Una plantilla reducida de personal civil y militar de élite con turnos de 12 horas atenderá en el Hospital Gómez Ulla de Madrid a los 14 españoles que viajan en el crucero del brote de hantavirus. Así se les ha comunicado a los trabajadores a última hora de la mañana de este viernes tras días de desconcierto e incertidumbre en los que no se les ha informado.
Se ha establecido que los pacientes estarán aislados en una planta normal y que en el caso de que muestren síntomas, entonces se les trasladará a la 22 con todos los protocolos de aislamiento y vigilancia extremos, con personal de seguridad en la puerta, y un circuito cerrado sin contacto con otros pacientes.
La cuarentena será de 42 días, aunque no se descarta que si no tienen síntomas y las pruebas PCR dan negativo, pudiera acortarse con la supervisión de los Ministerios de Sanidad y Función Pública.
José García, delegado de CSIF en el Hospital Gómez Ulla, ha trasladado que el Comité de Seguridad del Hospital ha destacado que los pacientes están sanos y que no necesitarán una vigilancia exclusiva. Con todo, el centro se ha comprometido a reforzar la plantilla con entre 60 y 90 trabajadores.
No se sabe cuándo llegarán los viajeros, pero se les han asegurado que está todo preparado para cualquier momento y contingencia y con protocolos para la plantilla, ha subrayado García.
Este periódico ha informado este viernes del “desconcierto” e “incertidumbre” que había en el Hospital Gómez Ulla de Madrid. “No se ha informado a la plantilla”, trasladaban desde CSIF, CCOO y Satse. Los trabajadores contaban con que al menos iban a recibir directrices este jueves pero no fue así y esperan que este viernes se les informara en reuniones de Recursos Humanos y de Seguridad en el Trabajo, lo que al final ha sucedido.
Unidad de élite creada tras las crisis del ébola
Esta unidad de aislamiento del Gómez Ulla acogió el 31 de enero de 2020 a 21 españoles repatriados de Wuhan, el epicentro del Covid en China, y en 2025 a un afectado por fiebre hemorrágica Crimea-Congo. Se creó dentro de este hospital del Ministerio de Defensa en 2015 en respuesta a la crisis que se produjo cuando la enfermera Teresa Romero se contagió de ébola en el Hospital Carlos III de Madrid tratando al religioso español Manuel García Viejo, que había sido repatriado desde Liberia, y que falleció, como lo había hecho poco antes el misionero Manuel Pajares. Romero estuvo muy grave pero sobrevivió.
Está compuesta por ocho habitaciones de aislamiento, un laboratorio de nivel III de Bioseguridad y un centro de control de contaminación Nuclear, Radiológica, Bacteriológica y Química (NRBQ), zona de cuidados críticos y quirófano. La planta cuenta con una zona de desinfección y las habitaciones tienen esclusas para desechar materiales.
“La gravedad de la situación es extrema, ya que se ha confirmado que la variante del hantavirus detectada en el buque es contagiosa entre seres humanos. El balance actual es muy preocupante, pues ya han fallecido tres personas y se contabilizan ocho contagiados por el momento, entre los que se encuentra el propio médico de la embarcación, lo que eleva el riesgo biológico a un nivel crítico”, ha denunciado la asociación profesional Justicia Guardia Civil (Jucil) sobre un virus con una mortalidad del 50%, aunque su transmisión parece menor que la del coronavirus. Unos datos que hay que manejar con cautela, ha alertado el epidemiólogo Daniel López Acuña en TVE, porque se desconocen muchos elementos de la afección.
Operativo sin seguridad garantizada
“Según la información recibida, se ha solicitado la activación de patrullas para este sábado o domingo con el fin de trasladar a los enfermos desde el puerto de Granadilla de Abona hasta el Hospital de la Candelaria. Jucil advierte de que “los agentes destinados en Tenerife se enfrentan a una intervención de alto riesgo biológico sin conocer los protocolos específicos para garantizar su salud”.
Este viernes, la asociación ha denunciado que “se utiliza la naturaleza militar del Cuerpo para imponer una exposición temeraria sin las garantías ni la retribución de otros cuerpos policiales”. Requiere con urgencia al Ministerio del Interior y a la Dirección General de la Guardia Civil para que “se informe con exactitud, de forma inmediata y detallada, sobre el material de protección disponible para el operativo en el puerto de Granadilla de Abona”. La organización exige “garantías de que todos los agentes que intervendrán en el traslado y custodia de los afectados cuentan con el equipo técnico necesario y certificado para enfrentar una amenaza biológica de esta magnitud”.
Una “improvisación sistémica”
Desde la asociación se ha subrayado que esta falta de previsión es una “constante inaceptable. En esta ocasión es el hantavirus, pero antes fueron el ébola o el coronavirus, y mañana será cualquier otra patología que llegue de cualquier lugar. Resulta inadmisible que los agentes de la Benemérita no tengan protocolizado cómo actuar ante estos escenarios de riesgo biológico”. Jucil exige que se realice una “evaluación de riesgo inmediata y que se facilite el equipo necesario, incluyendo mascarillas FFP2 o FFP3, guantes de nitrilo y protección ocular”.
En el escrito presentado por el secretario general, Ángel Lezcano, se solicita que se informe sobre las medidas de coordinación con las autoridades sanitarias y se establezca un plan de vigilancia de la salud para los agentes expuestos y sus familias.
Asimismo, la asociación reclama que, mientras no se disponga de un protocolo específico y de los EPI que garanticen la seguridad, se descarte la implicación del personal en cualquier tarea que implique riesgo de contagio.
