Puedes hablar de absentismo laboral, equivocarte, matizar, liarla parda, decir que te dan igual las críticas… Lo que no debes hacer, bajo ningún concepto, es referirte a este tema o a cualquier otro diciendo que es un cáncer. No es acertado y, además, sabes que sienta muy mal tanto a las personas que están enfermas como a aquellas que lo han vivido.
No conviene hacer este tipo de comparaciones. Es una falta de respeto. Hay palabras que condensan tanto dolor que es mejor no emplearlas a la ligera. Y si Alberto Núñez Feijóo no quiere retractarse de su idea, perfecto. Pero tal vez debería pedir disculpas por emplear el término menos indicado.
El líder del PP comentó el domingo en la clausura del Congreso de Nuevas Generaciones que él está aquí para “dar debates valientes”. Seguro que sólo piensa en las medidas que quiere poner en marcha si llega a La Moncloa, pero para eso también hace falta tener sensibilidad.
Lo curioso de todo esto es que el Congreso aprobó hace unos meses una proposición no de ley, presentada por el PSOE, para eliminar las metáforas que se realizan con el cáncer en varios ámbitos que no son precisamente el sanitario. Se reclamaba un lenguaje empático y responsable, evitando su uso como insulto o descalificación. Justo lo que ahora ha sucedido. Esta iniciativa partió de la Asociación Española Contra el Cáncer, que en mayo sacó, además, una guía pionera para que las empresas sepan cómo deben actuar y acompañar a los trabajadores que lo padecen.
Al presentar el protocolo dieron bastantes datos. Expusieron que en España cerca de 290.000 personas eran diagnosticadas cada año y casi un 38% están en edad laboral, lo que supone más de 110.500 personas que afrontan simultáneamente la enfermedad y su vida profesional. Además, existen más de 800.000 supervivientes de cáncer en edad de trabajar. De ellos, el 53% siente que la enfermedad ha frenado su progresión, casi el 50% tiene dificultades para desempeñar su trabajo y el 23,4% se ha visto obligado a abandonar su empleo. Por eso, explican, es tan importante “una respuesta coordinada, humana y adaptada”.
Es importante proporcionar seguridad y tranquilidad a los pacientes que estén inmersos en un proceso. Ya es devastador enfrentarse al miedo y a la incertidumbre para que encima uno tenga que estar pendiente de si llega a fin de mes.
Yo tuve mucha suerte porque mi empresa me respaldó en todo momento y me adaptó el puesto a la vuelta. Fueron todo facilidades y se agradece. Es lo que se espera de jefes y compañeros. A estos les puede molestar tener que asumir también tus responsabilidades en un momento dado, pero estamos hablando de la salud y eso es sagrado. Después de haber sufrido la esclavitud en otros entornos, celebré dar con una redacción en la que priorizaban el bienestar de las personas a los resultados económicos.
De todas formas, no sé cómo hemos terminado debatiendo sobre las ausencias cuando siempre veo a mi alrededor a todos los que se quedan, a los que se esfuerzan, a los que echan una mano al resto y a los que suman sin cesar horas extra.
La polémica generada por Feijóo sigue viva, pero otra ha venido a reemplazarla. La que ha provocado Mariano Rajoy con un artículo sobre fútbol en el que dice que no hay franceses en la selección de Francia. Han salido en tromba a tacharle de racista.
En el PP tratan de sofocar incendios. Pero hay quien no comprende cómo el principal partido de la oposición se mete en tantos charcos cuando lo tiene más fácil que nunca para machacar al Gobierno. Antes de abrir frentes, mejor dedicarse a los que hay.

