Karima Benyaich (Tetuán, 1961) sigue sin ser convocada por el Ministerio de Asuntos Exteriores para dar explicaciones. La embajadora de Marruecos en España mantiene un perfil bajo desde el pasado 30 de julio, cuando ejerció de anfitriona en la tradicional recepción por el 27º aniversario de la entronización de Mohamed VI, celebrada mientras Ceuta afrontaba la entrada masiva de migrantes procedentes de Marruecos. Más de un mes después, y pese al informe policial que apunta a la presencia de agentes marroquíes uniformados durante el cruce de la frontera, José Manuel Albares no ha citado a la representante de Rabat. Un silencio que contrasta con la rapidez con la que Exteriores ha convocado a otros embajadores ante recientes crisis diplomáticas.
Benyaich no es una embajadora cualquiera para Rabat. Primera mujer en asumir el cargo de embajadora de Marruecos en España y sucesora de su propio hermano, su relación con Mohamed VI va más allá de la que cabría pensar por su cargo, el suyo es un vínculo personal desde la niñez. Benyaich fue educada, al igual que su hermano, en Palacio bajo la protección de Hasán II.
Fue una tragedia familiar, la muerte de su padre, Fadel Benyaich, médico personal del anterior monarca, quien falleció en 1971 durante el intento de golpe de Estado de Sjirat, la que llevó a Hasán II a asumir el cuidado de su familia. Karima se educó en el Colegio Real, junto a los hijos del rey, coincidiendo en edad con Mohammed VI -apenas se llevan dos años-. De madre granadina, no solo habla un perfecto castellano -además de francés, árabe, inglés y portugués-, sino que mantiene una doble nacionalidad: marroquí y española.

Forjada en la carrera diplomática
Benyaich ingresó en el Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí en 1987, después de completar su formación en Canadá, donde se licenció en Derecho y obtuvo un máster en Ciencias Económicas por la Universidad de Montreal. Desde entonces, buena parte de su trayectoria ha estado ligada a las relaciones de Marruecos con Europa y, de manera particular, con la Península Ibérica. Participó en el Comité Averroes, creado para reforzar los vínculos entre España y Marruecos, y ejerció también responsabilidades vinculadas al diálogo euromediterráneo. Antes de dar el salto a una embajada, trabajó además como asesora diplomática en las candidaturas marroquíes para organizar los Mundiales de fútbol de 2006 y 2010.
Su primer gran destino como embajadora llegó precisamente al otro lado de la frontera española. En 2008, Mohamed VI la nombró representante de Marruecos en Portugal, donde permaneció durante una década y consolidó un perfil diplomático estrechamente vinculado al espacio ibérico. En 2018, el monarca volvió a confiar en ella para una de las plazas estratégicas de la diplomacia marroquí: Madrid. Benyaich sustituyó entonces a su propio hermano, Fadel Benyaich, al frente de la Embajada. Un destino especialmente sensible por el peso de los intercambios comerciales, la cooperación migratoria y de seguridad y, sobre todo, por la cuestión del Sáhara Occidental, que acabaría poniendo a prueba su capacidad diplomática apenas tres años después.
Crisis en 2021
La confianza depositada en Benyaich se puso a prueba en 2021, durante la crisis diplomática más grave entre España y Marruecos desde julio de 2002 (la crisis por la ocupación de Perejil). En mayo de 2021, la entrada de miles de migrantes -más de 6.000- desde Marruecos a Ceuta llevó al Gobierno español a convocar a Benyaich para trasladarle su “disgusto” y “rechazo” por lo sucedido en la frontera. Horas después, Rabat llamó a consultas a su embajadora, que abandonó Madrid rumbo a Marruecos al día siguiente.
El origen de la crisis, sin embargo, venía fraguándose semanas atrás, con la entrada en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para ser tratado de la Covid-19 en un hospital de Logroño. Rabat consideró que Madrid había actuado a sus espaldas y la embajadora asumió en primera persona la defensa de la posición marroquí. Antes de reunirse con la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya, lanzó una advertencia que resumía la contundencia con la que afrontaría el conflicto: “Hay actos que tienen consecuencias y se tienen que asumir”.
El mensaje desde el Gobierno marroquí fue inequívoco: Benyaich no regresaría a Madrid “mientras dure la crisis y la verdadera causa de la crisis”. Su ausencia acabaría prolongándose durante casi un año. Finalmente, la embajadora regresó a España el 20 de marzo de 2022, después de que el Gobierno de Pedro Sánchez considerara el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental como la base “más seria, creíble y realista” para resolver el conflicto.
Frágil recomposición de las relaciones
Superada aquella crisis, el papel de Benyaich ha cambiado de registro y se ha convertido en una de las caras visibles de la relación entre ambos gobiernos. Su agenda refleja encuentros institucionales, en febrero de 2024, se reunión con Francina Armengol en el Congreso de los Diputados-; empresariales, en abril de 2025 se celebró una conferencia de promoción de inversiones marroquíes con participación de CEOE; y culturales. Su último acto público junto al ministro de Exteriores, José Manuel Albares, fue el pasado 15 de abril, durante la celebración del 20º aniversario de Casa Árabe. Allí, el propio Albares destacó la presencia de Benyaich y definió la cooperación entre España y Marruecos como “única en el mundo”.

Tres meses después, los acontecimientos han vuelto a situar a Benyaich en una situación incómodamente familiar. En la recepción del 30 de julio, que coincidió con la entrada masiva de migrantes en Ceuta, Luis Planas, titular de Agricultura, buen conocedor de Marruecos por su etapa como embajador durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y habitual a esta recepción, ejerció como representante del Gobierno. Estaba prevista también la asistencia del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la titular de Migraciones, Elma Saiz, pero finalmente no acudieron por la crisis en Ceuta.
Albares evita convocarla
Es la última imagen institucional entre ambos países, mientras crece la presión para que España convoque a Karima Benyaich. Una decisión que cobra especial relevancia tras el informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF), que involucra directamente a Marruecos en la invasión a Ceuta, tal y como ha informado Artículo14. Este documento contradice la versión oficial del Gobierno de España, que en todo momento ha eximido de responsabilidad a Marruecos por el asalto y ha señalado a las mafias.
De hecho, Albares siguió ayer el guion marcado por Moncloa y continúa sin convocar a Benayich ni llamar a consultas al embajador español. La respuesta contrasta con la adoptada por el Ministerio ante otros episodios recientes. Paradójicamente, Albares citó el 30 de julio al embajador italiano tras la propuesta para cerrar el espacio Schengen con España, una medida que el país transalpino ha prorrogado hasta el 15 de septiembre.
El Gobierno tampoco dudó en destituir a la embajadora de España en Israel, Ana Salomón, el pasado marzo, tras su llamada a consultas en septiembre. Una medida que dejó a ambos países sin representación, ya que Israel hizo lo propio con España. El Ejecutivo actuó también en mayo de 2024, cuando llamó a consultas a su embajadora en Argentina tras las declaraciones del presidente argentino, Javier Milei, sobre la esposa de Pedro Sánchez. Las relaciones diplomáticas estuvieron rotas hasta octubre, cuando se nombró un nuevo embajador en Buenos Aires.
Cinco años después, Benyaich vuelve a estar en el centro de la tensión entre Madrid y Rabat.

