Opinión

Papeles secundarios

Relación de amor con una IA - Sociedad
Una imagen conceptual que simboliza las relaciones de amor y la inteligencia artificial
Shutterstock
Actualizado: h

Lo veo pasar cada día a la misma hora junto a su perro. Él siempre va montado en su bicicleta y su perro va trotando junto a él. Lo veo cada día, y él no lo sabe, pero ya se ha convertido en parte de mis días, aunque no sé quién es y puede que nunca lo sepa y puede que nunca crucemos una palabra, o todo lo contrario, quién sabe si en un futuro las circunstancias y la vida, que siempre es más creativa de lo que podemos llegar a imaginar, nos pone en el mismo punto del camino en un momento determinado.

Lo veo pasar y pienso en cuántas personas forman parte de nuestra vida, de nuestras vidas, sin que sepamos nunca nada de ellos, tal vez ni su nombre, o tal vez sólo su nombre. Cuántas personas están en nuestras vidas como si fueran actores o actrices haciendo papeles secundarios en una obra que es nuestra vida.

Con algunas de estas personas, sin que lleguen a estar en nuestro círculo más íntimo, llegamos a tener relaciones, aunque sean superficiales, que pueden durar años. Con algunas de estas personas incluso tenemos relaciones más largas que con muchas otras personas que consideramos muy relevantes en nuestra historia y en nuestra vida.

Recuerdo por ejemplo a mi vecino y su hijo en aquella casa en la que viví ya hace tiempo, con los que durante muchos años bajaba todas las mañanas en el ascensor. Nuestras charlas no eran trascendentales, pero de lunes a viernes eran las primeras personas con las que hablaba antes de llegar a la oficina, después de salir de casa. Y pienso en el camarero de la cafetería donde desayunamos cada día o tomamos el segundo café cada mañana. Pienso en la farmacéutica o en la cajera del supermercado en cuya caja siempre te pones para pagar. El dependiente de la gasolinera donde siempre vas a llenar el depósito. La chica que lleva años vendiéndote el pan. Porque sí, piénsalo, siempre vas a los mismos sitios y todos ellos forman parte de tu vida.

Puede que no siempre nos demos cuenta, pero todas estas personas con las que nos relacionamos de esta manera superficial, con las que hablemos y mantenemos charlas intrascendentes forman un paisaje humano, que es nuestro paisaje y parte de nuestras vidas.

A todos nos ha pasado, a mí me ha pasado, tener un mal día y sentirme reconfortada y recuperar el buen humor y la sonrisa por uno de estos encuentros, por una de estas charlas. Porque estas personas que no son nuestra familia, ni son nuestros amigos, a menudo son capaces de consolarnos cuando tenemos un mal momento simplemente por tener una charla insustancial con nosotros, sin saber exactamente lo que están consiguiendo con esa charla, hacer que nos sintamos mejor. Y pienso si no serán como los actores secundarios que tantas veces vemos en el cine o en el teatro, que tienen papeles menores, pero que estamos deseando que vuelvan a la escena, porque siendo secundarios, engrandecen la pantalla o el escenario cuando aparecen, y todo es un poquito mejor cuando aparecen.

Y por eso sucede a menudo que uno se muda y descubre que echa de menos el saludo de aquel vecino y aquellas charlas insustanciales en la frutería, en la panadería o en la tintorería.

Tendemos a pensar que la vida está hecha de grandes acontecimientos, de grandes relaciones, pero la vida está también hecha de muchas cosas muy pequeñitas y de relaciones también pequeñas que parecen no tener trascendencia, de encuentros que cada día vivimos con esas personas que terminan por formar parte de nuestras vidas, como actores y actrices en papeles secundarios en la obra de nuestra vida. Papeles secundarios, que a veces pueden terminar dejando más huella que los propios papeles principales, como sucede en tantas obras, en tantas buenas obras, donde nada es previsible, como lo son también nuestras vidas.

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