La toma de posesión de la recién electa presidenta de Perú, Keiko Fujimori, este martes, ha contado con el respaldo presencial de las instituciones españolas. Con un matiz: el nivel escogido por el Ejecutivo español. Han sido Felipe VI, y la secretaria de Estado de Cooperación, Eva Granados, los encargados de representar a España.
El líder de la Oposición, Alberto Núñez Feijóo, también ha asistido al acto en Lima. “La derecha cubre el hueco diplomático que deja el Gobierno en Iberoamérica”, afirman fuentes diplomáticas.
El Gobierno escora su apoyo a la izquierda e Iberoamérica vira a la derecha
El Ejecutivo de Sánchez ha definido una marcada línea de apoyo a los países iberoamericanos de izquierdas, lo que alerta a fuentes diplomáticas del éxito en cuanto a las asistencias de los países a la futura Cumbre Iberoamericana de noviembre, y ponen de relieve la importancia del papel neutral de la Monarquía. “La Corona es el baluarte para afianzar la asistencia a la Cumbre Iberoamericana”, afirman.

Este año, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, inició una gira en el mes de abril por Puerto Rico, República Dominicana y México. En el mismo mes, el presidente Sánchez celebró la Global Progressive Mobilisation a la que asistieron el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; el de Colombia, Gustavo Petro; y el de Uruguay, Yamandú Orsi. A ellos se sumaron, en la Cumbre por la Democracia, otros líderes alineados en el mismo espectro ideológico, como la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; el mandatario de Guatemala, Bernardo Arévalo; y el de República Dominicana, Luis Abinader.
Fuentes diplomáticas advirtieron por entonces a este medio del “peligro” que podría suponer para la próxima Cumbre Iberoamericana, que se celebrará en Madrid en el mes de noviembre, de cara a asegurarse asistencias tras la debacle de los últimos años.
Ni el presidente de Argentina, Javier Milei; ni el de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira; ni el de Costa Rica, Rodrigo Chaves; ni el de Honduras, Nasry Asfura, ni el de Panamá, José Raúl Mulino; ni el de Salvador, Nayib Bukele; ni el de Ecuador, Daniel Noboa; ni el de Paraguay, Santiago Peña; ni el de Chile, José Antonio Kast, asistieron. Que son, precisamente, los que formaron parte del Escudo de las Américas. Una iniciativa impulsada por Trump para avanzar hacia la cooperación en el ámbito militar y de combate al narcotráfico.

Iberoamérica se tiñe de azul
La apuesta política del Ejecutivo condiciona el éxito de la Cumbre en cuanto a que el mapa en Iberoamérica cada vez se tiñe más de azul. En los últimos meses se han producido varios vuelcos hacia la derecha (Chile con Kast, Colombia con De la Espriella, Perú con Fujimori, Bolivia con Paz), que definen así el mapa: 19 países serían de izquierdas, si se cuenta tanto con grandes países como con los microestados del Caribe.
Así, 16 democracias México, Guatemala, Brasil, Uruguay, Guyana, Surinam, y varias islas del Caribe (Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Dominica, Granada, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, Trinidad y Tobago), y 3 dictaduras/regímenes autoritarios: Cuba, Nicaragua, y Venezuela. Por otro lado, 10 países son actualmente de derechas: Costa Rica, El Salvador, Honduras, Panamá, República Dominicana, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú.
La pérdida de relevancia de las Cumbres Iberoamericanas
En los últimos años, las Cumbres Iberoamericanas han ido perdiendo relevancia. La más reciente se celebró en 2024 en Cuenca (Ecuador) y contó con una asistencia muy limitada: solo participaron cuatro de los 22 países convocados —el anfitrión, España, Portugal y Andorra—. “Ante estas dificultades de convocatoria, no parece oportuno añadir más factores de división”, señalan fuentes diplomáticas.

El vínculo que la Corona mantiene con Iberoamérica no es reciente, sino que se remonta décadas atrás. El Rey Juan Carlos desempeñó un papel clave en la puesta en marcha y el afianzamiento de las Cumbres Iberoamericanas a partir de 1991, ejerciendo de nexo diplomático entre España y el continente latinoamericano. El padre de Felipe VI impulsó de manera decisiva la Comunidad Iberoamericana de Naciones en 1976 y fue el único jefe de Estado presente en todas las Cumbres celebradas desde la primera, en Guadalajara (1991), hasta 2012, lo que lo convirtió en un símbolo de continuidad institucional.
A lo largo de esos años cultivó relaciones estrechas con dirigentes de muy distinto signo político. Don Felipe ha tomado el bastón de su padre en cuanto al fomento de las relaciones con Iberoamérica, y así lo reafirma en sus discursos institucionales. El 22 de junio de 2026, en la entrega de los Premios Don Quijote de Periodismo en Casa América, Felipe VI afirmó que los desafíos de Iberoamérica requerirán más cooperación y cercanía, y se refirió a la próxima Cumbre como una oportunidad para renovar y reforzar la ambición colectiva de la región.

