Han pasado dos semanas desde que 80.000 personas entraran de manera irregular en Ceuta con el visto bueno de Marruecos y la pasividad obligada de las fuerzas de seguridad del Estado. Muchas volvieron al país vecino, pero, entre 8000 y 11.000, según el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, siguen todavía en la ciudad autónoma y los problemas, lejos de solucionarse, se multiplican, sin que sepamos a ciencia cierta si el Gobierno tiene o no un plan. Dos días después de que se produjera este hecho, el Ejecutivo escribió su relato y dio por solucionada la crisis gracias a la “lealtad” del país vecino, al que calificó como un socio “fiable”, pero los testimonios de los ceutíes y las imágenes que nos llegan desde allí, dicen todo lo contrario. La propia ministra de Defensa, Margarita Robles, ha tenido ocasión de escuchar esta semana de primera mano las quejas y reproches de los ciudadanos de la ciudad autónoma. Ha sido la única que ha dado la cara, y eso le honra, aunque no haya acabado de aclarar si el Centro Nacional de Inteligencia, que depende de su ministerio, alertó de lo que iba a ocurrir. Todo apunta a que sí lo hizo, pero eso supondría que el Gobierno asumiera las consecuencias de su inactividad y eso no va a pasar, como hemos visto en las últimas crisis vividas (apagón, accidente de Adamuz…)
Los ceutíes contaron a la ministra que tienen miedo, sobre todo las mujeres, que ya no se atreven a salir solas a la calle, que han perdido “su libertad”, como le decía una de ellas; que ya no pueden ir a la playa porque algunas de ellas se han convertido en campamentos improvisados con cañas, telas y hojas; que hay bares y comercios cerrados y que hay tan pocos efectivos policiales que es imposible controlar a todos los migrantes que vagan por las calles sin rumbo, sin dinero y sin ninguna perspectiva de futuro.
El Gobierno admite que, al menos 5000 de esas personas se quedarán en nuestro país: la mitad, son menores, que tendrán que repartirse (veremos con qué criterios) entre las comunidades autónomas. El resto, serán solicitantes de asilo, pero, ¿cuánto tardarán en resolverse sus expedientes? ¿dónde permanecerán mientras tanto? ¿qué pasará con los demás migrantes que siguen vagando por las calles de Ceuta? ¿qué piensa hacer el Ejecutivo si Marruecos vuelve a permitir otra acción similar? A día de hoy estas preguntas permanecen sin contestar, y lo único que a los españoles les está quedando claro es que el Gobierno ha dejado a los ceutíes de la mano de Dios. El mismo Gobierno que no ha creado un mando único para el seguimiento de esta crisis, pero sí, para el eclipse (que no digo yo que no hubiera que crearlo también, ojo); el mismo Gobierno que se niega a comparecer en el Senado y que esperará casi un mes a hacerlo en el Congreso mientras el presidente sigue de vacaciones como si nada y nos recomienda listas de canciones y libros para leer este verano.

