y acusó a todo dios, desde Vivas a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pasando por la “internacional ultraderechista” y las “mafias y comerciantes” allende la frontera: a los primeros, de subestimar la avalancha de inmigrantes ilegales; a los segundos, de cebarla. El informe del CENIF, bah, sólo alertaba de “un incremento paulatino de acceso por los espigones”. Conclusión: nadie, según Sánchez, se olió semejante tostada. “El Gobierno”, añadió, “no tiene nada que ocultar. He dado la orden de publicar un dossier con todos los informes”. Todo el cardumen le aplaudió la ocurrencia. Salvo Robles, claro.

Acto seguido, Sánchez habló de Marruecos como si fuera el líder de la oposición controlada en un Estado autoritario: que si los gendarmes permitieron, durante diez horas, que 70.000 personas cruzaran la frontera porque les vino en gana, pero que no hay pruebas “de que Marruecos planificara o ejecutara el episodio”; que dos ministros hacen “declaraciones inaceptables sobre Ceuta y Melilla”, pero a la embajadora se la convoca el 21 de agosto de tapadillo, con nocturnidad y alevosía, no sea que el Pegasus bereber se encabrite y cante, y así. “Si existieran esas pruebas sólidas”, agregó, acorralado por un por si acaso con no pocos visos de convertirse en realidad, “actuaríamos en consecuencia”. Seguro. Finalmente, el hombre que aseguró que no pactaría con Bildu –“Si quiere, se lo digo veinte veces” – dijo que “este Gobierno no renunciará jamás a la soberanía de Ceuta y Melilla”. Quien se lo quiera creer, allá él.

Feijóo mencionó algunas cosillas que Sánchez se dejó en el tintero, como las “violaciones a niñas, los contagios, los ataques a los militares en su propio país”, etcétera. El presidente del PP, basándose en lo escuchado: “Si esta es la verdad, dimita por incompetente, y si es falso, dimita por cómplice”. Acertó cuando explicó que Ceuta “no sufrió una crisis migratoria”, sino “una invasión que continúa”; llamó al jefe del Ejecutivo “Nerón con TikTok y con una frialdad que asusta”, y discurrió por la evidencia que aterra al marido de Begoña: “La operación salió de Marruecos, fue consentida por Marruecos y hay indicios de que Marruecos lo coordinó y el Gobierno lo sabía porque había indicios de ello”. Nihil obstat.

El gallego, crecido, galopó a lomos de Pegasus: “Durante diez horas, la gendarmería marroquí dejó entrar a todo quisqui. ¿Por qué? ¿Qué documento había en su teléfono para que se comporte de esta forma? ¿Por qué tiene miedo a Marruecos? ¿Qué sabe Marruecos de usted?”. Feijóo aseguró que garantizará la presencia del Estado en Ceuta si llega a presidente –está por ver– y concluyó orteguiano: “La nación es más fuerte que sus muros, el Estado es más sólido que su Gobierno. Ambos serán reconstruidos y ambos sobrevivirán a usted, se lo garantizo”. Está por ver, ya digo. Perdón por el pesimismo.

Santiago Abascal acertó al entender que contundencia y estridencia no son sinónimos. Comentó la entrevista que Sánchez concedió el lunes a la Cadena SER –“Le vemos muy valiente con el Rey de España y muy sumiso con el de Marruecos” –, le afeó que no dijera ni pío sobre las “violaciones y el terror sexual” y le afeó la convocatoria secreta e innecesaria de la embajadora magrebí: “No necesitan embajador: usted es el embajador de Marruecos en España”. El presidente de Vox también se dirigió a la bancada del PP: “¿De verdad creen que Sánchez no ha traicionado a los españoles? Si lo creen de verdad, actúen en consecuencia y no nieguen ese debate a los españoles”. En pasillos, nadie confirmaba ni descartaba nada al respecto.

Por lo demás, el comunista Enrique Santiago se ubicó, en la forma y en el fondo, en las antípodas de Sánchez: “Los autores e inductores deben ser llevados a la justicia y España ha sufrido un ataque de Marruecos utilizando a personas vulnerables. (…) Marruecos, en coordinación con EEUU e Israel, ha organizado la masiva entrada de 80.000 personas”. Y chimpún. Aina Vidal, del mismo grupo parlamentario, atizó al cazador Figaredo e, imitando a Helen Lovejoy de Los Simpson, dio la cara por los “miles y miles de niños que están esperando en Ceuta” –los ilegales, quiere decirse; los nativos, con su pan se lo coman–. Gabriel Rufián arrancó bien y remató desbarrando: “Yo acuso a Marruecos de enviar a 80.000 personas a su frontera para cargarse al Gobierno de España con la colaboración de Washington, de Tel Aviv y sí, de la derecha y de la ultraderecha española, política y judicial”. Ea. La puigdemontonera Nogueras dijo que Sánchez, tanto si conoció las alertas como si no, queda “inhabilitado para seguir gobernando”. Belarra: “Es el momento de romper relaciones con Marruecos hasta que sea una democracia”, o sea, in saecula saeculorum. Y el breogancito del Benegá, Néstor Rego, dijo grazas y quedóse tan contentiño. Hacía mucho que Margarita Robles se había dado el piro del hemiciclo.