Existen precedentes en la historia de cómo el fútbol puede ser más que un deporte: un arma diplomática. En La Tregua de Navidad de 1914, durante la Primera Guerra Mundial, soldados británicos y alemanes en las trincheras del frente occidental improvisaron un alto el fuego espontáneo en Nochebuena, y en varios puntos del frente se jugaron partidos informales de fútbol entre enemigos. No fue diplomacia oficial, pero sí el símbolo más citado del deporte como puente humano en medio del conflicto. En 1998, Irán y Estados Unidos llevaban nueve años de ruptura de relaciones diplomáticas. Jugaron bajo enorme tensión política, pero los jugadores iraníes entregaron flores a los estadounidenses y posaron juntos antes del partido, algo excepcional dado el contexto.
Este 19 de julio de 2026 podrá entrar en juego no sólo el balón, también una diplomacia de palco, en la que el mandatario republicano anfitrión, Donald Trump; el Rey de España, Felipe VI, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hagan diplomacia de palco.

En un inicio, fue la Corona la institución que dio el primer paso en confirmar su asistencia. Desde el principio, el apoyo del Monarca al deporte español ha sido constante. El Jefe del Estado participó en el vídeo de la lista de la Selección Española de fútbol, junto a ciudadanos españoles, en un claro gesto de la importancia que la Corona le da a las victorias que podemos aunar como país unido.
El Jefe del Estado viajó a Guadalajara (México) para apoyar a la selección en su primer partido contra Uruguay. Previamente, el Monarca se reunió con la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, con el partido como telón de fondo, y la foto en el Palacio Nacional se entendió como el fin, o al menos la tregua, de años de hostilidad diplomática de México hacia España por la Conquista.

Allí, el Rey prometió a la selección que les volvería a ver en la final, y su apuesta se cumplió. Así, el Don Felipe, Doña Letizia, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía animarán presencialmente a la selección. El Monarca no mantendrá una reunión previa paralela con el presidente americano, a diferencia de con Sheinbaum, ya que, como informara Zarzuela a este medio, Trump no lo ha solicitado. Y nada parece indicar que el Ejecutivo haya movido ficha para intentarlo.
Sánchez cambia de opinión
En un primer momento, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no tenía intención de asistir, dado que no ha acudido a ninguno de los partidos y un viaje a Argelia estaba programado en su agenda. La importancia del acontecimiento ha hecho que el presidente haya decidido adaptar sus compromisos oficiales.

Entre el fútbol y el golf se mueve la diplomacia
Desde que el presidente Trump llegara al poder, en Enero de 2025, el riego continuo de descalificaciones públicas del mandatario republicano hacia el Jefe del Ejecutivo, basadas en el aireo de Sánchez de no cumplir con las exigencias de la administración estadounidense respecto a la inversión en Defensa, ha sido la baza de ambos Gobiernos para exhibir músculo de cara a su electorado.

Sin embargo, el presidente ha dado un golpe de timón, y en la última Cumbre escenificó una actitud muy distinta. En Ankara hubo un Foro de Industria de Defensa, donde se anunciaron acuerdos comerciales por 43.000 millones de euros entre empresas de ambos lados del Atlántico (producción de material, inteligencia satélite, interceptores, munición), y Sánchez afirmó que España cumple con la OTAN. El discurso de Trump varió: de calificar a España como un socio “terrible”, a tacharlo de “generoso”.
“Hay un techo del 2%, pero es que hemos duplicado la inversión prácticamente en 6 años”, afirma un directivo de una compañía de Defensa americana. “Otra cosa es que se le pueda exigir más, pero ha cumplido”. En su objetivo de presentar a España como un socio fiable para la OTAN que cumple, la imagen de un David combativo erigido contra Goliat no encaja, por lo que en una comparecencia ante la prensa el presidente del Ejecutivo habló en un tono relajado, y afirmó haber mantenido una conversación “informal” con el presidente estadounidense. “Hemos hablado de fútbol, del Mundial en EE UU, y por tanto ha sido una charla informal, coloquial, en la que en absoluto ha habido ninguno tipo de tirantez, al contrario”, aseguró. “Al contrario, ha sido buenas palabras y amabilidad”. Y fue más allá, ya que no sólo en lo cultural, social o económico, sino que también en lo político, tildó las relaciones de “muy positivas”.

Un saludo muy mediático
Aún se desconoce públicamente cómo se van a sentar el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, la Familia Real, Donald Trump y el presidente del Gobierno. Por el contrario, el mandatario argentino, Javier Milei, ya ha confirmado que verá el partido desde la Casa Rosada.
Además de ser una herramienta conciliadora, el fútbol puede provocar el efecto contrario. En 1969, los disturbios provocados durante un partido entre El Salvador y Honduras hicieron que la clasificación entre El Salvador y Honduras fueran el detonante de un conflicto armado entre ambos países. Dado que Donald Trump será quien entregue el trofeo, en caso de que gane España la imagen será irrepetible: la del líder republicano otorgando la victoria al país que ha estado en el objeto de mira de sus críticas desde que llegara al poder.

