Comparativa

El extraño joyero de Zapatero: el inventario nos lleva de Buckingham a Lola Flores

El catálogo de alta joyería intervenido en el despacho del expresidente no parece propio de un político, sino de una mujer acostumbrada a las grandes recepciones oficiales, las cenas de gala y los retratos de sociedad

Zapatero y su mujer Sonsoles Espinosa
Zapatero y su mujer Sonsoles Espinosa
Efe

Igual que un historiador del arte puede identificar un cuadro por la forma de pintar una mano o un musicólogo reconoce a un compositor después de escuchar unos compases, los grandes gemólogos dicen que con un joyero ocurre algo parecido. Las joyas también tienen firma, incluso cuando nadie las ha grabado sobre el metal. Por eso resulta tan sugerente leer el inventario elaborado por Ansorena sobre las joyas intervenidas en la investigación abierta al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Si ocultamos el nombre del propietario y únicamente nos fijamos en las fotografías y las fichas gemológicas, el ejercicio puede convertirse en un fascinante juego de imaginación.

El gran collar de zafiros podría confundirse con una pieza salida del joyero de Isabel II. Las enormes esmeraldas recordarían a Carmen Thyssen; los rubíes, a la emperatriz Farah Diba; las perlas, a la Reina Sofía; las cruces y el oro amarillo, a Lola Flores. Y, sin embargo, ninguna de ellas aparece en la portada del expediente. Más allá del valor económico –1.323.915 euros, según la tasación de reposición realizada por Ansorena-, lo verdaderamente singular del inventario es que parece reunir, dentro de un mismo joyero, cinco tradiciones distintas de la historia de la joyería.

Las joyas halladas en la caja fuerte de Zapatero
Las joyas halladas en la caja fuerte de Zapatero
Kiloycuarto.

Hay piezas que hablan el lenguaje de las cortes europeas, otras recuerdan a las grandes coleccionistas de arte, algunas remiten a la joyería popular española y otras evocan el gusto latinoamericano por las piedras de gran color. Como si varios joyeros hubieran acabado mezclados dentro de la misma caja fuerte que el expresidente guardaba en su despacho de la calle Ferraz.

Zafiros propios de una reina

La primera impresión la provoca el collar más importante del inventario. Oro blanco de 18 quilates. Trece zafiros talla pera de origen tailandés que suman aproximadamente treinta y dos quilates. Cerca de cuarenta quilates adicionales de diamantes formando un dibujo vegetal. Una valoración cercana a los 220.000 euros. No hace falta conocer su procedencia para que nuestra imaginación viaje inmediatamente hasta Buckingham.

En 1947, el rey Jorge VI regaló a la entonces princesa Isabel un conjunto de zafiros y diamantes que terminaría convirtiéndose en una de las grandes colecciones reales del siglo XX. Con el tiempo, Isabel II fue ampliándolo hasta formar una auténtica parure: collar, pendientes, pulsera y diadema. Aquellas piezas definieron durante décadas la imagen de una reina que entendía las joyas como parte del lenguaje institucional.

Muerte de Isabel II - Internacional
La Reina Isabel II sale del Palacio de Buckingham para el discurso en la Apertura del Parlamento en Londres en mayo de 2016
EFE/EPA/ANDY RAIN

La semejanza no reside en el diseño exacto, sino en la concepción de la joya. Grandes zafiros, diamantes de acompañamiento, montura en oro blanco y una estructura pensada para dominar visualmente un escote de gala. Después llegaría Diana de Gales. Su anillo de compromiso transformó el zafiro en una piedra contemporánea y hoy, en el dedo de Kate Middleton, continúa formando parte de la historia de la familia real británica.

El príncipe Guillermo y Kate Middleton, el día de su boda

Las esmeraldas de las grandes coleccionistas

En el informe aparece un segundo collar presidido por dos enormes esmeraldas naturales de Zambia rodeadas por treinta quilates de diamantes. A él se suman una pulsera con tres esmeraldas, una sortija de trece quilates y unos pendientes articulados que forman un conjunto magnífico. Aquí nuestro juego de imaginación nos conduce a Tita Cervera. Existen fotografías en las que la baronesa Thyssen aparece luciendo espectaculares pendientes de piedras verdes, grandes collares o broches históricos que forman parte de su identidad tanto como sus museos.

También Wallis Simpson, duquesa de Windsor, reunió una de las colecciones de Cartier más admiradas del siglo XX e hizo de las esmeraldas un auténtico emblema personal. Su famoso brazalete de cruces o el collar articulado de esmeraldas marcaron el canon de la alta joyería. Aunque no son las mismas piezas, la esmeralda es la protagonista absoluta.

Rubíes para una emperatriz

Los rubíes son el lenguaje del poder. El conjunto formado por collar, pendientes, pulsera y sortija de rubíes hallado en la calle Ferraz recuerda a las joyas creadas para la coronación de la emperatriz Farah Diba en 1967. Van Cleef & Arpels diseñó algunas de las piezas más espectaculares del siglo XX utilizando rubíes de gran tamaño rodeados por diamantes. Aquellas joyas representaban la autoridad imperial.

Farah Diba, última emperatriz de la antigua Persia. Shahbanou Farah Pahlavi Foundation
Shahbanou Farah Foundation

De hecho, las monarquías reservan el rubí para las grandes ceremonias. Desde Isabel II hasta Margarita II de Dinamarca, los rubíes aparecen siempre en los actos solemnes.

El joyero de las reinas españolas

Si nos fijamos en las perlas australianas, las perlas japonesas y los collares clásicos, nos viene a la mente la imagen de la Reina Sofía. Frente al brillo de los diamantes o el color intenso de las esmeraldas, las perlas proyectan serenidad, experiencia y discreción. El inventario de Zapatero combina estas piezas con collares de perlas de imitación, casi como un guiño involuntario a Coco Chanel, la mujer que revolucionó la moda demostrando que la elegancia no siempre dependía del valor de las gemas.

Lola Flores entra en escena

Entre tanta alta joyería aparecen cruces, medallas religiosas, manos de Fátima, joyas infantiles grabadas con el nombre de “Alba”, pequeños alfileres de bebé, cadenas de oro y brazaletes de fuerte personalidad popular. Es imposible no pensar en Lola Flores.

Lola Flores
Fotografía de Lola Flores expuesta en el museo que le rinde homenaje en Jerez de la Frontera.

La Faraona mezclaba brillantes con joyería popular andaluza, cruces religiosas, medallas y grandes piezas de oro amarillo. Para ella la joyería era más una cuestión de emoción. También la duquesa de Alba compartía esa forma de entender el joyero. En el suyo había espacio tanto para piezas históricas de valor incalculable como para recuerdos familiares, joyas heredadas y pequeños objetos sentimentales.

Cayetana de Alba, en su tercera boda, con Alfonso Díez. Fotografía: EFE

Ninguna de ellas es la propietaria del joyero de Ferraz. El nombre que figura en el expediente pertenece a un expresidente del Gobierno.

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