El universo funciona con una precisión casi insultante. Es una virtud de la astronomía que la política jamás ha conseguido igualar. Los eclipses llegan exactamente cuando anuncian los astrónomos, las estrellas siguen trayectorias previsibles y los planetas no presentan enmiendas de última hora. Qué ironía que Pedro Sánchez haya elegido uno de los lugares donde mejor se estudia ese orden cósmico para contemplar el eclipse total de Sol del próximo 12 de agosto.
El escenario será el Observatorio de Yebes, situado en una discreta meseta de Guadalajara, a poco más de una hora de Madrid. Desde fuera parece un conjunto de edificios blancos rodeados de pinares. Sin embargo, tras esa apariencia austera se esconde uno de los complejos científicos más importantes de Europa en radioastronomía, geodesia y observación espacial. Es uno de esos lugares donde ciencia, tecnología y divulgación se dan la mano. Será, por tanto, el epicentro mundial del seguimiento del fenómeno gracias también a la retransmisión en directo del eclipse con difusión nacional e internacional. Se da por hecha la asistencia de la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, y destacados expertos del Instituto de Astrofísica de Canarias, además de los astronautas españoles Pablo Álvarez y Sara García.
En el Observatorio de Yebes no abundan las grandes cúpulas abiertas a la observación visual, pero existen enormes antenas parabólicas capaces de captar señales de radio emitidas hace millones e incluso miles de millones de años. Su gran emblema es el radiotelescopio de 40 metros de diámetro, una gigantesca estructura metálica que parece salida de una película de ciencia ficción. Es una de las antenas más modernas del continente y participa en las redes internacionales de interferometría de muy larga base (VLBI), una tecnología que conecta radiotelescopios repartidos por todo el planeta para convertirlos, virtualmente, en un único telescopio del tamaño de la Tierra.

Gracias a esa cooperación internacional, desde Yebes se estudian cuásares situados a miles de millones de años luz, regiones donde nacen nuevas estrellas, moléculas presentes en nubes interestelares e incluso pequeños cambios en la rotación terrestre que permiten mejorar la navegación por satélite y los sistemas de posicionamiento global. Es decir, se mide el movimiento del planeta con una precisión de milímetros.
Investigación de vanguardia
El centro, dependiente del Instituto Geográfico Nacional, desarrolla además instrumentación científica de vanguardia utilizada por observatorios de medio mundo. Buena parte de la tecnología que termina instalada en telescopios internacionales nace en estos laboratorios.
No es un observatorio pensado para turistas. Allí trabajan ingenieros, físicos, matemáticos y especialistas en telecomunicaciones que convierten señales casi imperceptibles en conocimiento científico. Por esa capacidad tecnológica, Yebes será uno de los principales centros desde los que se coordinará la observación institucional del eclipse. La infraestructura, las comunicaciones y la experiencia acumulada durante décadas convierten el enclave en un escenario prácticamente perfecto.

Mientras el Ejecutivo encara uno de los periodos más delicados de la legislatura, con múltiples frentes abiertos, Sánchez aparecerá durante unas horas contemplando un fenómeno celeste desde uno de los enclaves científicos más avanzados del país. No parece que exista detrás una afición personal especialmente conocida por la astronomía. A diferencia de otros dirigentes internacionales que han mostrado públicamente su interés por el espacio, Sánchez nunca ha prestado demasiada atención. Sus referencias al universo han estado ligadas casi siempre al impulso institucional del sector aeroespacial español, la Agencia Espacial Europea o la política científica.
La elección, por tanto, responde más a un gesto institucional que a una pasión privada. Y, desde ese punto de vista, resulta difícil encontrar un escenario mejor. El Observatorio de Yebes representa aquello que cualquier Gobierno desea proyectar cuando recibe la atención internacional: excelencia científica, innovación tecnológica, cooperación internacional y una investigación que trasciende las disputas cotidianas. Los investigadores que trabajan en Yebes observan galaxias cuya luz comenzó a viajar hacia la Tierra cuando ni siquiera existía la humanidad. Sus proyectos duran décadas y sus resultados requieren años de trabajo. Todo invita a relativizar las urgencias del día.
Durante unos minutos el Sol desaparecerá parcialmente tras la Luna. El cielo se oscurecerá, la temperatura descenderá ligeramente y millones de personas levantarán la vista casi al mismo tiempo. En Yebes el trabajo continuará una vez que el eclipse termine, las cámaras abandonen el recinto y las vacaciones en La Mareta del presidente vuelvan a ocupar el primer plano.

