Opinión

Resistir

Pedro Sánchez toma asiento a su llegada al Congreso de los Diputados para asistir a la sesión de control al Gobierno, este miércoles.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
EFE/J.J.Guillén
María Dabán
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Pedro Sánchez ha marcado ya la pauta del Gobierno y del partido de aquí a lo que resta de legislatura y todo pasa por resistir. Resistir, pase lo que pase y digan lo que digan los tribunales. El presidente de Castilla la Mancha, Emiliano García-Page, ya ha advertido que esta no puede ser la única forma de gobernar, pero lamentablemente no hay otra. Sánchez no tiene presupuestos y no tiene una mayoría parlamentaria que le permita sacar adelante muchos más proyectos de aquí al año que viene, pero continúa teniendo en su poder lo más importante: los resortes del poder, que siempre servirán para intentar frenar las causas de corrupción que le rodean.

El Mundo ha apuntado que son ya 126 los imputados relacionados con causas abiertas al PSOE o al Gobierno. La UCO y la UDEF calculan, además, que estas irregularidades podrían habernos costado al menos 760 millones de euros. Resulta, pues, difícil, pensar que la corrupción se pueda encapsular, como dice el jefe del Ejecutivo, a unas cuantas personas que han decepcionado a los socialistas.

En la actual historia democrática de este país estas cifras escandalosas habrían hecho caer no a uno, sino a todos los gobiernos de distinto signo que se han sucedido en España, pero ahora no, ahora todo es distinto porque hay unos socios que no piensan abandonar al Gobierno. Harán todo el teatro del mundo, pedirán que se den explicaciones y que se asuman responsabilidades, pero hasta ahí llegarán porque, en el fondo, no les preocupa tanto la democracia, como que PP y Vox no lleguen al poder.

La semana pasada el juez Santiago Pedraz imputó a la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González y al Director Adjunto Operativo de ese Cuerpo, Manuel Llamas en el llamado “caso Cloacas”. La Fiscalía sospecha que ambos elaboraron una lista negra con todos los mandos que estaban investigando a Sánchez y a su entorno. En algún momento de la vida, por lo visto, pensaron que el “amor” y “lealtad” que reza el himno de dicho Cuerpo pasaban solo por amar y ser leal al líder máximo del PSOE, que no dudó un minuto en reiterar junto al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, su confianza en Mercedes González. Y es que, a estas alturas, todos forman parte del mismo club, y cualquier destitución supone admitir una culpa que nadie está dispuesto a asumir. ¿Se acuerdan de cuando Sánchez destituyó a Maxim Huerta porque había tenido un desacuerdo con Hacienda ya solventado? Qué lejos queda aquel partido que llegó al Gobierno con el argumento de la limpieza democrática.

La portavoz socialista, Montse Mínguez, fue incluso más lejos, y aseguró, sin tapujos, que el juez había imputado a González “por tomar dos cafés” con Leire Díez. A veces pienso el ridículo que hacen algunos dirigentes al intentar tomar el pelo a los ciudadanos. A mí me costaría interpretar ese papelón, la verdad.

Sánchez quiere ser como Máximo Décimo Meridio, el gladiador de la película del mismo nombre que, mientras es atacado en la arena del Coliseo junto a sus compañeros, intenta poner orden gritándoles “¡aguantad!”. El problema es que su causa no es tan justa como la del defenestrado comandante de los ejércitos del Norte, y a lo único que lleva su tenaz resistencia es a la indignidad de su partido. Unos, no lo quieren ver; otros lo ven, pero callan, aunque todos coinciden, según García Page, en que el batacazo electoral será enorme, y en que sangran a borbotones. Y, mientras tanto, su líder, Pedro Sánchez, en lugar de asumir responsabilidades, se dedica a aconsejarnos cuáles son los mejores sitios para ver el eclipse de mediados de agosto.

En este caso, pues, no parece que se vaya a cumplir la máxima de “resistir es vencer”. Yo solo confío en que que quien venza en España, por el bien de todos, sea la Justicia.

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