Opinión

No, gracias

Mette Frederiksen observa durante una reunión bilateral con el primer ministro británico Keir Starmer
EFE/EPA/ANDY RAIN
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Si solo hubiera sido ella. Si solo hubiera sido la primera ministra danesa la que en un momento de su vida hubiera recibido comentarios sobre su físico. Pero lo sabemos, sabemos que no, que no es la única, que probablemente no existe una mujer a la que en algún momento de su vida no se le haya cuestionado su físico cuando el tema del que se tendría que hablar debería haber sido otro. Que no es la única mujer que ha recibido comentarios sobre su físico incluso si esa mujer era una mujer poderosa o una super modelo.

“No, gracias” es la respuesta que la primera ministra danesa ha querido compartir de manera pública en sus redes sociales después de volver de un viaje oficial respondiendo a un cirujano plástico que le proponía arreglarle una “manchita” que tiene la nariz. “¿No crees que deberíamos arreglarte esa manchita que tienes en la nariz de una vez para siempre?”, le proponía el cirujano plástico a la primera ministra de manera pública y también a través de las redes. “No, gracias”, respondió ella.

Y es que el físico de las mujeres, a cualquier edad, y no solo su físico, no sólo su cara o su cuerpo, sino también su presencia, qué ropa lleva, es objeto de comentarios en nuestra sociedad. Algo que, todos sabemos, no ocurre con los hombres, o al menos no de manera tan generalizada. Sucede con las mujeres que ocupan cargos públicos, pero ocurre también en la esfera privada.

La mujer siempre ha sido cosificada, a lo largo de los siglos, y sigue siendo cosificada, es un hecho que no se puede negar. Las mujeres deben ser atractivas, tener un cuerpo deseable, aspirar a la perfección física y hacer todo lo posible por conseguirla.  Los hombres no son cuestionados nunca de esta manera, ni siquiera cuando tienen cargos visibles o públicos. A las mujeres no les sirve con demostrar su valía, con ocupar espacios de poder o conseguir logros, siempre se las criticará por su físico o por el traje o vestido que llevan, o por llevar tacones altos, o por no llevarlos.

El físico de las mujeres siempre es objeto de comentarios, además de formar parte de una industria, y no basta con estar sana, las mujeres tienen que ser como se supone que tienen que ser según los estándares que alguien pone encima de la mesa. Y por eso no se pueden tener arrugas o manchas, y la nariz o el cuerpo tiene que ser de determinada manera. Todo tiene que ser perfecto según lo que dictan otras personas, aunque en muchas ocasiones aquello que hace imperfecto a una persona sea precisamente lo que con el tiempo termina siendo su seña de identidad, como le ocurrió por ejemplo a Cindy Crawford, la súper modelo de los años noventa, a la que dijeron que nunca podría trabajar, y aún menos triunfar como modelo, si no eliminaba de su cara el lunar que tenía junto a su boca.

Porque el físico de las mujeres siempre es objeto de debate, y consigue en muchas ocasiones que se desvíe el tema y en vez de hablar de sus logros, de lo que han conseguido, el físico siempre termina apareciendo. Y por eso las mujeres que responden con un “no, gracias” como la primera ministra de Dinamarca son consideradas incómodas, porque no permiten que el tema se desvíe.

Y no seré yo quien critique a las mujeres que deciden hacer con su cuerpo y su cara lo que les parezca, todo lo contrario, porque si en algo creo es en la libertad individual y en que cada uno pueda conducir su vida como le plazca siempre que no moleste al prójimo, pero como sociedad y como personas habremos dado paso de gigante cuando el físico de las mujeres y por extensión, su manera de vestir, no sea el tema principal cuando no deba serlo.

Es imposible ser perfecto a ojos de todo el mundo, es más, si nos ponemos, es muy fácil negar la perfección, porque basta con que nos planteemos qué es ser perfecto, y qué es vestir bien, e indagar como han cambiado los estándares a lo largo de la historia y de las distintas culturas para comprobar que en realidad no existe tal perfección, y que ninguna mujer está obligada a perseguirla.

Las dos palabras de la primera ministra danesa encierran mucho más, y me parecen las palabras idóneas para no tener que dar ninguna otra explicación cuando una persona, sea o no cirujano plástico, piense que puede mejorar a una mujer, que puede mejorarnos.  Ignoro cómo se dice en danés «no, gracias», pero para mí desde ahora estas dos palabras han pasado a significar una declaración de intenciones ante una pregunta como la de este cirujano u otras opiniones no solicitadas: me gusto como soy, me quiero como soy y no necesito cambiar nada de mí misma para sentirme bien. Más claro, agua.

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